Mario Sampaolesi


La bañista






Un poco de espuma cubre las huellas de una bañista que, sola al atardecer, pasea.
Ella ve cómo se hunde en el mar el esplendor de otro cuerpo; su opacidad también yace
bajo el agua.
Cuando emerja, la sombra habrá sido desprendida por el oleaje: a partir de ese instante
formará parte del oceáno.
Fuera ya de su realidad será arrastrada por las mareas, contaminada por el plancton,
atravesada por cardúmenes plateados.

Las olas agonizan contra la plana extensión de la playa.
Tal vez, arrojen el sentido oculto del cielo y recojan en la transitoria veleidad de su fuga, la
posibilidad del arrepentimiento.

Quedan caparazones, objetos de plástico, la certeza de afligir a otros un dolor, aguas
vivas, el óxido de una caricia, restos de vacaciones sobre la arena.





Mario Sampaolesi (Buenos Aires, Argentina, 1955)
De: Revista Eñe

Imagen: www.actaliteraria.blogspot.com



Bruno Di Benedetto


















Tanguito del espejo






quisieras tocarlo a ese que está ahí
en el fondo
darle un empujón de luz en la nuca
decirle aunque sea nomás por señas
que las rajaduras son del vidrio
y no de la mirada
que no es el aliento
el que empaña
por más que respirar duela
quisieras besarlo a ese que está ahí
darle aunque sea nomás un tirón de orejas
feliz cumpleaños decirle
regalarle este lado de la vida
prenderle velitas

sos un santo decirle
mirá qué vida estás haciendo decirle
silbate un tango decirle
salí a mirar decirle
antes de que Algo apague la luz.





Bruno Di Benedetto (Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1955)
De:www.dormiresunoficioinseguro.blogspot.com

Imagen: laseleccionesafectivas.blogspot.com



Sergio Bizzio




Está bien, iba a decir está bien todo esto.
No sabía cuánto podías hundirte y con qué
pesadez. Teniámos las manos en la rueda,
apoyada todavía un poco más sobre la seca rueda
y no sabía cuánto podías hundirte y con qué.
Siempre se deja caer un poco la cabeza.
La rueda corre locamente a lo largo de uno
o dos milímetros, cuando tu mano la detiene.
Un año, a lo lejos, contempla
-y con qué diversidad-mi cara,
 que fue una vez de barro y otra vez
 (por temor a estar ausente) la tuya.
Que vuelvas es cuestión de espacio.
No tan grave, quizá, pero hay algo
de ceniza en el agua que tomo y pienso
lo que duele no es la muerte
sino tu mano lejos de la rueda.
No puede ser la muerte lo que duela.
Alguien ha dicho no puede ser la muerte lo que duela.





Sergio Bizzio (Villa Ramallo, Argentina, 1956)
De: "Gran salón con piano", Ediciones Salido 1982

Imagen: lainquietatentacion.blogspot.com



Blaise Cendrars


Sao Paolo Railway C°





El rápido está levantando presión
Nos instalamos en un Pullman pompeyano que se asemeja a los
.....confortables vagones de los ferrocarriles egipcios
Estamos en torno a una mesa de bridge en anchos sillones de
....mimbre
Hay un bar en el extremo del vagón donde tomo el primer café
....de Santos
Al partir nos cruzamos con un convoy de vagones blancos que
....llevan esta inscripción
Caloric Cy
Qué va
Me ahogo





Escribir





Mi máquina golpea ritmicamente
Suena al cabo de cada línea
Los engranajes producen sonidos guturales
De tanto en tanto me recuesto en mi sillón de junco y suelto una
......gran bocanada de humo
Mi cigarrillo está siempre encendido
Entonces escucho el ruido de las olas
El gorgoteo del agua estrangulada en la cañería del lavabo
Me levanto y baño mi mano en el agua fría
O me perfumo
Tapé el espejo del armario para no verme escribir
El ojo de buey es una rodaja de sol
Cuando pienso
resuena como la piel de un tambor y habla fuerte





Adrienne Lecouvreur* y Cocteau





Compré otros dos titís pequeñitos
Y dos pájaros con plumas como de papel tornasolado
Mis monitos tienen pendientes
Mis pájaros tienen las uñas doradas
Bauticé al mono más pequeño Adrienne Lecouvreur al otro Jean
Dí un pájaro a la hija del almirante argentino que está a bordo
Es una joven tonta y que bizquea con ambos ojos
Le da un baño de pies a su pájaro para desdorarle las patas
El otro canta en mi camarote dentro de algunos días imitará todos
.....los ruidos familiares y sonará como mi máquina de escribir
Cuando escribo mis monitos me miran
Yo los divierto mucho
Se imaginan que me tienen enjaulado






Blaise Cendrars (Neuchatel, Suiza, 1887 / París, Francia, 1961
De Poesía Completa, Ediciones Librerías Fausto, 1975

