31 mayo 2010

Enrique Lihn

mayo 31, 2010

En las cosas se escribe nuestra historia,
en ciertas personas que tratan de explicárselo
por respeto al absurdo,
en los rincones más lejanos de esta ciudad y, por simple extensión,
en la ciudad vecina.
Hay paisajes enteros del lado de la costa donde el propio mar se limita a escandir
más acá del lenguaje un diálogo de sordos.
Las persistentes señales de una misma obsesión rompen a hablar marcando expresiones como éstas:
tránsito suspendido, de un dolor sin nombre
propio y que repite el tuyo
incapaz de otra causa.
Como en una película muda
nuestras caras se eclipsan mutuamente en el cielo
un pobre viejo símbolo de la separación.

Las cosas son las dueñas de su propio sentido que en circunstancias normales
las rodea en silencio, pero ninguna escapa
a la inflexiones de la escritura de un loco.

En resumidas cuentas, todo habla de ti
por boca de una inmensa metáfora
que se confunde con todo.





Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929 / Santiago, 1988, Chile)
De: "Estación de los Desamparados", Premia Editora, 1982

Imagen: 2.bp.blogspot.com

Enlaces a esta entrada: El poder de la palabra; Enrique Lihn



27 mayo 2010

Martín Prieto

mayo 27, 2010
Una mañana montevideana



Amanece en el puerto de Montevideo.
El Río de la Plata,
que en su ancho parece mar,
oxida las rocas del muelle.
Las luces de los barcos
anclados allá
se reflejan sobre el agua tersa
y se hacen, cada una, dos.
Fascinado como el joven Burroughs
ante un espectáculo semejante,
empecé a temer, como él,
que si no me iba de Inmediato
tendria que quedarme allí para siempre.



Acerca del alma



Nada más quisiera el alma:
una percepción emocionante,
materiales levemente corruptos
de eso que llamamos "lo real",
y no estas construcciones de fin de siglo
en el bajo,
galerías desde las que miro
los mástiles enjutos de un barco griego.
Tampoco el agua ni,
más allá,
eso que dicen es la provincia de Entre Ríos.


Martín Prieto (Rosario, Argentina, 1961)
De: "Verde y blanco", Libros de Tierra Firme, 1988

Imagen: www.satt.org

Enlaces a esta entrada: Revista Vox / Neobarrocos, objetivistas ...; Eterna cadencia: Diálogos argentinos

26 mayo 2010

Igor Barreto

mayo 26, 2010

Nocturno



Durante las noches de mi infancia
mi madre
saca una silla frente al portón
y duerme
con el abanico de palma moriche sobre las piernas.

El técnico del taller donde reparan radios
está aún
bajo una lámpara de luz muy pálida.

Durante las noches de mi infancia
los bulbos de una radio desarmada
vuelven a encender su voz
y de nuevo la voz desaparece.

Entre las ramas de un samán
transcurre el río;
se diría que esa noche
da a su paso
un tono más lento.

Durante las noches de mi infancia
escucho el rugido de los tigres
de la casa de los ingleses:
pobres animales enjaulados en torno a una piscina.
Yo sé
que tras el muro
lamen sus garras
y amurrungan los ojos.

Mi padre ha llegado en su jeep
y unas lechuzas lo sobrevuelan.
El único ratón de la casa da las nueve

porque a esa hora corre
y atraviesa la sala.



 
Regreso



A San Fernando quiero ir en el vapor Delta.
Desde las escalerillas ver cómo el barco
separa
las cargas de troncos de los aserraderos
y los lomos florecidos de los caimanes.
Llegar a su puerto de tablones
donde el río entrega las aguas de cien
barrancas
y el recuerdo de algún pueblo orillero.
Cuando la lluvia descuelga sobre mi cabeza
angostas calles enhebran la cifra de tu
nombre.
El río crecido roza la capilla del ánima salvadora
donde iré a dejar unas cuantas monedas
por los amigos que enfermaron de distancia.
Al pasado quiero ir en el vapor Delta,
a los burdeles, a las galleras del traspatio,
donde Dios habita la plenitud de su tristeza.
Que todos los sabanales reblandezcan con
su brillo.
Yo me voy por esta senda donde el rayo se
enmantilla.
Amo las noches lenguaraces de sus muelles,
el sucio butacón de las nubes en los días de
invierno
con marineros apoyados a sus palancas de anoncillo.
El lirio viejo de sus bosques.
A San Fernando quiero ir,
quiero volver,
ahora que el paisaje ha muerto de alabanza.


