31 diciembre 2009

Julio Cortázar

diciembre 31, 2009


Encargo





No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino,
naceré lentamente.
No me pierdas como un música fácil, no seas caricia ni guante;
tállame como un sílex, desésperame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo.
Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre,
Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.






Julio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 1914 / París, Francia, 1984)
De "Veredas de Buenos Aires y otros poemas", 1995 Compañía Editora Espasa Calpe Argentina S.A

Imagen: http://www.elortiba.org/cortazar.html









30 diciembre 2009

Philip Larkin

diciembre 30, 2009


Retransmisión





Un gran murmullo y toses como de espacio lleno
en domingo y que el órgano intimida
preceden a un redoble repentino,
al Himno y a los ruidos del volver a sentarse.
Ataca un lloriqueo de violines:
imagino tu cara entre todas las caras,

bella y devota ante
cascadas de desfile aparatoso,
olvidado en el suelo un guante tuyo,
cerca de tus zapatos nuevos, algo anticuados.
De pronto, aquí, se pierde. Ya no tengo
más que le contorno de las hojas quietas

que amarillean, escasas, en los árboles.
Detrás de la luz roja de frecuencia,
la tormenta de acordes apabulla
con el descaro de la lejanía
y a mí me desesperan los pitidos: trato de distinguir,
mínimas entre todo, tus manos cuando aplaudan.





Philip Larkin (Coventry 1922 / Londres 1985, Inglaterra)




Broadcast



Giant whispering and coughing from
vast Sunday-full and organ-frowned-on spaces
precede a sudden scuttle on the drum,
"The Queen", and huge resettling. Then begins
a snivel on the violins:
I think of your face among all those faces,

beautiful and devout before
cascades of monumental slithering,
one of your gloves unnoticed on the floor
beside those new, slightly-outmoded shoes.
Here it goes quickly dark. I lose
all but the outline of the still and withering

leaves on half-emptied trees. Behind
the glowing wavebands, rabid storms of chording
by being distant overpower my mind
all the more shamelessly, their cut-off shout
leaving me desperate to pick outyour hands, tiny in all that air, applauding.






Las Bodas de Pentecostés, Pre-Textos , 1991, Valencia.
Traducción: Alvaro García

Imagen:www.lomejordenuestravida.wordpress.com

27 diciembre 2009

Pablo Queralt

diciembre 27, 2009


Pasan bandadas de loritos en una agua lavada en los ojos en el
sudor las grietas que deja el día nacer morir
hasta el fin del jadeo hasta la astilla.

Y las ramas cargadas de frutas en oro de luz naranja purpúrea
caen a uno y otro lado
sin mover las alas
en la ceniza de la tierra batida.

Las acequias en el arrullo de las aguas celestes entre los silvestres
ciclámenes y albahacas y mentas perfumando el silencio de los chingolos

y el aire tibio alcanzó un punto en la dulce luz los ojos vuelven a
disfrutar
en la líquida visión fuera de la propia realidad.







Pablo Queralt (Buenos Aires, Argentina, 1955)
De: "Late", Huesos de jibia, 2008

Imagen:www.poetica-arbitraria.blogspot.com











26 diciembre 2009

23 diciembre 2009

Javier Adúriz

diciembre 23, 2009
Pero son tus ojos, el fondo de tus ojos lo que vale. El espíritu que le dicen, la condición de algo. Venga la sombra con su seco alarido. Mude el color, la gracia de este atardecer. A quién le importa. Ahí estás vos, con el perfume de una flor en tus ojos. De una mirada, me secás el cerebro. Perforado, transido, ardiente, luminoso, me llevás por el cielo adonde quieras. Que voy pero que vengo, tan tuyo como de nadie. Solo, en la sola compañía de tu ser más compañero. Ahí, en el iris tuyo, donde se cuece el mundo.



 Fin del partido
La gloria de vivir
Haberte visto





Javier Adúriz (Buenos Aires, Argentina, 1948)
De "Esto es así", Ediciones Del Dock, 2009.

Imagen: http://www.tallermacedoniofernandez2009.blogspot.com/

19 diciembre 2009

Jorge Aulicino

diciembre 19, 2009


Preferiría hablar de cualquier modo





Como quien con la uña saquea una pera
así creyó que saqueaba la realidad;
en verdad dijo que las lluvias no lo contenían
y que las flores de jacarandá no lo contenían
y sintió como ráfagas en los techos
que la realidad vacilaba en el terreno verdadero, el de las metáforas.
Empezó de nuevo:
como campanas que suenan en otra región
un ángel descendió sobre él y le dijo:
nada queda de ti infeliz porque
creíste guardar tu tesoro de las analogías
y en verdad custodiabas una pista de maniobras abandonada
donde crece el cardón, azotan los alisios
y hay como un rumor -gritos de amor- en los hangares vacíos.