*Adrienne Lecouvreur, actriz francesa del siglo XVIII


Imagen:www.directmatin.fr








Tedi López Mills

Tedi López Mills

Nieve



Lo más extraño de la nieve
es no haberla visto
pero convocarla
como un hábito del asombro
o una condición de ciertas palabras.
La nieve solícita de Lezama,
por ejemplo,
su nieve perpleja en el trigo,
su festón enhebrado de nieve,
su pulpa cortesana,
sus insectos ciegos
a pique por el flanco frío,
sus nieves declamadas,
sus nieves invitadas,
sus nieves que escrutan
gamos en el bosque
y hojas cubiertas
por la escarcha de una luz
tan tenue como la fábula
del invierno fijo en las palmeras
que se deshace
con el primer golpe de sol,
su rastro de arena,
y la brisa canicular pintada de verde.


¿Qué es esa nieve
retenida por sus paradojas?
¿La nieve de alguien,
íntima e intransmisible,
o la nieve del mundo?
Una analogía redundante:
si el mármol es parásito de la nieve
—no a la inversa—
la cercanía blanca es tan absoluta
que entonces se anula.
Y no hay conocimiento.
Pero con otros colores,
con otros hechos
el símil puede tener
la consistencia de un acto.
Nunca he visto el muérdago,
su amarilla natividad,
sus bayas pálidas en el roble,
su forma suelta y sin corona.
Sé que hay umbrales precisos
donde impone la costumbre de un beso
o épocas en medio del verano
próximas a la sequía
en que arde en una fogata
por sacrificio o por memoria.
Según los druidas
(que para mí son como la nieve)
el muérdago lo cura todo,
es sabio e inmortal.
Lo mismo podría decirse
de cualquier cosa que se desconoce:
el tojo en el mediodía
de un monte quemado,
el baobab en la tórrida llanura
o los tisanuros en un hoyo
distante del viento.


La nieve a veces no tiene linderos,
redime castas, fechas, días,
hace ritos en la tierra
que invierten el orden
de lo que buscan los ojos.
Entonces las quimeras
ya no se miran
tras la reja como antes.
Y así ocurre de repente:
cuando descubrí la nieve verdadera,
la nieve sola,
ya no importaba.


Tedi López Mills (Ciudad de México, México, 1959)
De: "Luz por aire y agua", 2002


Imagen: jornada.unam.com

Antonio Cisneros


Hospital de Broussailles en Cannes


Casi no hay diferencia entre el Palacio de los Deportes y este Hospital
Para los 2 sopla el viento y brilla el sol y los turistas
no chillan en ninguna de sus puertas
(Allá tienen el Fuerte Fenicio reconstruido por Trajano
....................................................reconstruido por el Duque de Saboya
....................................................reconstruido por Grimaldi
....................................................reconstruido por De Gaulle)
El Hospital y el Palacio son blancos
El Hospital y el Palacio 1 son franceses
........................................2 son de cemento
Son el Titanic y el Íle de France encallados a unos cuantos kilómetros de agua
Son el Plan Marshall
El Palacio está lleno de jóvenes que practican deportes
En el Hospital estoy yo y me han sacado
................................................................4 tubos de sangre
................................................................6 botellas de orines
................................................................una radiografía
................................................................2 encefalogramas
................................................................1 electrocardiograma
Mientras el sol calienta y se organiza el Festival de Cine
a mí me duelen los huevos la memoria las últimas costillas voladoras





Antono Cisneros (Lima, Perú, 1942)
De: "Poesía, una historia de locos (1962-1986), Poesía Hiperión, 1990

Imagen: informador.com.mx

Alejandro Crotto

En el haras Vadarkablar





Hasta el corral de tierra y tablas
trajeron al retajo,
un criollo sin halo genealógico,
sin nombre inglés o propio o sangre pura,
a que probara conocer si estaba lista la alazana
alzada como un dios entre jejenes en la luz amarilla de la tarde
con tormenta de fondo; a ver si estaba honda y dispuesta,
veterinarios jóvenes de blancos guardapolvos entreabiertos
entraron el retajo lazo al cuello, y el caballo
meneaba cabizbajo entre resoplos la cabeza y de repente
la levantaba señalando a la alazana espléndida; y la yegua
tirante, sus ollares finísimos alerta, casi ciervo,
miraba de reojo mientras daba su grupa florecida,
y se hizo agua un poquito, se iba abriendo, parpadeaba
su sexo, y apartaba la cola, y el criollo
era potencia aproximándose creciente
hasta montar la yegua, y lo desviaron
las manos enguantadas, lo sacaron tirándolo del lazo y uno dijo
"está lista, buscalo al Equalize que por las dudas la maneo"
y mientras se acercaba por momentos de costado
luego enseguida pecho al frente,
desplegándose altivo, cabeceando
el aire que rompía al paso fino,
el padrillo valioso, se llevaron al otro hasta un corral
con bebedero hasta mañana, y el retajo
ya manso, hocico en agua,
temblaba en ráfagas oscuras
con mínimos relámpagos, no había viento,
se venía la noche.