Igor Barreto (San Fernando de Apure, Venezuela, 1952)
De:www.igorbarreto.blogspot.com

Imagen:www.prodavinci.com

Enlaces a esta entrada:El llano ciego, por Alberto Hernández en Historiagrafías

23 mayo 2010

César Vallejo

mayo 23, 2010



París, octubre 1936





De todo esto yo soy el único que parte.
De este banco me voy, de mis calzones,
de mi gran situación, de mis acciones,
de mi número hendido parte a parte,
de todo esto yo soy el único que parte.

De los Campos Elíseos o al dar vuelta
la extraña callejuela de la Luna,
mi defunción se va, parte mi cuna,
y, rodeada de gente, sola, suelta,
mi semejanza humana darse vuelta
y despacha sus sombras una a una.

Y me alejo de todo, porque todo
se queda para hacer la coartada:
mi zapato, su ojal, también su lodo
y hasta el doblez del codo
de mi propia camisa abotonada.





Idilio muerto





Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

Qué será de su falda de franela;  de sus
afanes;  de su andar;
de su sabor de cañas de mayo del lugar.

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje;
y al fin dirá temblando: "¡Qué frío hay...Jesús!"
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.





César Vallejo (Santiago de Chuco, Perú, 1892 / París, Francia, 1938
De: "Obra poética completa", Biblioteca Ayacucho

Imagen:www.perutop40.com

Enlaces a esta entrada:El poder de la palabraPatria Grande (Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, de Juan Carlos Mariátegui; Libros peruanos

Allen Ginsberg

mayo 23, 2010


Un supermercado en California



   Qué pensamientos tengo de vos, Walt Whitman, esta noche, porque caminé por las boca-calles bajo los árboles con un dolor de cabeza conciente de mi mismo mirando la luna llena.

   En mi hambrienta fatiga y para comprar imágenes, entré en el supermercado de frutas artificiales, soñando con tus enumeraciones!

  ¡Qué duraznos y qué penumbras! ¡Familias enteras, de compras a la noche! ¡Pasillos repletos de maridos! ¡Esposas en los ahuacates, bebés en los tomates!
- Y vos, García Lorca, ¿qué hacías entre las sandías?

   Te vi Walt Whitman, sin hijos, solitario y viejo mendigo husmeando la carne, ojeando a los muchachos del almacén.

   Te escuché preguntar a cada uno; ¿Quién mató las chuletas de cerdo? ¿Qué precio las bananas? ¿Sos vos mi Ángel?

   Paseé entre brillantes pilas de latas, siguiéndote, y seguido en mi imaginación por el detective del mercado.

   Recorrimos juntos los abiertos corredores en nuestra fantasía solitaria probando los alcahuciles, poseyendo cada exquisitez congeleada y nunca pasando por el cobrador.

   ¿Adónde vamos, Walt Whitman? Las puertas cierran en una hora, ¿En qué dirección apunta tu barba esta noche?

   (Toco tu libro y sueño con nuestra odisea en el supermercado y me siento absurdo)

   ¿Caminaremos toda la noche por las calles solitarias? Los árboles suman sombra sobre sombra, luces apagadas en las casas, los dos estaremos solos.

   ¿Pasearemos soñando en nuestra perdida América de amor pasando automóviles azules en las entradas, hacia el hogar de nuestra cabaña silenciosa?

   Ah padre querido, barba gris, solitario y viejo maestro de coraje. ¿qué América tuviste cuando Caronte dejó de pulir su ferry y te fuiste al banco de brumas y te paraste mirando al barco desaparecer en las aguas negras del Leteo?


