Ruy Rodríguez, un poeta ocasional


de lola y con trompeta de hojalata




 

estoy haciendo sonar una trompeta de hojalata, tiro de tu mano lola, me cansan las lluvias que no lavan ni mojan mi ventana. ahora ya no estás, te fuiste con el pobre hermanito de novelista famoso disfrazado de marinero yanqui, que no toca trompeta pero da lata en forma creciente y obligada. toco trompeta y toco tu pierna lola cuando estás bailando.
no...no pares, sigue bailando total estamos solos parapetados en esta andrajosa madrugada, no pares, piensa que te miras en un espejo, tu niño de celuloide duerme y abraza una trompeta y sueña que es contramestre en un barco que se pavonea con ruido a latas en un mar picado de bañadera antigua. tienes ojos tristes, ojos que se expanden en fuga, ojos que hacen fiestas de todos los elogios, no ejerzas profesión de triste, baila aunque no suene mi trompeta, mírame y baila en tu espacio ortopédico. yo no sé bailar, nunca pude aprender porque me daban verguenza los ojos famélicos de mi primera compañera de baile. pero ahora los andamiajes han cedido y el dolor como lata oxidada peca de escándalo en este prontuario de niño-contramaestre-que-toca-la-trompeta.
tu niño como yo no duerme lola, tu niño teme los inciertos amaneceres con gallos de papel maché cantando sobre las demoliciones. sigue bailando como en aquella niebla con musgo e infinito puerto de la película de jacques demy. oigo tu risa lola. brilla el tribunal de tu boca. no pares aunque yo te hable de barcos con borrachos tripulantes, aunque recuerde puertos alejados de las playas en mares que fermentan, no pares
a pesar de las levaduras y manchas en fotos memoriosas. sigue bailando que ese tu sol inusitado ya lustra destellos sobre un blanco convertible americano de tensas y opulentas formas como tus vecinas: esa damas provincianas de corsé avasallante.
no te calles ni te vayas con el día lola. piensa sólo en; qué podría hacer un tocador de trompeta de hojalata como yo entre las engranajes de una maquinaria francesa. tal vez buscar corales en el sena o escribir una larga lista de hambres concentradas y colgarla como si fuera un kakemono en la torre eifell (allí donde por última vez entrecerraron los ojos y lloraron sordas notas soplando sus trompetas los ídolos suicidas), y caminar y cansarme hasta finalmente sentarme en algún oscuro grabado de daumier donde poder pensar y proyectar la búsqueda del dormitorio de un vientre exasperante.
lola, nada de eso ya sirve, nada de eso hará brillar las lentejuelas de tu sol sobre los escombros de este mapa, de esta quemada geografía que ahora sólo quiere ser un estertor en nuestra pequeña vitrina de desorden para poder partir una vez más, y ser el brujo-payaso-imperialista que toca la trompeta como miles davis entre los dementes del amazonas, con los paisajes barridos por los cocodrilos con sus dichosos hocicos taciturnos, con toscas sirvientas con aros de todos los colores y un enorme infierno de elementos.

hay memorias hoscas que se arrastran por las notas bajas de este solo con sordina, ya has dejado el límite del tiempo y se mueve el continente. toco tu pierna. dejo la trompeta y tiro de tu mano. ya las lluvias marcan las horas de marcharse con las ratas lola.