*Retajo: animal castrado




Alejandro Crotto (Buenos Aires, Argentina, 1978)
De: "Abejas", Bajo La Luna, 2009

Imagen: la elecciones afectivas



Griselda García

La siembra





Hice de tu abundancia
un banquete egoísta 
un rito privado
una fiesta de uno.
Pude verte pero no supe
decir tu nombre
nI velar tu sueño.

Asustaba lo grave de tu canto
tu insistencia en dar verdad.
Cerré los ojos.
Borré el Rastro
que llevaba que a vos.

Como frutas
que había de multiplicar
me encontré, después
Diciendo a otros tus palabras
amando como un animal
frágil como una larva
en su capullo.

Ahora: la siembra.
Esperaré
con la paciencia
del que deseó
y obtuvo.






Griselda García (Buenos Aires, Argentina, 1979)
De: "El ojo del que mira", Ediciones La Carta de Oliver, 2009

Imagen: letradecambiogeneracionveintiuno

Álvaro Mutis






























 "Un bel morir ..."







De pie en una barca detenida en medio del río
cuyas aguas pasan en lento remolino
de lodo y raíces,
el misionero bendice la familia del cacique.
Los frutos, las joyas de cristal, los animales, la selva,
reciben los breves signos de la bienaventuranza.
Cuando descienda la mano
habré muerto en mi alcoba
cuyas ventanas vibran al paso del tranvía
y el lechero acudirá en vano por sus botellas vacías.
Para entonces quedará bien poco de nuestra historia,
algunos retratos en desorden,
unas cartas guardadas no sé dónde,
lo dicho aquel día al desnudarte en el campo.
Todo irá desvaneciéndose en el olvido
y el grito de un mono,
el manar blancuzco de la savia
por la herida corteza del caucho,
el chapoteo de las aguas contra la quilla en viaje,
serán asunto más memorable que nuestros largos abrazos






Alvaro Mutis (Bogotá, Colombia, 1923)
De: "Summa de Maqrol el Gaviero" (Poesía 1947-1970), Barral Editores 1973

Imagen: www.elpais.com 



Siberia Blues, de Néstor Sánchez

Empieza con una carga algo repentina de brigada en desuso, de guitarreros viudos hace miles de años: cuarto de siglo más tarde se hace extranjera pero nostálgica referencia a los bajos entonces mal iluminados de Villa Urquiza, en particular la franja urbana sin acceso posible para nadie que no hubiera nacido en la franja y donde la legendaria barra de Tomasol, la que defendía el criterio de frontera, mantuvo a cualquier precio el fuego sagrado del ocio: todo esfuerzo embrutece, toda tentativa para incorporarse a la caravana del sudor se relaciona con el resto de la ciudad marmota, inminente, sacudida por el hollín y los despertadores.

Jorge Fernández Granados


Los peces




Fuimos bajando hasta el fondo
por las calles del puerto. La noche
remaba en el abismo de los ojos. No recuerdo qué tanto
la brisa nos cubrió de sal y estrellas.
Es conveniente dormir a menos que amanezca, dijo,
pero éramos legión para esas horas ya rancias de cantinas.
El ron juntó a los peces
y a todas las criaturas que no duermen
esa noche de pescadores y viajantes, de grasa y aguacero.

Emigramos a La Luna,
que era una carpa improvisada en los
dudosos territorios del suburbio.
Sudores y cervezas, baile, sedimento
de géneros grotescos de alegría,
se fueron combinando con torpeza
hasta temblar en una sombra, un amasijo
de danza, alcohol y extrañas vidas.

Los círculos que lees con tu mirada
no están en realidad aquí,
pero a ti te fue dado contemplarlos,
—dijo sonriendo y se perdió bajo los cuerpos
en la anchurosa fiesta de esa carne.
El ritmo gobernaba la sordidez o la gracia
y en medio de su lago nos fundimos.

Más tarde, ya cansados
los pocos rezagados en La Luna,
sin sueño y con nostalgia de horizonte,
fuimos a buscar el mar:
la sonata del agua, el apetito de su hechizo,
en esa vigilia donde el límite
del cielo y el océano es todavía tiniebla.

Algo nos lleva ante la orilla
a ver cómo la luz se recomienza
y estar aquí sin comprenderlo,
testigos de este mar alucinado,
súbitamente viejos, silenciosos,
oyendo de su más oscuro corazón
una alabanza.

Sentados en el muelle esperamos el día:
poco a poco fue llegando su violeta,
la noticia azul de su marea,
y en el silencio de su gloria amanecimos.





Jorge Fernández Granados (México, DF, México, 1965)
De:www.omni-bus.blogspot.com

Imagen: dipty.com