Allen Ginsberg (New Jersey, 1926 / New York 1997, EUA)
De: "Antología", Ediciones del Mediodía, 1969
Traducción de Marcelo Covián


Enlaces a esta entrada:Poetry Foundation; Cyber Humanitatis; Raúl Henao en Festival de poesía de Medellín
Imagen: elrumosdelosbosques.blogspot.com

20 mayo 2010

Oscar Taborda

mayo 20, 2010
Sol negro





   Esta es una casa deshabitada.
Parece la mente extenuada de un viejo
en cuyos cuartos cerrados latidos son
la madera que cruje a cada paso.
Un lugar para que la memoria ronde a ciegas
hasta desembocar en la cocina, abrir una ventana
y otra vez recomenzar.

Viento en zig-zag sobre el asfalto mojado
husmeando resquicios por donde colarse,
grandes ramas que taponan la alcantarilla
enredadas con hojas de diario y sucios
envoltorios de papel. No precisamente
conocimiento se obtiene de estas cosas
sino algo más pobre.
El Mercurio de bronce entre dos gruesas
palmeras que se agitan, lustroso;
los automóviles que por evitar el agua estancada
desaceleran, torciendo a la izquierda;
mesas vacías del "Foglia",
blancas en la vereda reluciendo
como vacas que abrevan a orillas de un río.
Prematuro anochecer en que, sin esperanza,
entre desperdicios removidos por la tormenta,
la cabeza de ébano, las ancas
y los costillares de un caballo vuelven a mí.
Uno criado por Loiácono al que dijeron
que apostara: Pax Romana, Empereur, Traficante
o algo parecido, un nombre susurrado
en medio del hormiguear de los apostadores
yendo de las boleterías a las gradas.
Y del regreso del hipódromo, en la rotonda,
una pick-up y un camión cisterna,
distantes entre sí 50 mts, se incendiaban.
Pasto quemado, trizas de vidrio esparcidas
por el pavimento y manchas de aceite;
los curiosos dispersándose en la lluvia,
gruesas gotas rebotando en el capot.
PRIMERO EN LA 6TA. CARRERA BLACK SUN.
1' 12" 3/5 en los mil doscientos.





Oscar Taborda (Rosario, Argentina, 1959)
De: "Diario de Poesía Nro 16"


18 mayo 2010

Pablo Neruda

mayo 18, 2010


¿Dónde estará la Guillermina?





Cuando mi hermana la invitó
y yo salí a abrirle la puerta,
entró el sol, entraron estrellas,
entraron dos trenzas de trigo
y dos ojos interminables.

Yo tenía catorce años
y era orgullosamente oscuro,
delgado, ceñido y fruncido,
funeral y ceremonioso:
yo vivía con las arañas,
humedecido por el bosque,
me conocián los coleópteros
y las abejas tricolores,
yo dormía con las perdices
sumergido bajo la menta.

Entonces entró la Guillermina
con dos relámpagos azules
que me atravesaron el pelo
y me clavaron como espadas
contra los muros del invierno.
Esos sucedió en Temuco.
Allá en el Sur, en la frontera.

Han pasado lentos los años
pisando como paquidermos,
ladrando como zorros locos,
han pasado impuros los años
crecientes, raídos, mortuorios,
y yo anduve de nube en nube,
de tierra en tierra, de ojo en ojo,
mientras la lluvia en la frontera
caía, con el mismo traje.

Mi corazón ha caminado
con intransferibles zapatos,
y he digerido las espinas:
no tuve tregua donde estuve:
donde yo pegué me pegaron,
donde me mataron caí
y resucité con frescura,
y luego y luego y luego y luego,
es tan largo contar las cosas.

No tengo nada que añadir.

Vine a vivir en este mundo.

Dónde estará la Guillermina?