Ruy Rodríguez
De: "El buho en el vitral", Ediciones Sunda, 1967

Imagen: taringa.com

Piumo o el anagrama pirofágico

El grupo Opium, asi como las publicaciones que generó, tuvo su tiempo entre 1962 y 1968. Pero ésa es la historia oficial de una experiencia nada oficial. También existe una prehistoria bastante secreta y que puede sintetizarse asi: hubo una primera plaqueta -quizá el primer fanzine sudamericano-, un ejemplar hoy aún más inhallable que sus otras impresiones, que reunió y luego confrontó a Ruy Rodríguez y a un jovencisimo Juan Carlos Kreimer -el mismo autor de ¡Agárrate! (1970), la primera gran biblia del rock nacional, con fotos de Osear Bony y Punk la muerte joven (1978), libro de cabecera de toda una generación de punks hispanoparlantes- por disidencias en la que se entremezclaban lo tipográfico, ideas de diseño y otras intenciones. Rodríguez quemó gran parte de los ejemplares y Kreimer reformuló los restantes presentándolos bajo un anagrama jitanjafórico: Piumo. Si el nombre original era una apropiación de Alfred Jarry (de Les minutes de Sable Memorial: "Tras entregar un papel azul al cajero, con el bolsillo tintineando, ascendí a uno de los ómnibus del pais del Opium"), el neologismo de Kreimer pasó a engrosar, de inmediato, el argot circulante de unos pocos iniciados (perversiones de otras perversiones del lunfardo). Como "Sunda". Menesunda, Ultra Zum, etc.

Fue entonces cuando Rodríguez (fan confeso de la poesía de Enrique Molina) conoció a Mariani (quien todavía usaba su nombre de pila, Reynaldo). Y pocas semanas después. Rodríguez partía hacia Brasil, donde viviría hasta 1964. Colaboró con la Revista Agraria y escribió un libro de poemas, cuya edición íntegra olvidó cuando regresó a Buenos Aires, huyendo del clima político que empezaba a proliferar. Para una nueva plaqueta, donde apareció su poema "El visionario y la ciudad", ensayó una autobiografía mínima: "Nació por 1940, creemos. A veces lo encontramos en un café de Buenos Aires, siempre desaparece al día siguiente. (...) Qué hará mañana, nadie lo sabe. Al frente otros itinerarios llenos de visiones. Esperemos".

Rafael Cippolini en I poeti nomadi

Enlaces a esta entrada: La imaculada decepción;Beatniks en Iberoamerica

Zona de la poesía americana

Hoy, 9 de junio de 2012, me entero por intermedio de Fernando Sabido Sánchez en Facebook que falleció en Bruselas Miguel Ángel Páez


La revista Zona fue editada por Edgar Bayley, Miguel Brascó, Ramiro de Casabellas, César Fernández Moreno, Noé Jitrik, Jorge Souza, Francisco Urondo y Alberto Vanasco.
En el Nro.4 de Noviembre 1964 se publicaron unos poemas de Miguel Ángel Páez de quien no encontré datos actuales. ¿Un poeta ocasional?. Reproduzco la presentación de sus poemas en la revista:

"Miguel Ángel Paéz nació el 21 de agosto de 1937, en San Luis. Reside en Bélgica. Integró el grupo El Taller, de la revista Barrilete, en cuyo Informe de la Esperanza dio a conocer los únicos poemas que ha publicado hasta el presente."


Edipo 


Trata de recordarme
cuando las aves del corral se vayan
No me dejes la camisa colgada del espinillo
espera verme levantado
                                    y conduciré
                                                   y educaré
la familia
Déjame el pantalón con sus orines
el remolino en mis cabellos
el pullover de cuello alto
las zapatillas sin cordones
Y llévate esta frazada
la cama y los elementos de cocina:
comeré junto al mar
cultivaré la hierba
dormiré donde descansa mi fatiga
Ya puedes irte
                                no te pido consejos
sino,
que me permitas caminar solo o te mato


Lo pienso serio, serio, serio


Si la mañana viniera a casa
lavaría su cara con herrumbe
para que aquél
me salude con buena nueva
                    Yo no tendría nada que pedirle,
hablaríamos del tren de la jormada anterior
como si en ello hubiera una nostalgia limpia
                                                      que espera
Si la palabra
llega hasta mi casa la lleno de sonrisas
la cambio por un pan
por otra cara triste.
Si mi pequeña humanidad
llegara hasta la puerta, la borraría de un abrazo
hasta quedar sin techo.
                                   Si llega sola,
me encuentra muerto.