Jorge Aulicino (Buenos Aires, Argentina,1949)
De "Paisaje con autor", Ediciones Último Reino, 1988

Imagen: www.datuopinion.com

15 diciembre 2009

Laura Wittner

diciembre 15, 2009




Otra ciudad





Cuando levanto la vista veo nieve,
nieve refulgiendo desde el televisor.
Como siempre, titilan sobre el mapa
los lugares donde una no está.
Seguro extrañaría el mercado de flores
y despertar en este piso octavo
que se abre desafiando al viento.
La verdad es que hubo un solo día de nieve
y que hay una posible segunda versión
para las cosas conocidas.
Las valijas están hechas desde siempre
y además están sobre el sofá
en posición de espera.
Ese momento dura, se sostiene,
es una manera de estar:
estar a punto de ser abandonado.
El pozo negro de las valijas hechas,
reverso del desembarco:
el deseo humano por lo incompleto
que se refleja, dicen,
en la predilección por lo pequeño,
lo breve, el fragmento.





Laura Wittner (Buenos Aires, Argentina, 1967)
De "La tomadora de café", Ediciones Vox, 2005

Enlaces: El poeta ocasional
Imagen: cceba.org.ar



11 diciembre 2009

Roxana Palacios

diciembre 11, 2009



La estación de las lluvias está en el parabrisas






1


me asusta la precisión de este país
los días programados para el huracán
nos detenemos en una calle empinada entre los edificios
es la estación de las lluvias decís
dos horas cada tarde
hay un tejido regular en el asfalto:
ráfagas y velocidad
después el estallido
la sangre entre las nubes grises
está todo bien decís
y hablamos de la comida de la noche
y las piedras del Paleozoico





2


llueve en San José
vos y yo estudiamos las gotas en la superficie de los charcos
las vemos abrirse y desaparecer
somos habladas no hablantes
palabras como multitudes detrás de unas hojas enormes
bocas que se agrandan hasta el largo grito
el chico sale de la mano de su padre hacia la lluvia
pedimos otra cerveza mientras juntamos las migas de la vuelta anterior
en una servilleta limpia y húmeda
también nosotras nos miramos
somos cuatro en esta verdad con que sustituimos realidades
cuatro para las manos que se agitan
el cuerpo que se estrella
como un pájaro
en los vidrios dobles de la camioneta
cuatro descendiendo el oro profundo de los charcos
algo se expresa aquí afuera
en tu lengua o en la mía
ni el miedo ni la certeza se prolongan

para Luz





Roxana Palacios (Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1957)

Imagen: Facebook de RP



07 diciembre 2009

Sentado a la derecha

diciembre 07, 2009


Homenaje a Delacroix (1864) por Henry Fantin-Latour (Museo d'Orsay, Paris)
Ch. Baudelaire, sentado a la derecha.

Gricel

diciembre 07, 2009
yo no canté hoy Gricel
ni un avez canté: he cortado papeles en silencio
la melancolía atraganta las líneas telefónicas
...................................................................
extendemos las fatigadas sábanas y amanece
yo era imprevisible y desbordaba
las costillas me oprimían como una camisa vieja

06 diciembre 2009

Comienzos

diciembre 06, 2009

El poema comienza, pero antes de materializarse la primera letra, un cataclismo sucede a otro, el caos se resiste. Finalmente las aguas se aquietan, se acomodan las grietas y el oído algo escucha. El poema espera actuar, espía entre visillos.
Los que siguen son A continuación, mis comienzos favoritos:
"El grado más alto de la tristeza tanto puede ser/un general ciego mendigando a través de las islas/como hacia las 3 de la mañana la avenida
de la Opera.
No hay límites para la melancolía humana."
"Licantropía contemporánea" de Louis Aragon.
"Sur, paredón y después..."
"Sur", tango de Homero Manzi
La creación de un espacio, deseo y pavor de la aventura iniciada, el sustrato del poema
.








02 diciembre 2009

Salvatore Quasimodo

diciembre 02, 2009



Nieve




Desciende la noche: otra vez nos abandonáis
queridas imágenes de la tierra: árboles,
animales, pobre gente encerrada
en capotes de soldados, madres
cuyos vientres fueron secados por la lágrimas.
Y la nieve nos ilumina desde los prados
como una luna. Oh, estos muertos. Golpead
sobre la frente, golpead hasta el corazón.
Que al menos alguien grite en el silencio
en este cerco blanco de enterrados.





Salvatore Quasimodo (Italia, 1901/1968)
De "Día tras día" (1947)
Versión de Eugenio y Gianni Siccardi en "Los grandes poetas", Centro Editor de América Latina


29 noviembre 2009

Foto inapropiada

noviembre 29, 2009
Buscando una foto de Eugenio Mandrini, encontré la del diario La Gazeta de Tucumán y la elegí, de manera casi impensada, para encabezar el poema. La foto refleja la figura del poeta repetidamente, como un eco. Nada más contrapuesto al poema que habla de los silencios extremos. Pero no importa. Parafraseando a Panigazzi, una imagen es una imagen y un poema es un poema.