Pablo Neruda (Parral, 1904 / Santiago, 1973, Chile)
De: "Extravagario", Editorial Losada, 1958)

Enlaces:Universidad de Chile; Fundación Neruda;Discurso Premio Nobel
Imagen: textosycontextos.telam.com.ar



15 mayo 2010

Mirta Rosenberg

mayo 15, 2010




El deseo convive con el pasado: yo paseo
por un costado. Miro los peces - ¿japoneses,
africanos? - comiendo - casi  perros - de la mano.
Son largos como un muslo y anchos, algunos,
como un brazo musculado. Coloreados
como en la infancia, crudos, suben
a la superficie donde aluden, por pedazos,
al interior de un cuerpo humano imaginado.
No hay manos pero sí ojos, una boca
perfectamente circular, como cedazo,
y rígidos indicios de bigote a cada lado.
¿Un torso desmenbrado o mienbros
de la misma cosa? Tejido policromado,
conectivo, conectado. La manera de mirar
y al manera de ventosa, obscena, de la boca,
el tamaño - yo diría, colosal - y la evidencia
brutal de los colores contra el agua parda
son dignos de admirar: un bagre bello, grande
y envidiable en colorido, en el estanque,
hasta sociable en el encuadre de un verde japonés
que no es de estampa, sino de vida. Pero hay trampa
y paseo bajo sombrillas. Atraída, algo en la escena
me fastidia: ¿el ohhh de esa boca admirativa?
Una vaga aprensión - tibia, lasciva - por el aspecto
de la imaginación que mira y ve, escenográfica, sombría,
una región de miembros descuartizados. Se diría
la zona - atea -de la porfía, que junto al agua
imagina su propia anulación. Yo deseaba
un canto de sirena entre los peces, las heces
del pasado, la sanción y hacerme a un lado.
Fue una pena. No conviven el deseo y la inocencia
de lo deseado, que dejaba que desear. Entre tanto,
me ha dejado pasear.





Mirta Rosenberg (Rosario, Argentina, 1951)
De: "Madam",  Libros de Tierra Firme, 1988


Imagen: www.revistamododeusar.blogspot.com

Enlaces a esta entrada: La infancia del procedimiento; Poetry International



14 mayo 2010

Jorge Boccanera

mayo 14, 2010

Allegro ma non tropo




Simplemente
                 una llamada telefónica diaria
justo al amanecer
                 cuando la voz de ella
todavía
no era más que un gemido prisionero
por un terrible ejército de sábanas

simplemente
                 esa llamada por teléfono
y escuchar las primeras palabras
que esos labios resecos
por la espma sagrada de la noche
                 dejaban escapar

luego el itinerario de una voz insegura
que inauguraba el día
con la saliva aún no resuelta en saludo o más dulce

simplemente
                   esa llamada por teléfono
y la profanación de aquel que cree escuchar
el roce de una piernas o
             adivinar
el norte y sur de ese cabello negro e
             investigar
             los pliegues / almohadones y recortes de diario
viejas fotografías en la pared descascarada
hasta que esa otra voz cualquier mañana dijo: " ¿Quién?,
            ¿cómo?"
                      y "ella no vive más aquí".


Jorge Boccanera (Bahía Blanca, Argentina, 1952)
De: "Tus ojos del pájaro quemado", Editorial Katún, 1982

Imagen: albumnocturno.blogspot.com

Enlaces a esta entrada:Geomundos, Editorial Utopías

Louis Aragon

mayo 14, 2010
Licantropía contemporánea





El grado más alto de la tristeza tanto puede ser
un general ciego mendigando a través de las islas
como hacia las 3 de la mañana la avenida de la Ópera
No hay límites para la melancolía humana
Se cuenta siempre con una piedra para colocar sobre la pirámide de las lágrimas
Estáis seguros de padecer tanto como una mujer estrangulada
en el momento en que ella sabe que todo ha terminado y desea acabar
Estáis seguros de que no valdría más
ser estrangulado si uno piensa en los cuchillos de las horas que se acercan
Desde hace tiempo vivo mi último minuto
La arena que mastico es la de una agonía invisible y perpetua
las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Como cuerpos privados de sepultura
los hombres se pasean por el jardín de mi mirada
Soñadores inexplicables
o soy el único a quien golpea una mano desecada
en este desierto poblado entre estas flores áridas