Beatriz Vignoli



Akshab





Llegamos a Los Ángeles por el desierto,
5760 millas bajo un cielo sin agua
huyendo del Colorado
sin dormir desde Ur
sin pensar que las estrellas que con tanta presisión allá brillan
pudieran estar muertas.
Y nada, sólo Supertramp en la radio
y la oscuridad alrededor
donde surgián cada tantos kilómetros luces que parecián habitables
y desaparecián en el tiempo.

-Hubieras visto-deciás-la cara que puso cuando volvió del monte
con la escopeta en una mano, y ua liebre agarrada de las orejas
en la otra:
"¡Primero lo del guiso de lentejas y ahora esto!"
gritaba el Colorado, y Rivka, nuestra madre, lloraba al cielo,
Era natural que preferiémos no hablar del asunto:
"...eso rojo, eso rojo..."
la historia de tu familia sangra por donde la toques,

"Canaán 12 km" leímos en un cartel verde
al que las luces del auto alumbraron de modo fantasmal por un instante.
-El logo de Goodyear-decías-la sandalia con alas;
¿no es acaso una representación ideográfica de mi nombre?
-Jack, eso es Hermes, Mercurio...
-Seré genetista, bígamo y recordado como la etapa Trickster del héroe
en la mitología judía-dijiste como en un sueño.
Verdaderamente era terrible ese lugar.
Luces rojas y azules comenzaron a acercarse
mientras doblábamos, internándonos en el campo entre los grillos.





Si en lo que resta





¿Si en lo que resta
no somos quienes seríamos;
si en lo que resta
no me anudo al cuello un pañuelo italiano
ni señalo, con un gesto, el espacio
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de un cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta;
si en lo que resta no amo una gran ciudad,
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me canto una canción
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
"Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella
para soportarla", y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
del tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi voz
gorjee e inunda la noche
hasta convertrila en otra cosa, en algo parecido a un pastel
de oro y dulce, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del hombre se concentra en tu imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía
y entonces nada falta,
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,
si, dulces moribundos, no borramos
el borde entre esta soledad
y el mundo, si en lo que resta no somos
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es,
si en lo que resta no somos espléndidos,
si en lo que resta no somos quienes seríamos,
no damos con nuestro recuerdo del futuro,
no honramos aquella nostalgia del mañana;
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,
hacia aquéllos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo,
si no nosotros, entonces quién
nos consolará de estar tirados aca?





Beatriz Vignoli (Rosario, Argentina, 1965)
De: "Viernes", Bajo la luna nueva, 2001
Enlaces a esta entrada: la elecciones afectivas; La curiosidad mató al gato

Imagen: redaccionrosario

Julián Bejarano (inéditos)


La chica de tres días sin dormir



Esperás el colectivo
un viernes a la noche.
La luna pasó de largo
dejó atrás al comedor
y se acomodó
entre las plantas del fondo.
Vestís unos chupines verdes
una remera violeta
superpuesta a otra naranja
cubre tus tetas infladas y redondas.
Peinás un flequillo caprichoso
hacia el costado.
Tenés los labios pintados
con un rojo indio.
Escuchás cumbia en el celular
con las dos manos tapándote las orejas.
La mente en blanco
los ojos verdes rojos.
Tres días sin dormir
bajo la luz del alumbrado público.



Latas de cerveza heladas sobre el mostrador



Latas de cerveza heladas
sobre el mostrador.
La kiosquera
mueve rápido
las manos
desdibuja
trayectos irreales
sobre la superficie
espaciosa del momento.
Ella piensa
en la resta
del vuelto
pero después
flashea
una noche estrellada
donde ella anda de gato
y corpiños rojos
con el hombre
de otra mujer
que al final
la parte
en dos
como a un queso.



Casa



El desorden
de las sillas
alrededor
de la mesa
en la pantalla
apagada
del televisor.
Los pobres
toman mate
dulce
debajo
de los árboles.
La tanda
de ropa
colgada
de un cable
arriba del techo.