Germán Arens

noviembre 29, 2009

Descanso


Apoyado
en el arado de rejas
descanso.
Dejé las luces
del Massey
encendidas.
Silbo
un silbito triste
y las liebres
de orejas paradas
se me arriman.
Una lechuza
avisora vidente
en uno
de los postes
de un alambrado de cinco
hacia el campo
de quien
se dirige la muerte.
Estoy
abajo del cosmos
pendiendo
de la tierra
patas para abajo.
Hasta hace un momento
estuve cerrando
un cuadrado perfecto
de hectareas abiertas.
Cuando termine
de silbar
voy a dar
diecisiete vueltas más
hasta cerrarlo
del todo…
y una vez
finalizada mi tarea
voy a dejarme ser
por unos instantes
el punto central
de un cuadrado
perfecto.





Germán Arens (Bahía Blanca, Argentina, 1967)



28 noviembre 2009

Eugenio Mandrini

noviembre 28, 2009


Silencios




Silencio del poema fallido, del espejo ausente de las
confesiones, de la lengua atascada en el horror.
Silencio del ciego ante un súbito resplandor.
Silencio del ojo hipnotizado por el fuego, y del ojo que se
escruta a sí mismo hasta el llanto o la intriga.
Silencio de la ropa fuera del muerto, del perro desorientado
bajo la noche del eclipse, del barro aprisionado en la
vasija.
Silencio del que apunta el arma a un cuerpo de animal
o de hombre, y silencio cuando guarda el arma
viendo cómo el cuerpo de animal o de hombre se detiene,
pierde luz, cae.
Silencio de la mirada de lujuria, en tanto que la lengua no
murmure corriendo por los labios.
Silencio del humo después de la devastación.
Silencio del que oye un ruido en la noche y permanece inmóvil
hasta que el amanecer enciende las luces de la casa.
Silencio del árbol olvidado por el viento, los pájaros, la
música del estío y el batir de los insectos nocturnos.
Silencio del odio acorazado en el insomnio.
Silencio de la multitud arrodillada como un ramo de orejas
muertas.
Silencio del caracol enterrado en la arena, el que relataba
en los oídos el sonido de la época y lo confundián
con el mar.
Silencio de la mujer que mientras derrama una gota de lágrima
o bilis sobre carnes y verduras, piensa qué está haciendo
allí cocinando para un mortal y no para un dios.
Silencio de las piedras al fondo del abismo, sin mano que las
elijan como proyectil o para arrojar a un muerto, y sin
voces que elogien sus brillos en la lluvia.
Silencio del hueso solitario que se liberó de la jauría.
Silencio de un hombre y un a mujer que convocados por
lo desconocido, al mirarse los ojos inician
la travesía entre la esperanza y la nada.
Silencio de la noche presentida, de Chuang-Tzu después
de no saber si fue o no una mariposa, del libro por el
anteojo roto, de la calle donde una mano pide
compasión.
Silencio del hambre consumada y del pan sobreviviente.
Silencio del que crea su mundo paralelo, cada vez que acostumbra
a sus fantasmas a flotar en las ventanas llovidas.
Silencio del silencio último, el más negro o más blanco
o azul o tibio en otra tierra.
Silencio del alma del estupor.
Silencio que ya no sabe lo cierto ni lo incierto, que es sólo
levedad o transparencia, y calla.





Eugenio Mandrini (Buenos Aires, Argentina, 1936)
De "Conejos en la nieve", Ediciones Colihue, 2009
Premio de Poesía Olga Orozco, otorgado por Juan Gelman, Gonzalo Rojas, Jorge Boccanera y Antonio Gamoneda

Imagen: nalocos.blogspot.com

26 noviembre 2009

Raymond Carver

noviembre 26, 2009


Una tarde






Mientras escribe, sin observar el oceáno,
siente entre sus dedos
el temblor de la pluma de su lapicera.
La marea se retira arrastrando
pequeñas piedras, restos de la vida marina.
todo esto no tiene nada que ver, no,
con el origen de su emoción. No.
Su corazón se acelera porque ella
en ese instante ha decidido entrar
completamente desnuda en la habitación.
Somnolienta, por un momento no puede imaginar
dónde está. Se dirige al baño. Sacude su cabellera.
Se sienta en el inodoro con los ojos cerrados,
la cabeza inclinada; las piernas extendidas, abiertas.
No ha cerrado la puerta del baño, él puede verla.
Quizás,
ella esté recordando lo que sucedió esa madrugada.
Porque después de un rato, abre un ojo y lo mira.
Y sonríe con mucha dulzura.