Amo y soy amado Nada nos separa
Por qué entonces estar triste en el corazón espléndido del amor
El mundo sacude su estúpida cabeza Sabelotodo
Amo aunque la vida sea mortalmente intolerable
Amo aunque luego me vea obligado a aullar
Detrás de mí arrastro el manto fantasmal de las intenciones ocultas
Una cadena de perfeccionamientos del dolor moral
suena a mis pies espantosamente desdichados
Amo y nos amamos pero en medio de un naufragio
pero en la punta de un puñal y no puedo
no puedo soportar el mal que esto ha de hacerte
Tus ojos tus ojos amor mío desorbitados por todo lo que sea placer
Que me arranquen el corazón con tenazas
que terminen con mi cabeza que se despega
Bebo una leche como tinta y la hora del mediodía
se parece al carbón de los pantanos
donde se marchita el Sphagnum al que tomo por mi imagen en los espejos
Yo amo Yo te amo pero
en la cala de un barco en el instante de dar el salto Impaciencia
Innoble impaciencia de saber si eso podrá soportarse

Es probable que todos me juzguen un criminal
guiándose sólo por las debilidades y el aspecto
Ese hombre que según los diarios de la mañana decapitó a su amante
mientras dormía a su lado sollozó en el juzgado
La había asesinado en el cuarto después
en el sótano primero con un cuchillo luego con una sierra
separó la cabeza adorable para poner
el cuerpo en una bolsa lamentablemente algo pequeña
Sollozó en el juzgado
No somos acaso parecidos a las palmas
que crecen unidas florecen y fructifican
para dar una imagen del amor perfecto
El otoño llega con las manos llenas de ilusiones resplandecientes
Qué crimen es ese que me hace sollozar
Mirad mi amor está vivo Muéstrate querida mía
Nada podréis probar La coartada verde como una floresta
Se extiende por el horizonte donde graznan inútilmente los cuervos
Sin embargo en cada árbol hay un ahorcado que se balancea
en cada hoja una mancha de sangre

Qué puede haber peor que el cielo al amanecer o el betún de la tarde
Qué es eso que me impide morder a los paseantes en los bulevares
La amargura que siento crecer en mí puede ser el primer torrente de un diluvio
a cuyo lado el otro parece un vulgar desborde de cloacas
Recuerdo que en mil quinientos cuarenta y uno
cerca de Pavía
cuando me apresaron en la campiña por donde deambulaba
víctima de los primeros efectos del mal
los campesinos no quisieron creerme cuando les dije la verdad
Rehusaron tomarme por lobo furioso
a causa de mi piel humana y Santos Tomases
eternos de la ciencia experimental
cuando les confesé que mi piel lupina estaba oculta
entre pellejo y carne
con sus puñales me hicieron tajos en los miembros y el cuerpo
para verificar mis melancólicas afirmaciones
no me tocaron la cara
espantados por la atroz poesía de mis rasgos

Qué es eso que me impulsa a aullar en las tumbas
qué es eso que me obliga a escarbar irresistiblemente en el polvo
donde duermen los enamorados en descomposición
Qué vas tú a exhumar como si la luz viviente
no tuviera bastante con las heridas de los vivos
Dadme el lenguaje tenebroso de los ajusticiados en la silla eléctrica
el vocabulario último de los guillotinados
La existencia es un ojo reventado Que se me entienda
bien un ojo que hacen reventar a cada instante
el harakiri sin fin Me enfurezco
al ver la calma idiota con que reciben mis gritos
Por eso quiero sacar de las fosas hipócritas
a los fallecidos de muerte violenta con sus pupilas horrorizadas
quiero desterrar a las víctimas de las catástrofes
cuyos esqueletos conservan las posturas del terror
que se adaptan maravillosamente a estos días que corren

Decía precisamente mi vecina que hay
gentes que se tiran al agua
Si soy una bestia babosa a quien el asco del mundo
hace babear sería muy fácil acabar con todo
amor mío amor mío oyes esta blasfemia
No es la palidez del amor no es la palidez de la muerte
sino la de los lobos ésta que hay en mi rostro
No puedo morir a causa de esta flor inmensa
cuyo cáliz no puedo soportar que se cierre
Se ha logrado un notable progreso en materia de torturas
sobre el cobayo que soy
sobre el cobayo salvaje que soy las dos manos
atrapadas en dos puertas
el amor la muerte
y unos hércules abstractos se apoyan sobre las dos puertas
con la tranquila seguridad de un número de music-hall
ejecutado sin ningún esfuerzo aparente
Cómo nunca notaste que mis besos se parecían a las palabras sacrílegas
que son todo lo que queda por decir a los esclavos descuartizados
Cómo nunca notaste que te amo en el instante mismo en me matan
que es siempre la última vez que gozo abominablemente en tus brazos
Tus brazos tan bellos que ahí está justamente
ahí está lo más terrible

