Manuel Vázquez Montalbán




Como si fuera esta noche la última vez




Rota solitaria articulada muñeca
de sus alas sus gestos
la gogo girl
reivindica parcelas de aire
en un imprevisible océano
sin rosa de los vientos
sin norte nocturno, ni sur de estío
la inutilidad de todo viaje
conduce a la isla de un pódium
para bailar la danza de una tonta
muerte fingida por no fingir la vida
no no lee hasta entrada la noche
ni en invierno viaja hacia el sur
pero tiene bragas de espuma ambarina
sostenes de juguete un príncipe violeta
la despeña por los acantilados
del goce más pequeño
submarinos ya sus ojos tan nocturnos
la gogo girl
tiene la boca entreabierta por el prohibido
placer de no hablar apenas
sobre la tierna noche
y su manto de flores ateridas reposa
su falsa cabellera de niña emancipada
guitarras nada eléctricas sumergen despedidas
rómpete actriz del deseo de amar la vida
como si fuera
como si fuera esta noche la última vez.




Manuel Vázquez Montalbán (1933, Barcelona, España / 2003, Bangkok, Tailandia)
Fuente:http://lapoesiaalcanza.com.ar/poemas/745-el-poeta-manuel-vazquez-montalban

Imagen: Revista para leer


Sylvia Plath



Gulliver





Sobre tu cuerpo pasan las nubes
altas, altas y heladas,
y también un poco planas, como si
flotasen sobre un cristal invisible.
No como los cisnes,
pues ellas no se reflejan,
ni como tú,
ya que nada las sujeta.
Ellas son todo calma, todo azul. No como tú
tumbado ahí, de espaldas,
mirando el cielo.
Los hombres-araña te apresaron,
enrollando y retorciendo sus insignificantes pero viles
ataduras. Cuánta seda
para sobornarte.
Ah, cómo te odian, cómo
parlotean en el valle de tus dedos esas lombrices.
Les gustaría tenerte durmiendo en sus gabinetes,
con un dedo del pie allí y otro allá. Como una reliquia.
Pero ¡huye!
Aléjate siete leguas, unas distancias semejantes
a las que confluyen en Crivelli (*), tan intangibles.
Haz de este ojo un águila,
y de la sombra de este labio, un abismo.




(1932, Boston, Estados Unidos de NA / 1953. Londres, Gran Bretaña) Traducción: Xoán Abeleira,


(*) Probablemente Carlo Crivelli (c. 1435 - c. 1495), pintor renacentista italiano, célebre, entre otras causas, por su dominio de la perspectiva, aunque también puede tratarse de su hermano Vittorio, menos conocido que él. Hay muchos cuadros suyos en la National Gallery de Londres, y uno, San Jorge y el Dragón, se halla en el Gardner Museum de Boston. To resolve no es exactamente ―confluir sino ―rotar alrededor de un eje, pero creo que Montserrat Abelló, mi colega catalana, acertó plenamente al ver en ese eje el punto de fuga de los cuadros de Crivelli. (N. del T.)


Imagen: vegancinephile.com

León Plascencia Ñol



Rastro de nubes en San Felipe del Agua





Tu nombre aquí invisible…
J. A.