Raymond Carver (Oregon, 1938 / New York, 1988, EUA)
Desocupado y más poemas, Ediciones Calle Abajo, 1989
Versión de Esteban Moore
Enlaces: Hijo  Una mujer se baña Madera de balsa
Imagen: http://www.itsnicethat.com/articles/2469-raymond-carver-poetry






RAYMOND CARVER: \"LA ESCRITURA, UNA LUZ CUYO RESPLANDOR ES PERSISTENTE Y FIRME\"

por Pablo Montanaro

Después de luchar durante largo tiempo contra la necesidad de sobrevivir ejerciendo la más amplia variedad de empleos mal remunerados y dejar definitivamente la bebida, hacia mitad de los años '70 Raymond Carver pudo volcarse plenamente a su oficio más deseado: escribir.
Lamentablemente el trayecto por los caminos del reconocimiento de sus obras por parte de lectores, colegas y críticos fue demasiado corto. El 2 de agosto de 1988, en Port Angeles, Washington, un cáncer de pulmón terminó no sólo con sus renovados deseos de vivir, alejado de aquel caótico y brumoso pasado, sino también con el entusiasmo y la confianza con la que trabajaba en varios proyectos de libros. "Estos últimos diez años fueron como sacar la lotería./Vivo, sobrio, trabajando, amando/y siendo amado por una buena mujer./Once años atrás le dijeron que le quedaban seis meses/al ritmo que iba. Y él en realidad no iba/más que para abajo. Así que cambió de vida/ de alguna manera. (...) Soy un tipo de suerte./Tuve diez años más que los que yo o cualquiera/podíamos esperar. Pura lotería", escribió en un poema. La realidad de la muerte llamó a quien jamás quiso vivir fuera y sin ella.
Raymond Carver nació en mayo de 1938 en Clatskanie (Oregon), un pequeño pueblo a orillas del río Columbia dedicado a la industria maderera. Pero su infancia transcurrió en Yakima, al este de Washington. Acaso de su padre, Clevie, heredó la imposibilidad de mantenerse con un trabajo estable y su afición al whisky. Con su padre compartió la lectura de las historias de westerns de Zane Grey, las populares novelas de literatura policial de Mickey Spillane, las revistas dedicadas a deportes al aire libre y las escapadas al arroyo para pescar y cazar patos y gansos. Sus primeros poemas reflejan situaciones propias de la pesca, acaso guiado por el consejo paterno: "Escribe sobre lo que conoces".
Antes de cumplir 19 años, Raymond descubre la poesía mientras trabajaba como repartidor de medicamentos en una farmacia. Mientras esperaba que el anciano que había solicitado unos remedios encontrara el dinero para abonarle, Raymond se deslumbra ante la inmensa biblioteca atestada de libros y revistas. Una de estas llama la atención del joven. El anciano le obsequia un ejemplar de "Poetry" al tiempo que le dice: "Llévatela, hijo. A lo mejor un día escribes algo y no sabes adónde mandarlo". Esa misma noche se dispuso a leerla, especialmente los poemas y reflexiones acerca de la escritura de Ezra Pound, incluidos en ese número.
Unos años después de aquella noche, accede a lecciones de escritura por correspondencia abonando la suma de veinte dólares mensuales durante tres años. A los dieciocho años ingresa como peón en un aserradero y se casa con Maryann Burk, dos años menor que él. La necesidad de mantener a su familia -tienen dos hijos antes de cumplir tres años de matrimonio-, lleva a Carver a desempeñar la más amplia variedad de trabajos: empleado de limpieza en una clínica, sereno, vendedor de enciclopedias, dependiente de farmacia, vendedor, mensajero, bibliotecario... En síntesis, imposible dedicar su escaso tiempo a escribir, y mucho menos una novela porque para eso "tenía que vivir en un mundo que tuviera sentido, un mundo en el cual pudiera creer, que pudiera sujetar para luego escribir sobre él. Un mundo que, al menos durante un tiempo, se quedara fijo en un solo lugar". Y justamente ese no era el mundo que conocía y vivía. Entonces se inclina por los cuentos y poemas porque los puede escribir en una noche y corregir al día siguiente.
Entre las urgencias por llevar dinero a la casa y las obligaciones familiares, Carver encuentra un resquicio en las clases de escritura en la Universidad de Iowa dictadas por el narrador John Gardner. "Me sentía como una criatura marina bañada por la playa. No sabía nada. Pero sabía que no sabía nada", confesó. Gardner lo introduce en la vida y obra de los maestros del cuento: Chéjov, Isaac Babel, Hemingway. Y no sólo recibirá del maestro la llave de una oficina para que pudiese escribir tranquilo, sino también un acertado y revelador consejo, del cual nunca se apartará: "expresar en quince palabras en vez de hacerlo en veinte o treinta". Esta experiencia resultó decisiva a tal punto que años más tarde confesaría que durante toda su vida, mientras escribía, sentía la presencia de su guía literario, aprobando o desaprobando palabras y frases.
Comienzos de la década del '70. Son esporádicas las veces que Carver se sienta frente a su máquina de escribir. Sin embargo, decide enviar algunos textos a Gordon Lish, encargado del área de narrativa de la revista Esquire, que se los rechaza una y otra vez sin esgrimir ninguna explicación. Hasta que llega a las manos de Lish el titulado "Los vecinos" que de inmediato es aceptado (sólo le quitan el artículo) y a partir de entonces los relatos de Carver aparecen en las páginas de esta prestigiosa publicación.
LA VIDA EN UN INSTANTE