Todo tendrá que acabar de modo salvaje
Yo te perteneceré haré arrojar a tu amante a las fieras
O lo haré examinar con engaños por un médico alienista
o bien lo mataré fríamente
amor mío
durante su sueño mientras yace pálido y desnudo
mientras los lobos surgen en torno de los cementerios donde duermen
los bellos días que pasamos juntos amor mío.




Louis Aragon (1897/1982, París, Francia)
De: "Persécuté Persécuteur", 1931
Traducción: Aldo Pellegrini


Enlaces a esta entrada:Wikipedia; Clarín; El poeta ocasional
Imagen: epdlp.com

13 mayo 2010

Alfonsina Storni

mayo 13, 2010


Tristeza





Al lado de la gran ciudad se tiende
el río. Cieno
muy líquido. Parece
que no se mueve, que está muerto, pero
se mueve.

Justamente como es cieno
se va buscando el mar azul y limpio,
y hacia él muy pesado, mueve el cuerpo,
sin detenerse nunca; siempre otro
aunque parezca el mismo.

Río muerto,
desde esta torre, mientras muere el día,
ensoñando lo veo
que se ensancha en un vasto semicírculo
y se pierde allá lejos
bajo la bruma gris, cortada a ratos
por un triángulo blanco.

Sobre el puerto
buques y buques se amontonan, y éstos
parecen peces monstruos afanados
sobre un mismo alimento.





Alfonsina Storni (Sala Capriasca, Suiza, 1892 / Mar del Plata, Argentina, 1938)
De: "Languidez", 1920
Enlaces: Biblioteca virtual Miguel de Cervantes

Imagen:www.kempis.nl

11 mayo 2010

Alejandra Correa

mayo 11, 2010
Sostiene mi mano derecha
en su mano derecha
la contiene en el hueco
y aprieta mi puño
en su puño

pulgar e índice
apuntalan esta pluma

dibujamos unos signos antiguos

me lleva desde fuera de mi trazo

él es mi trazo
él se aventura
yo lo sigo

pero ya no es a él
es al movimiento y su música

su mano apretando la mía
su movimiento en el mío

mojamos juntos la pluma
en el tintero mínimo

el olor agrio de la tinta negra
en mi pequeña nariz

volvemos al trazo interrumpido
se elevan nuestras manos
se acortan
se ciñen
se controlan

dibujamos el idioma

respira tan cerca
su profunda voz emite algún sonido
como dictando más corto
más largo más reunido

y entonces me dice:

- Ahora, vos sola

y me abre en un abismo

 
Alejandra Correa (Minas, Uruguay, 1965. Reside en Buenos Aires)
De: "Cuadernos de caligrafía", El suri porfiado Ediciones 2009
 
