Germán Arens




En Facebook  
una chica que no conozco  
dice que en el mar hace frío.  
También que el mes de enero debería durar seis meses  
   
Carina, me cuenta que murió el hijo del rector, 
que estaba por ir a velarlo y una tormenta  
fue la excusa perfecta para no salir. 

Arturo, notifica la detención de una dirigente social.  
Agrega que no debe ser ninguna santa,  
pero que los ciudadanos, ante la situación actual,  
deberíamos  saber dividir los tantos  
y no permitir que un árbol nos tape el bosque. 

Un amigo no puede  dormir… 
Su novia no lo tiene en la cabeza. 

Un poeta me ofrece su libro: 
“Cada tribu tiene sus propios rituales para enfrentar el misterio
La nuestra, la de los poetas solitarios, no es una excepción                                                            
Cuando los poemas se guardan en un libro se vuelven definitivos
nuestro rito es compartirlos                                              
No hacerlo puede provocar la furia de las musas y  
condenarnos al eterno silencio”.  




//




Los alacranes no están vivos. 
Pertenecen al estampado de mi calzoncillo. 




//





El problema no es hablar con los perros 
sino contar lo que te dijeron. 




//





En cuanto a forma,  
color, dimensión y perspectiva  
pudo haber sido una alteración visual. 
Aunque estoy casi seguro  
que ese resplandor del que hablo  
estaba vivo. 




//





El mar estaba empecinado en tragarnos. Volví a pedirle a mi hermano que pise el acelerador. No hagas caso, me dijo, no hay mar, es solo una cristalización de tu mente; el día está hermoso. Sin insistir, en un acto reflejo, abrí la puerta de la camioneta. Al dar contra el suelo sentí dolor, no puedo expresarlo de otra manera: dolor. Mi codo derecho se desarticuló por completo y salvo movimientos del hombro mi brazo quedó inutilizado. Fue entonces que giré la cabeza, y otra vez el mar, perdiendo su liquidez, levantándose ante mí como una cobra gigante. 




Otros poemas de Germán Arens, aquí

Próximamente en este blog

Gracias, Barnacle, editorial independiente: http://www.barnacle.com.ar/home





¡Oh, qué lugar más bello! / Germán Arens 
ISBN-978-987-4044-07-5

Germán Arens logra reencauzar a sus elementos más atómicos e ínfimos —es decir al individuo y sus vivencias—  un acontecimiento, despertar una sensación indeterminada sobre algo diferente, impreciso e inalcanzable (Los misterios no son más que la ausencia de datos) donde el menor mo-vimiento y la mirada se hunden más allá de las cosas conocidas y amables. Una poética.
El volumen no contiene ningún alegre poema para recitar cada mañana antes del desayuno. Tampoco incurre en ninguna evasiva oportuna. Si la palabra supone la experiencia, los héroes de sus poemas son representantes de una experiencia que ya ha tenido lapso para el fracaso, y que aun así son capaces de suscitar comunicación y producir dicha (si no hubiera sabido que eran flores/ les habría dicho sol.); todavía creen en la vida, con la ingenuidad necesaria como para no considerar la desgracia como tal; se quedan solos, con todo lo que sus mentes son capaces de urdir. Y en esas piezas fundan su pacto y acaso su salvación (no hay en las palabras un nombre que nos distinga). Refieren a otros un sueño o un recuerdo que los complace y avergüenza y que amenaza con aniquilar todo a su paso; y es entonces cuando sus confidencias adquieren morosidad, lejanía: (Eran lentos los días de infancia. Nosotros nunca hablábamos de amor).



Tanto amor plateado / Fernando Ayala 
ISBN-978-987-4044-06-8

¿Es la ausencia la raíz de todas las cosas que importan?  En Fernando Ayala, el paisaje y sus marcas, sus tachaduras, comprenden una expresión personal, una identidad y a la vez, un deseo estético. Nos interrogan acerca de qué clase de literatura es aquella que no está sometida en igual medida a la avidez sensual de las palabras y a la fe en ellas. El propósito de los libros no es de este mundo; al leer Tanto amor plateado logramos evocar cómo partir hacia algún lado o malignar un recuerdo ("Buscamos que el cielo monótono nos diga,/ qué techo es mejor."), algo impreciso e inalcanzable donde el menor movimiento y la mirada se hunden más allá de las cosas conocidas y amables. ("Qué fácil es hablar de amor./ ¿Cuándo fue la última vez que comiste?") o el amparo de un mismo dolor que amenaza con aniquilar todo a su paso ("¿Quién nos dará el tiempo y la distancia,/ Quién se llevará nuestro mal? "). 

Hay veces en la que no dispone más que de una oportunidad para decir algo: ("No alcanza con hacer las cosas bien, si estás solo"); cada poema, como una herida o un afán, crece donde no hay nada certero. El autor nunca pierde de vista aquello que supo escribir un diácono anglicano, matemático e insular: No importa el significado de las palabras, lo que importa es saber quién manda.



Nicolás Guillén



Las águilas





En esta parte están las águilas.
La caudal.
La imperial.
El águila en su nopal.
La bicéfala (fenómeno)
en una jaula personal.
Las condecoratrices
Arrancadas del pecho de los condenados
en los fusilamientos.
La pecuniaria, doble, de oro $20 (veinte dólares).
Las heráldicas.
La prusiana, de negro siempre como una viuda fiel.
La que voló sesenta años sobre el Maine, en La Habana.
La yanqui, traída de Viet Nam.
Las napoleónicas y las romanas.
La celestial,
en cuyo pecho resplandece Altair.
En fin,
El águila
de la leche condensada marca “El Águila.”
(Un ejemplar
realmente original.)





Madrigal





Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Esa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo.
Signo de selva el tuyo,
Con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambese de tus ojos.





Nicolás Guillén (1902, Camagüey / 1989, La Habana, Cuba)
Enlaces: http://www.cervantesvirtual.com/portales/nicolas_guillen/

Imagen: cadenaagramonte.cu

Charles Bukowski



pisando madera





hay 4 ó 5 tipos en el
bar del hipódromo.   

hay un espejo detrás del
bar.

los reflejos no
son  buenos.

de ninguno de los 4 ó 5 tipos
de la  barra.

hay muchas botellas.

pedimos diferentes tragos.

hay un espejo detrás
del  bar.

los reflejos no son
buenos.

"no se requieren sesos para ganar
en los caballos, sólo se requiere dinero
y estómagoʺ.

nuestros reflejos no son
buenos.

las nubes afuera.
el sol afuera.
los caballos calentando afuera. 

permanecemos en el  bar.

ʺhe apostado a las carreras por  40 años
 y sigo sin
 ganarʺ.

ʺpodría apostarle a los caballos por otros
40 años y seguiría sin  ganarʺ.

al barman no le  gustamos,
el timbre de los 5 minutos
suena.

acabamos nuestras bebidas y
nos dirigimos a hacer nuestras
apuestas. 

nuestros reflejos lucen mejor
mientras caminamos:
no se ven nuestros
rostros.

4 ó 5 tipos salen del bar del
hipódromo.

qué mierda. nadie
gana. pregúntale al
César. 




Otros poemas de Charles Bukowski, aquí

Imagen: solobukowski.blogspot.com