Su primer libro de relatos "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?", publicado en 1976 (editado al castellano por Anagrama, como el resto de los libros de narrativa de Carver), provoca la atención de la crítica y el público. En este conjunto de relatos breves, Carver consigue reflejar cabalmente el drama de la gente común oficinistas, vendedores, camareras- en su deambular silencioso cargando sus miserias y catástrofes cotidianas. Por otra parte, la infidelidad es también uno de los temas centrales del libro.
Cuatro internaciones por intoxicación pusieron a Carver en el umbral de la muerte. Era tan deplorable su estado por el alcohol que hasta él mismo se llamaba "Ray malo". El 2 de junio de 1977 toma la inmejorable decisión de abandonar para siempre la bebida. Se siente orgulloso de que así sea más que por cualquier otra cosa que haya realizado en su vida. "De mis experiencias alcohólicas no creo que haya surgido nada que no sea el dolor y la miseria", confesó.
En 1981 aparece su segundo libro, "¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?", que muestra a parejas al borde de la ruptura, trabajadores tratando de zafar de la rutina y las conflictivas conversaciones entre padres e hijos. Separado de su primera esposa, en 1977 conoce a la poeta Tess Gallagher en un encuentro literario, quien será su compañera hasta su muerte, y al narrador Richard Ford, quien se convertirá en uno de sus mejores amigos. De aquel primer encuentro, Ford recuerda que Carver intentaba "poner su vida bajo control. Un año antes había dejado de tomar y temía volver a hacerlo. Sabía que se encontraba en una encrucijada. (...) Vio que si dejaba de tomar las cosas le iban mejor. Cuando publicó su primer libro y fue nominado para el National Book Award estaba sobrio, e hizo una conexión entre ambos hechos. Mantuvo esa unión durante el resto de su vida".
Después de meses de no escribir nada que valiera la pena, en 1983 publica "Catedral", uno de los mejores libros de la narrativa norteamericana de los años '80, con el que obtiene el premio de la Academia Norteamericana y el Instituto de Arte y Literatura consistente en 35.000 dólares anuales durante cinco años consecutivos, lo que le permite dedicarse tiempo completo a la escritura. Para Carver la historia de "Catedral" es totalmente diferente a lo escrito anteriormente y acaso refleje el cambio que se había producido en su vida. Los trabajadores desocupados de las industrias básicas son los protagonistas de los cuentos de este libro. Son los nuevos pobres, provenientes de la clase media que en los '60 tuvieron hijos e ilusiones, emergentes de las políticas económicas impulsadas por Ronald Reagan en los años '80.
En tanto, el periodista Bill Buford presenta a Carver como el principal exponente del "realismo sucio" y del "minimalismo" por la economía de recursos que domina su escritura, es decir las narraciones breves, la frase y el párrafo corto, pocos personajes, dejando de lado la acción, la intriga y la trama, con finales poéticos e intrigantes. Pero también el realismo sucio representó una tendencia en la literatura norteamericana de los años '80 para referirse sin ningún maquillaje a una sociedad alejada de los valores y despojados de toda ética.
Pero Carver estaba más allá de esos etiquetamientos, incluso consideraba el término minimalismo como algo peyorativo. Sólo creía en la escritura como producto del placer de hacerla. La escritura decía- irradia una luz cuyo resplandor es persistente y firme.
Desde su punto de vista, los cuentos no emergen de la nada sino de un punto de partida que se transforma en una línea que va de la referencia del mundo real al de la ficción. Por eso se vale de un lenguaje simple, directo, cotidiano, en los que muestra el deseo, la existencia concreta de una realidad. Lo lleva a cabo por medio de un estilo donde prevalece la frase breve pero efectiva; donde se advierte una tensión, una amenaza, una sensación de que algo puede suceder. "Muchos personajes en mis relatos encuentran que el mundo les amenaza. La gente sobre la que he elegido escribir sí se siente amenazada. La amenaza contiene, por lo menos para mí, más posibilidades interesantes que se pueden explorar", explicaba en una entrevista.
Carver alzó su voz para contar el drama humano con todos los sufrimientos, los fracasos, las obsesiones, los vicios, hasta los empleos temporarios y mal pagos. Ese mundo que transmite y recrea, es construido a partir de la observación de todo y de todos. El también era uno de esos personajes perturbados y confusos, provenía de esa clase de gente y había trabajado junto a ellos "y con ellos me he ganado la vida", afirmó. Jamás escribió algo que no tuviera relación con las vidas de las que fue testigo además de la suya.
Respecto a la inclusión en sus relatos o poemas de objetos cotidianos (sillas, anillo, tenedor, persianas) utilizando un lenguaje coloquial, Carver entendía que esos objetos poseían un inmenso y asombroso poder, por lo tanto los incluía porque no podían mantenerse inertes en la escena sino que adquirían vida propia, conectarlas con las vidas que las rodean. "Es posible escribir -aclaraba- una línea de un aparentemente inofensivo diálogo, y transmitir un escalofrío a lo largo de la columna vertebral del lector (el origen del placer artístico, como diría Nabokov). Esa es la clase de literatura que me interesa".
Podríamos afirmar que la literatura de Carver reproduce imágenes del otro lado del Estados Unidos rico, exitoso y opulento. En realidad es la perfecta contracara del gran sueño americano. Sus personajes en su mayoría no tienen empleo o lo tienen pero no les satisface plenamente. Son los que sienten que no pertenecen a ese "primer mundo", poseedores de un futuro incierto, por lo tanto perdedores de una sociedad que los ha ignorado, y que evitan mirar su propio interior y constatar que son sombras cargadas de desesperanza. También hay un elemento constante en la narrativa carveriana que es la falta de comunicación entre los personajes.