La terraza es un barco a la deriva. Hay epístolas que no entiendo bien.
Quieres respuestas, dices . Demasiadas nubes bajo el cielo de San Felipe
del Agua. Ahora quiero una historia. Por aquel sendero llevo a mi perro
a caminar. ¿Trajiste zapatos para andar por el cerro? Yo busco en tu cuerpo
una manera de decir que un acto de amor está más allá del círculo. Nubes,
casahuates y colibríes de pecho verde eléctrico. Nunca vimos el atardecer.
This plot of ground, dice Williams. Pero hay más, necesitas saberlo, como
ese abrazo mientras la luz cambia intermitente en la terraza. La felicidad
está aquí mientras se alejan los zanates y los petirrojos descansan
de ser piedras inversas. No se busca nada, un abrazo, la distancia
que ven los ojos. Más de cien kilómetros: allá está una idea del mar,
quizá lo podríamos ver pero ahora buscamos separar los colores
de esta montaña. Chíquiri ladra secamente. Ladrar secamente
es una rareza, escribir un poema es una rareza. Cubriste tu cama
para que no entren los mosquitos. I must tell you: una herida no cierra
rápido. Me gusta verte pintar, ya te lo dije; las manchas adquieren
consistencia y dolor; cada sombra de esta selva se impulsa en un color
y las palabras se alejan. No entiendo algunas epístolas aunque me gusta
escribir cartas largas en donde aparecen montañas. La terraza es un barco
a la deriva. Abro tus piernas: no quiero causar dolor. ¿Entiendes que las flores
cambian? Algo dice Williams en su poema: Del asfódelo, flor aún verde, / como
un ranúnculo / sobre la horqueta del tallo, / salvo que es verde y leñosa / vengo,
querida, / a cantarte. / Juntos vivimos largamente / una vida llena, / si quieres así
lo diré, / de flores. Por eso / me alegré / cuando supe que también hay flores /
en el infierno. (Versión de Octavio Paz). Pero yo quería decirte esto:  that
there were flowers also / in hell. Dar respuestas es difícil. He leído algunos
libros y nada ocurre, giro tu rostro, trazo en varios papeles japoneses. Debería
decirte  que quiero regresar a la playa para encontrarme con el cangrejo lento
y las olas extendidas en un amor  que es un vocabulario. Te hablo con la velocidad
de una figura retórica. Ya ves, esto no significa nada. Quise llenar más líneas,
dejar un gran silencio en su lugar, pedir una pizza, escuchar a Carlos y José;
“Flor de capomo” en tu voz. Ya deberíamos estar en la Cordillera. La terraza
es un barco a la deriva. Vemos desde aquí tu jardín –niwa, podría decir –. Leí
en algún lugar que niwa es jardín y aparece referido en el Nihon shoki. Ya sabes,
hold beauty, dice Carson. Escribir un poema es una rareza, es como atrapar
peces rojos en una laguna seca. En una ocasión el auto blanco quedó
a la orilla de la carretera para que tú miraras el valle de palmeras y las olas
estruendosas. Nunca Habías estado aquí. Arrojo una idea. Quieres respuestas,
dices . Demasiadas nubes bajo el cielo de San Felipe del Agua. Ahora
quiero una historia. El colibrí de pecho verde eléctrico se detiene un instante,
segundos de nuestro abrazo mientras hace frío. Tienes fantasmas en casa.
No busco el daño y el buque varado en alguno de los grises de la montaña.
Te explicaré mejor, dice él. Es algo muy simple. To say Beauty is Truth and stop,
de nuevo Carson  y esta nube blanca que no nos permitirá ver el atardecer.
Es la mejor manera que tengo de responderte. Escribir poemas es una rareza.
Antes de regresar cociné para ti como un acto de amor, pero a veces oculto
cualquier acto. Cargo piedras que no sé tirar. Quiero respuestas, dices
en un idioma amarillo. Sí, esta luz tiene excesos de grises y te veo
pintar silenciosamente. Te hablo y ya está el taxi entre los carrizales, no
vale la pena el desgaste de las piedras. Me equivoqué en los contornos,
las palabras se dañan por la velocidad. Quiero estar aquí, en esta terraza,
mirando el paisaje; abrazados, si quieres. Escribir poemas es una rareza,
los viajes se calculan dependiendo de la extensión de las palabras. Hoy
es una frase que no quiero dañar. Nunca quise abrir un cobertizo
para destruir los rastros del amor. Tengo miedo de las grullas silenciosas
del cuadro. No hiero, no busco herir. ¿“El sauce y la palma” te dice algo?
Tengo cicatrices, como ese tango. Ya sé que preferirías no escuchar ninguno,
hay demasiada cercanía para volverlo todo literario. Escribir poemas
es una rareza. Miro desde la terraza un colibrí. Ayer cayó una araña negra
-no sé su nombre- encima de la mesa del comedor y tu fantasma es blanco
y habla en un idioma incomprensible. Sigo pensando es los mensajes
y la prosa irascible. Aquí está la respuesta, quizá demasiado vaga, dirás,
pero las nubes grises casi cubren el cielo de San Felipe. No pude comerme
la empanada amarilla y no encontramos setas. Tengo objetos que vienen
de ti, palabras aprendidas en medio del abrazo. Querías imágenes, epístolas,
aquí las tienes. Ya sabes, hold beauty, dice Carson. Ésa es mi respuesta.





León Plascencia Ñol (1968, Jalisco, México)
Fuente: http://revistacritica.com/contenidos-impresos/poemas/tres-poemas-de-leon-plascencia-nol

Imagen: filodecaballos.com

Fidel Castro (1926 / 2016)



Fidel





dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
fidel montó sobre fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo





Juan Gelman

Philippe Jaccottet


El ignorante





Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia, 
cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino. 
Todo lo que tengo es un espacio alternativamente 
nevado o brillante, pero nunca habitado. 
¿Dónde está el dador, el guía, el guardián? 
Permanezco en mi cuarto y de momento me callo 
(el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden), 
y espero a que las mentiras se aparten una a una: 
¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere 
que le impide morir? ¿Qué fuerza 
le hace hablar aún entre sus cuatro paredes?