Imagen:www.elespirituliterario.blogspot.com

Enlaces a esta entrada:La infancia del procedimiento; Antes que anochezca

09 mayo 2010

Fernando Balseca

mayo 09, 2010
Al contrario que yo
tú no has estado en Sacsaywaman preguntándote de dónde,
cómo vino a parar tanta piedra cincelada en paisaje con otra economía.
No has andado por las trochas de Cascol en busca de un haz de luz
para producir una emulsión en mi tumba cuando me quede mudo.
Tampoco te han visto entregada a la garúa en la rada de Cojímar.
Nunca te asomaste al acantilado del callejón sin salida de Sound Beach.
Mas cada vez que retorno a los espacios que para mí he descubierto
percibo que ya estuviste allí silenciosa, prefigurando
el tiempo del absoluto comienzo y de la inútil proposición del reencuentro.
Tampoco di contigo en un casa esquinera en Lacret y Pasaje Oeste
cuando aprendí un paso de son que salva al que ha perdido el ritmo.
Nunca consumí mi espera frente al número 2 de la calle Teodoredo
atisbando el segundo piso alto en busca de la silueta de la revelación.
No rondé por el barrio Centenario buscando que se desprendiera un aerolito.
No estuve contigo en la sala de los claustros en el alto Manhattan
ni en el zoco de Marraquech comprando un poco de rapé
para destaparme la nariz y deshacerme de la alergia al ácaro doméstico.
Nunca compartimos el tour en Leningrado Lisboa Melilla Praga Petra.
En mi puta vida degusté una sopa marinera en Cotocollao.
Jamás viviste allá o aquí: sólo una sombra irrumpiendo mi camino.
Pero algo inmemorial me dice que si Ptolomeo te hubiera conocido
ya hubiera encontrado para ti un preciso lugar en el sistema.





Fernando Balseca (Guayaquil, Ecuador, 1959)
De:www.laseleccionesafectivasecuador.blogspot.com 
Enlaces a esta entrada: Las elecciones afectivas Ecuador

Imagen:www.uasb.edu.ec

06 mayo 2010

Alberto Szpunberg

mayo 06, 2010


I


Pensativa en el balcón
casi como la hoja en el aire
cuando lo único que la agita es la luz,
trémula y efímera como el equilibrio entre el cielo y la tierra
y grave y definitiva como el equilibrio entre el cielo y la tierra.
Sólo ella puede decir que los hombres que caminan allá abajo
son como las nubes que avanzan por arriba, también ella,
formas que cambian al amparo del otoño, o de ella quizás, o del aire suave,          
                 del tierno frío
que parece derramarse sobre el mundo desde sus manos
                           sostenidas en un adiós.


X


Ella vuelve al balcón, sonrié, gira
y sus manos sobre mi frente borran toda la sombra de las
                           huellas, todas las prisas.
"trémula y efímera como el equilibrio entre el cielo y la tierra
y grave y definitiva como el equilibrio entre el cielo y la tierra"

Por qué, me pregunta por qué
cuando acaso el amor -la poesía, tan vana si se quiere - es la
                            única coherencia de lo azaroso.





Alberto Szpunberg (Buenos Aires, Argentina, 1940)
De: " Apuntes (1982-1985), Libros de Tierra Firme, 1987

Imagen:www.revistateina.org

Enlaces a esta entrada: Wikipedia; Revista Teína

05 mayo 2010

Manrique Fernández Moreno

mayo 05, 2010

Veintitantos años



de nuevo me he encontrado con la noche
su recinto es el mismo no ha cambiado
el estanque húmedo
las balaustradas
la soledad es la misma la arbitraria
aunque apriete los tacos
simule indeferencia y silbe
las manos en los bolsillos laureados

no puedo ignorar la noche
hirviendo sus caracoles negros infinitos
contra mi corazón que es un desastre

cada noche que pasa entre sus focos
cada sueño que tiro por la cama
cada bala que deja tu revólver
cada petunia que ofrezco a la mujer
cada vez que llamo el ascensor
y le pregunto por el piso mío
sólo la muerte se me acerca un poco


Manrique Fernández Moreno (1928 / 2006, Buenos Aires, Argentina)
De: "Pateando un empredado", Rodolfo Alonso Editor, 1970

Enlaces a esta entrada: La Nación

Imagen: Daniel Grad

03 mayo 2010

Mario Rivero

mayo 03, 2010

Las campanas de San Francisco





Las campanas de San Francisco, se desparraman,
cuando los hombres quisieran volver a estirar sus colchas y dormirse,
con los ojos todavía pesados de mal-sueño,
rojos, y abiertos al fondo de un aburrido cuarto.

Los tarros de basura siguen hediendo...

Alguien se estará lustrando los zapatos con las cortinas
-como dicen que hacen los viajeros en los hoteles-,
alguien se puede estar poniendo un overol de obrero,
alguien que tuvo su pequeña guerra civil en esta noche
puede estar lidiando su última escaramuza sobre una colina blanca,
alguien orinará desnudo, una última burbuja de cerveza
o alguien a quien nunca conoceré, hastiado,
puede estar haciendo lo que la gente llama "una locura..."