ALGO MAS QUE ESCRIBIR UN BUEN POEMA

Su obra poética comprende los siguientes títulos: "Donde el agua se junta con otra agua" (1985), "Ultramarina" (1986), "Bajo una luz marina" (1990) y "Un sendero nuevo a la cascada" (1993), los dos últimos publicados por la editorial española Visor.
Carver no se conformaba con escribir un buen poema. Detestaba la escritura proveniente de la emoción aunque se la disimule como experimentación artística o versión del realismo. La poesía era para Carver esencial, el medio que elegía para expresar mejor sus pensamientos y un cauce espiritual "del que se desvía para escribir sus relatos", según la opinión de su mujer, Tess Gallagher.
Sus poemas surgidos de su imaginación, aunque pueden tener algún fundamento dentro de su experiencia, conmueven a pesar de estar contando una simple historia. Es justamente esa simpleza la que consigue cautivar al lector, como si se hubiera propuesto no decir las cosas extensamente para decirlo todo. Alguna vez explicó que el escritor encuentra lo que quiere decir "en el proceso continuo de ver lo que ha dicho" y que todos los poemas son "actos de amor y de fe".
Ese lirismo cargado de tensión que recorre su obra poética tiene como base un tono confesional que presenta un instante en la vida de una persona. Ahí está su tesoro. Carver tenía una manera particular de observar los hechos por más cotidianos que éstos fueran.
El propio Carver seleccionó los poemas de sus libros anteriores para incluirlos en la edición de "Bajo una luz marina". En esos poemas despliega todo su talento para hacer extraordinario las circunstancias simples y cotidianas de esa gente de vida marginal o desesperada utilizando los recursos de la sugerencia o del leve apunte para conquistar la sensibilidad del lector.
Aunque negara sus influencias literarias (sostenía que criar hijos, trabajar en doble turno, no tener dinero para pagar la luz o divorciarse habían modelado su escritura) podemos reconocer en la constitución de su poética las voces de Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, Cheever, Salinger. Pero, por sobre todos ellos, se alza la de Antón Chéjov.
En el cuento que cierra el libro "Tres rosas amarillas" (1988), Carver incorpora una serie de detalles ficticios que le otorgan realidad al episodio que narra de manera emotiva que es la última noche de vida del genial escritor ruso que antes de morir se permitió compartir una copa de champagne con su médico y su esposa.
El realismo y escepticismo son los puntos comunes en las obras de ambos pero en el caso del autor de "El jardín de los cerezos" aparece un sentido de humor más fino y más irónico.

MAS CARVER PARA LEER

Después de la muerte de Raymond Carver han sido varias las ediciones de libros que reunieron sus relatos y poemas inéditos. Uno de ellos, "La vida de mi padre", incluye textos claramente autobiográficos en los que retrata a su padre ("Padre, te quiero, pero cómo darte gracias,/ yo que tampoco aguanto el trago/ y ni conozco los sitios donde se puede pescar", se puede leer), a su maestro John Gardner, recrea la amistad con los escritores Tobias Wolff y Richard Ford y ensaya sobre el acto de escribir.
Bajo el título "Si me necesitas, llámame", se publicaron en el 2001 cinco estremecedores cuentos de Carver, ambientados en el noroeste norteamericano, en los cuales desfilan los hombres que dejaron atrás el alcohol y pretenden una vida sin los vaivenes de la ebriedad como así también los amores que se disuelven como agua entre los dedos.
En el otoño de 2005 apareció en España, "Sin heroísmos, por favor", una recopilación de relatos, poemas, reseñas, críticas, ensayos y artículos escritos por Carver para revistas y periódicos, en los que presenta y explica su relación con la palabra escrita, sus búsquedas, métodos, gustos y moral tanto como escritor y lector.