La voz





¿Quién canta ahí cuando toda voz se calla? ¿Quién canta 
con esta voz sorda y pura un canto tan bello? 
¿Será fuera de la ciudad, en Robinson, en un 
jardín cubierto de nieve? ¿O es ahí, muy cerca, 
alguien que no sospechaba que se le escuchase? 
No nos impacientemos por saberlo, 
pues no de otro modo precede al día 
el pájaro invisible. Tan sólo permanezcamos 
en silencio. Una voz sube y, como un viento de marzo 
restituye su fuerza a los bosques cansados, nos llega 
sin lágrimas, más bien sonriendo ante la muerte. 
¿Quién cantaba ahí cuando se apagó nuestra lámpara? 
Nadie lo sabe. Pero sólo puede oír el corazón
que no busca posesión ni victoria.





Poeta, ensayista y traductor suizo nacido en Moudon en 1925.
Estudió literatura  en la universidad de Lausanne, manifestando una temprana inclinación por la poesía. En 1941 conoció a Gustave Roud, guía de toda una generación de escritores helvéticos, quien lo inició en el romanticismo alemán. Empezó a publicar sus poemas a los veinte años, marcados por la influencia rilkeana, viajando luego a Italia donde conoció a Ungaretti, y a París, donde permaneció entre 1946 y 1952, trabando amistad entre otros con Ponge y Bonnefoy, y permaneciendo alejado de los surrealistas y existencialistas. 
De su obra poética se destacan, "El ignorante" 1956, "Aires"  1964, "Cantos de abajo" 1974, "Pensamientos bajo las nubes" 1983 y "A través de un vergel" 2000. Ha traducido a Goethe, Hölderlin, Leopardi, Musil, Rilke, Thomas Mann y Ungaretti, entre otros. Su obra ha sido premiada en varias ocasiones y ha sido traducida a varios idiomas. Desde 1953 vive en  Grignan, pequeña población  francesa.   ©Philippe Jaccottet (1925, Moudon, Suiza)

Traducción: Rafael-José Díaz

Enlace: http://trianarts.com/philippe-jaccottet-las-distancias-de-el-ignorante/#sthash.u3ktZw5G.dpbs

 Imagen: www.bloglagruyere

Charles Tomlinson




Chinchón





Los árboles, en este paisaje,
señalan la presencia de un río.
Una carretera secundaria
—hierba seca, horizonte de roca—
nos guía, serpeando,
hasta un pueblo que velan
los ojos ciegos de un castillo en ruinas:
estamos en Chinchón.
A una semana de diciembre
el lugar se halla medio desierto.
La plaza, capaz de transformarse
en ruedo o en teatro,
espera la llegada de los actores
de la obra de Lope
que anuncian los carteles.
Sentados en el bar del parador,
en medio de un despliegue
de azulejos florales, bebemos un licor
que emana un aura cálida
en el frío incipiente
y se llama, asimismo, Chinchón.
Anís. Anís es lo que ofrecen
estos campos resecos,
con sus flores amarillas y blancas
y el gusto a regaliz de sus semillas:
ahora bebemos la destilación
de España, un sorbo acre
que no carece de dulzura, como el dejo caliente
de la aspirada castellana.
El cielo, desdeñoso, vigila nuestra marcha
desde los ojos ciegos
del castillo. El coche
es un escarabajo extraviado en la vasta
y creciente amplitud de la meseta
que nos rodea. Lejos, en Guadarrama,
una nube de nieve palpa
la columna dorsal de la montaña
que corona las cimas una a una
como una ola a punto de romper. Abajo,
el rastrojo candente de los campos
azulea el crepúsculo
y pierde el hilo de la carretera;
las luces de Chinchón quedan atrás y luego se disipan.





Fuente: http://www.vallejoandcompany.com/el-espejo-de-bronce-11-poemas-de-charles-tomlinson/
Traducción: Jordi Doce
Otros poemas de Charles Tomlinson, aquí

Imagen: The Telegraph


Anne Carson



IV. ÉL ELLA NOSOTROS ELLOS VOSOTROS TÚ TÚ YO ELLA LOS PRONOMBRES INICIAN LA DANZA LLAMADA ROPA SUCIA CUYO NOMBRE DERIVA DE UN FENÓMENO QUÍMICO: DESPUÉS DE UNA PEQUEÑA CALMA SOBREVIENE UNA PEQUEÑA CONMOCIÓN DESPUÉS DE UNA GRAN CALMA UNA GRAN CONMOCIÓN





Gira al marido y muestra su lado oculto. Una carta que escribió desde Río de Janeiro.
¿Por qué Río de Janeiro? No vale la pena preguntarlo.
Hacía tres anos que estábamos separados pero aun no nos habíamos divorciado.
Se presentaba en cualquier parte.
Podías estar segura de que mentía si le preguntabas por qué. Y si no le preguntabas también mentía. Cuando digo oculto quiero decir cómico,
Las lágrimas de un marido nunca están ocultas.