Mario Rivero (Envigado, 1935 / Bogotá 2009, Colombia)
De: "Vuelvo a las calles", 1989

Imagen: juanherrera.co
Enlaces a esta entrada: Casa de Poesía Silva

02 mayo 2010

Santiago Sylvester

mayo 02, 2010


Hamlet en el mercado





También nosotros podemos, como Hamlet,
sostener la calavera
y hacer las conjeturas de la angustia,
preguntas sin paliativo que sólo tienen, como él,
un estado de emergencia.

Algunos, sin embargo, no preguntan:
usan la calavera para abreviar la desgracia.
Ahí está, por ejemplo, ese ciego
que cambia ceguera por conmiseración,
la puta de ojos exagerados que no cree en los hombres
pero los acoge con amabilidad,
el niño-monstruo, el pintor sin brazos,
el sordomudo hábil en juegos adivinatorios,
el gitano de la cabra que saca aplauso de la miseria de ambos.
Cada uno con su calavera,
con su sonrisa en mitad del espanto,
ahuyentando la duda con voluntad socrática,
conociéndose a sí mismo para poder comer.





Santiago Sylvester (Salta, Argentina, 1942)
De: "Libro de viaje", Libros de Estaciones, 1982)
Enalces: Revista Omni-bus; Las elecciones afectivas Argentina

Imagen:www.picasweb.google.com



01 mayo 2010

John Landry

mayo 01, 2010

Cuando la noche es un golpe de suerte



Una lámpara de sobrio diseño
ilumina la sobremesa de la cena:
ya no hay platos sobre la mesa
y el llavero de pata de conejo
cae con gracia desde la puerta del closet
Es la hora en que los sueños hecho de números
se entremezclan y tosen en la mano
un aliento parecido al contabilizar cuántos sueños fuimos capaces de hurtar
O quizás a esos breves instantes de suerte.
Así, el tiempo se congrega
y se hacen anotaciones y listas
en una pequeña libreta
y se presenta ese ensamblaje
que hurga y rastrea
las huellas de la familia
Ahora
sobre los restos de comida
y los cartones de bingo
Ahora
en que los números cuentan historias
de generaciones completas
arbitrariamente dispuestas
sobre la mesa
Y tantos jugadores clave
ahora están ausentes,
y la pregunta: qué integrante
de este juego de cartolas y fichas o porotos
permanece aquí para reemplazar
en mi cabeza y mi corazón cansado
tan cansado,
pregunto:
Quién va a podar los ciruelos
cuando yo abandone este juego.

John Landry (New Bradfort; Estados Unidos de Norteamérica, 1953)
De: "Quién va a podar los ciruelos cuando me vaya", Editorial Cuneta, 2010
Traducción de Germán Carrasco

Imagen: stonesouppoetry.blogspot.com
Enlaces a esta entrada: UDP Escuela de Literatura

Gabriela Saccone

mayo 01, 2010

Una polilla entre cáscaras




Una polilla entre cáscaras de papa,
este hombre humilde de ojos azules
-vejez alada entre desperdicios,
No es un necio y bala monosílabos
como toda respuesta.
¿Por qué se apiada del censista?
Acercarse a la carpa del traidor
para grabar en la retina
lo que quiere llevarse del Atlanta:
banderines nomás, el hule de las mesas,
y el sol pegando an la cancha de básquet.




Que en mí queden unidos...




Que en mí queden unidos
a lo que debería ser un crepúsculo
tres hombres entre los yuyos hurgando
montículos de basura
a quién le importa.
El puente roto sobre el Saladillo
y más gente para el transbordo
en la explanada del Swift.
El que vende choripanes como hostias
se apoya en la baranda y escupe
al paso de los que él llama
una manga de hijos de puta,
el cielo ambarino vacila sobre el agua
y hasta ese paquebote a medio hundir
parece hundido del todo.


Gabriela Saccone (Rosario, Argentina, 1961)
De: "Diario de poesía" Nro. 56

Imagen:www.salidaalmar.wordpress.com
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