CARVER EN EL CINE

El cineasta Robert Altman descubrió la narrativa de Carver en un viaje en avión de Roma a Nueva York en el invierno de 1990. Tres años después estrenaba su película más ambiciosa, "Short Cuts" (conocida en nuestro país con el nombre "Ciudad de ángeles"), inspirada en nueve relatos y un poema narrativo de Raymond Carver.
La película de Altman presenta en forma de collage las historias de más de veinte personajes cuyas vidas se entrecruzan en una apocalíptica Los Angeles. Logra retratar con ironía y dramatismo diversos acontecimientos que provocan cambios en la vida cotidiana de los personajes: el matrimonio "perfecto" que se derrumba, un hijo atropellado por un automóvil, la infidelidad conyugal, reproches de padres a hijos, una esposa que trabaja como receptora de llamadas en una línea erótica, un policía infiel que recupera el deseo por su mujer...
"No es mi intención, ni era la de Carver, moralizar sobre este tipo de cosas", explicó oportunamente el cineasta, agregando "no creo que el arte deba buscar la razón definitiva del comportamiento de las personas; no la hay". La película, que hasta puede considerarse como la novela que nunca escribió Carver, fue una de las más premiadas durante el año de su estreno (obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia, entre otras distinciones), incluso los veintidós actores principales obtuvieron un premio a la mejor interpretación además de ser nominada al Oscar en el rubro mejor director, y logró reunir una pléyade de notables figuras como Jack Lemmon, Tom Waits, Julianne Moore, Andie Mac Dowell, Matthew Modine, entre otros.

DEL RAY MALO A UN HOMBRE FELIZ

Después de diecisiete años de la muerte de Carver, su mujer, la poeta Tess Gallagher escribió un relato en el que retrata la relación entre ambos, que está incluido en el libro "Carver y yo" que apareció en España en el 2001. A continuación presentamos un fragmento.
"Ray me dijo una vez, hablando de la época anterior a nuestro encuentro, que nunca había tenido tiempo para caer en una depresión. La 'voluntad de hierro' a la que se refiere en uno de sus poemas es necesaria para la creación y quizá se forje a base de 'no tener más remedio que seguir adelante'.
Ray y yo aprendimos juntos algo más. Aprendimos a seguir adelante con esperanza. Cuando unimos nuestras vidas hace casi once años en El Paso, Texas, empezábamos a recuperarnos tras haber cruzado un desierto de desesperanza. Entre ambos dejábamos atrás algo así como treinta años de fracaso matrimonial. Más tiempo del que tendríamos para reconstruir la confianza. Buscamos juntos un lugar en el que la confianza fuera nuestra segunda naturaleza y prometimos ayudarnos el uno al otro. Solíamos decirnos: 'No me idealices, cariño. No me idealices'. Y puedes creerme, para entonces ya habíamos vivido lo suficiente para saber de qué hablábamos.
Puede que sepas la historia. Ray había dejado el alcohol un año antes de irnos a vivir juntos. Se sentía perdido, tenía miedo de no volver a escribir. Se alejaba literalmente del teléfono cuando sonaba. Había tenido que declarase insolvente un par de veces. Aún recuerdo como alzó los ojos al ver mi tarjeta de crédito.
Ahora me parece que entre los dos logramos que recuperara las ganas de divertirse y algo más, lo necesario para sentir un inmenso placer viendo disfrutar a los demás. Esto no había sido siempre así, desde luego. Tras su muerte he sido la depositaria de todos los recuerdos y las historias que la gente sabía de él. He leído cartas de amigos que le conocieron en el período al que luego se refería como 'Raymond el Malo', época en la que era, como dijo un amigo escritor, 'el hombre más triste que haya conocido nunca'. Veinte años después ambos se volvieron a encontrar y su amigo quedó atónito ante semejante transformación.
Theodore Roethke escribió: 'Las cosas buenas les pasan a los hombres felices', y yo tuve el privilegio de ver cómo Ray se convertía en un hombre feliz".
Fuente: http://www1.rionegro.com.ar/diario/tools/imprimir.php?id=4639

22 noviembre 2009

Malcolm Lowry

noviembre 22, 2009

Salida de sol





Sin rastros de ebriedad cabalgué hacia la aurora,
con mano firme empuñé la única rienda,
recién calzado, recién absuelto -pero no recién nacido-
en la grandilocuente, la cordial pradera.
Desatado como el cielo corría mi corcel
y en armonía con el cielo brotaba mi canción.
Ah, los años a mi espalda parecián perdidos, perdida la proeza,
cuando olvidados los estribos yo cabalgaba.
-Pero qué cactus son estos en mis manos,
perros salvajes y espectros, ¿lo envuelven todo?
y regresé a esa tierra crepuscular,

galopando, galopando, galopando

Amarrado a este fatuo, a este inexorable caballo
de ojos sin párpados y de nombre, remordimiento.





Malcolm Lowry (Liverpool, 1909, Sussex 1957, Inglaterra)
Versión de Laura Nicastro en revista El ornitorrinco, enero de 1979

Imagen:www.wikipedia.org

16 noviembre 2009

Eugenio Montale

noviembre 16, 2009




























Esa flor que repite...