Río, 23 de abril
No entiendo esta cuestión de lingüística.
Hazme llorar,
No me hagas llorar.
Lloro. Lloras. Nos hacemos llorar,

Viajar a lo tonto trabajar gastar dinero es lo que me obligo a hacer.


Carioca.
Estoy en un apartamento de Río con unos brasileños que discuten
sobre cómo hacer funcionar la lavadora.
Dentro de media hora se habrán olvidado y se irán a cenar
dejando la máquina en llamas,
Regresarán de la cena, hallarán sus ropas carbonizadas, se darán palmadas uno al otro en la nuca y llegarán a la conclusión de que en realidad compraron una secadora y que no saben cómo hacerla funcionar.
Acabo de ir a ver la maquina. Es una lavadora y está en llamas.
Y ahora qué pasa. Tú y yo.

Entre nosotros tos momentos de profunda tristeza son tan frecuentes que no puedo distinguirla del amor.

Deseas una vida limpia yo vivo una sucia, la vieja historia. Bien.
No te sirvo de mucho sin ti ¿soy?
Todavía te amo. Me haces llorar.

Tres cosas cabe resaltar en esta carta.

Primero su simetría:
Hazme llorar... Me haces llorar.
Segundo
su casuística:
motivos cosmológicos, fuego y agua, colocados antes de hablar de amor para ilustrarlo con asociaciones del eros y la contienda primordiales.
Tercero ningún remitente.
No puedo contestar. No quiere una respuesta. Qué quiere.
Cuatro cosas.
Pero de la cuarta huyo
casta y hábilmente.





Anne Carson (1950, Toronto, Canadá)
De: "La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos", Lumen, 2013
Traducción: Anna Becciu
Enlaces: 
Imagen: Foto de Lawrence Schwartzward

Ángeles Mora



Casablanca


                                        As time goes by...




Entre todos los bares de este mundo
he venido a este bar para encontrarte,
furtiva como siempre,
para rozar la piel de tus esquinas.

Y cómo me hace daño tu cansancio
-ya sabes que mañana es cada lunes-
esa vieja, tristísima, memoria
de buscarle sentido a algo que bulle
como se abre una flor,
así, de golpe.

Manías de la ausencia y tus nostalgias.
Te noto tan cansado...
Quiero dormir contigo. Busca sólo
un poco más de sueño y de tabaco.
Quiero morir contigo.
¿Por qué no me prometes un cumpleaños más?
Las arrugas ahí sí que son cosas serias
o el paso de los días,
con mis pechos que bajan a acariciar tus manos.
Y luego cuando un labio nos elude
en la piel de las ingles, ay, no muerdas,
y nos brinca por dentro...
                                          Pero ahora llega el tren
como un viejo caballo del National
qué diestro en los obstáculos,
qué sucia su taberna,
qué mediodía oscuro al despedirte.
Te veo tan delgado
con tus causas perdidas,
tus canas en la llama de la copa,
mi amargo luchador, .
sonriendo lentamente, como si te murieras.

Como al decirme adiós.





Elegía y postal






No es fácil cambiar de casa,
de costumbres, de amigos,
de lunes, de balcón.
Pequeños ritos que nos fueron
haciendo como somos, nuestra vieja
taberna, cerveza
para dos.
Hay cosas que no arrastra el equipaje:
el cielo que levanta una persiana,
el olor a tabaco de un deseo,
los caminos trillados de nuestro corazón.
No es fácil deshacer las maletas un día
en otra lluvia,
cambiar sin más de luna,
de niebla, de periódico, de voces,
de ascensor.
Y salir a una calle que nunca has presentido,
con otros gorriones que ya
no te preguntan, otros gatos
que no saben tu nombre, otros besos
que no te ven venir.
No, no es fácil cambiar ahora de llaves.

Y mucho menos fácil,
ya sabes,
cambiar de amor.





Ángeles Mora (1952, Rute, Córdoba, España)
Fuente: A media voz
Enlaces: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes

Imagen: drfreenews.com
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