Esa flor que repite al borde del barranco
no te olvides de mí,
no posee colores más alegres ni claros
que el espacio arrojado entre tú y yo.

Un chirrido se suelta, nos separa,
el obstinado azul no reaparece.
En el calor casi visible me devuelve a la opuesta
etapa, oscura ya, el funicular.


Eugenio Montale (Genova 1896 / Milán 1981, Italia)
De "Motetes", traducción Horacio Armani


Imagen: www.europakiado.hu


02 noviembre 2009

Luis Eduardo Alonso

noviembre 02, 2009



Soplar en el viento





he vuelto a ver un hombre que deseó escribir una melodía que te
volviera completamente loca nena
que soñó un empleo donde tocar la armónica y soplar en el viento,
soplar en el viento
los días de oro, las edades del dulce hartazgo
una foto de Radiolandia con los ojos puestos en un lugar
magnífico
y ese hombre no es Bob Dylan, los Rolling Stones cantando
pasemos la noche juntos
no es el muchacho en moto que ves pasar por esas autopistas
llenas de avisos comerciales
ni ha escrito la melodía perfecta donde por un instante has oído
el paraíso
Ese hombre es Paco que trabaja en una carnicería





Perdón





ahora que estoy dormido y me ha tocado el corazón para saber si aún vivo
te siento como Malena más buena que yo
y repito que cruzar el Riachuelo en bote No fue una hazaña aquella vez
sino un símbolo de amor como tu mano apretándome ahora
como aquellos caballos abrazados que vi cuando partia en busca de oro
para volver pobre como Juan de Garay con estos versos que decían te amé como se aman los caballos
aunque debí escribirlo en otro poema por dar belleza este paisaje que odio
perdón por el mundo
por simular estar dormido para que no quites la mano del corazón.





Luis E. Alonso (Buenos Aires, Argentina, 1952 /2002)
De "Sudestada", Colección Mascaró, 1999

Imagen: foto de Daniel Grad en www.revagliatti.com.ar

01 noviembre 2009

Fabián Casas

noviembre 01, 2009



Cancha Rayada






Caminamos, con mi viejo, por la playa de estacionamiento.
Es un día de calor sofocante
y en el asfalto recalentado
vemos la sombra de un pájaro negro
que vuela en círculos,
como satélite de nuestra desgracia.
Una multitud victoriosa, a nuestras espaldas,
ruge todavía en la cancha.
Acabamos de perder el campeonato.
La cabina del auto es un horno a leña;
los asientos queman y el sol que pega
en el vidrio, enceguece.
Pero no importa, como dos bonzos
dispuestos a inmolarse,
nos sentamos y enciendo el motor:
Fabián Casas y su padre
van en coche al muere.





Fabián Casas (Buenos Aires, Argentina, 1965)
De "El Salmón", Libros de Tierra Tirme, 1996

Imagen: pagina12.com.ar

Raymond Carver

noviembre 01, 2009


Madera de balsa





Mi viejo parado frente a la cocina sostiene
sobre la hornalla encendida una sartén
en la que prepara un revuelto de huevos y seso.
Yo me pregunto: ¿Quién tiene hambre esta mañana?
En un día como el de hoy siento en mi cuerpo
la porosa fragilidad de la madera de balsa.
Las palabras flotan en el aire. Algo ha sido dicho.
Mamita lo dijo. ¿Qué es lo que dijo?
Algo, estoy seguro, relacionado con el dinero.
Quiero ayudarlos. Lo haré si no desayuno.
Mi viejo le da la espalda a la cocina oxidada.
Grita: "estoy en un pozo",
vuelve a gritar: "no me hundas más".
La luz se filtra a través de la ventana.
Alguien llora.
Lo único que puedo recordar es el olor intenso
del seso y los huevos quemados en la sartén.
La mañana entera mezclada con otros desechos
es arrojada al tacho de la basura.
Minutos más tarde salimos en el auto hacia la quema,
un viaje de unos 15 kms., no nos hablamos en el trayecto.
En los montículos, oscuros, malolientes,
tiramos nuestras bolsas y cajas de basura.
Las ratas chillan, emiten cortos silbidos,
se mueven arrastrando el vientre hinchado
entre los restos de los desperdicios putrefactos.
Volvemos al auto y observamos el fuego, las llamas,
el humo espeso que se adhiere a los charcos negros.
El motor del auto sigue funcionando.
Huelo el aroma del cemento para pegar avioncitos
que se ha quedado adherido a la punta de mis dedos.
Él me observa cuando acerco los dedos a mi nariz.
Después mira hacia otro lado, mira hacia el pueblo.
Quiere decir algo pero no puede.
Está a un millón de kms. de distancia.
Los dos estamos muy lejos, y alguien sigue llorando.
En ese momento yo empecé a comprender
cómo es posible estar en un sitio y en otro lugar también.






Raymond Carver (Oregon, 1938 / Port Angeles, 1988, EUA)
De "Bajo una luz marina" (In a marine light), 1986
Versión de Esteban Moore