Julián Bejarano (Buenos Aires, 1983 (reside en Paraná, Entre Ríos) Argentina
De: "Humito" (inédito)

Enlaces a esta entrada: Autores de Concordia
Imagen: deusahiaalaquiaca.blogspot.com

Viviana Abnur (inéditos)



ella dice
las dedicatorias siempre llegan a destiempo

maelstrom: en la foto la niña hace
la v de la victoria
de fondo la persiana descuidada del taller
de tío felipe
¿se salvó la niña en el instante de la foto?
¿en ese cuadradito del 70?
¿comprendió algo alguna vez?
no y no
maelstrom: un golpe de suerte sobre la costa
creo que más allá del mar hay otro mar y otro y otro más todo agua
con mi barca incluida
así los marineros en el puerto los días y las noches
así las estrellas a la tierra sobre la cruz del sur
maelstrom: el torbellino trae pescado fresco para unas redes vacías


/


no existe la tarde no
no existe la sombra
la vereda del árbol que regás
no hay árbol
no es para vos que escribo lo que escribo
no es para mí
no hay fruto no hay pecado
por eso nos arrancamos los ojos de cuajo
o las muelas
o las amígdalas
o la teta izquierda
o las dos
lo mismo da si al final
dos o tres palabras alcanzaron para colgarnos de narices
dos o tres palabras que pasaron
inadvertidas

más arriba
todo se funde
se hace noche misterio
la belleza una fotografía
de Astro Soichi





Viviana Abnur(Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: "Flores y velas", inédito

Enlaces a esta entrada: http://vivab.blogspot.com/



Celia Fontán

El tanque australiano






Sobre el agua flotan hojas de eucalipto
y, a lo lejos, la casa iluminada
recorre las sutiles arterias
del follaje,
al trasluz,
árbol por árbol.
No recuerdas, vigilas,
acechas los fragmentos,
los rápidos registros de la noche
en la que al final todos nos perdimos.
El fin de otro verano,
regresan tras su paso,
las voces, los abrazos,
en el relumbre
del acontecer.
Oh, cuántas veces se ha dispersado
un centro hacia los cuatro vientos,
hacia las direcciones contrarias del albur.
Nada puede reunir lo que el viento ha cardado,
ni siquiera el rumor,
ni el balanceo
de los cuerpos
que rompen en la noche
la tersura helada
del agua
en el estanque






Celia Fontán (Rosario, Argentina, 1946)
De: "Un taxi a Bucarest", Papeles del Boulevard, 2007)

Imagen: celiafontan.blogspot.comr

Rodolfo Rabanal, poeta inventado

   Tal vez la espesa nube de vapor favoreció la aparición, esa veladura en movimiento, verdadero huso de niebla a punto de deshacerse, desmaterilizó la consistencia sin eludirla. Era como el dibujo de un desnudo a medio hacer.
  Las esfumaturas competián con  el trazo, el contorno presentaba el volumen y volvía a retirarlo. Esbeltez lánguida con relumbrones de humedad. El pelo mojado, partido al medio y echado hacia atrás paledecía la frente pura.  Los ojos despiertos me confrontaron sin asombro. Era una mirada rendida y clara, afectada de una franqueza inhabitual. Un brazo hermoso y fresco manoteó  rápidamente un toallón y los pechos temblaron en su firmeza, El agua chorreaba entre ellos.  


De:"Cita en Marruecos", novela de Rodolfo Rabanal publicada por Seix Barral, 1996


Cita en Marruecos


Tal vez la espesa nube de vapor favoreció la aparición,
esa veladura en movimiento,
verdadero huso de niebla a punto de deshacerse,
desmaterilizó la consistencia sin eludirla.
Era como el dibujo de un desnudo a medio hacer.
Las esfumaturas competián con el trazo, el contorno
presentaba el volumen y volvía a retirarlo. Esbeltez lánguida
con relumbrones de humedad.
El pelo mojado, partido al medio
y echado hacia atrás paledecía la frente pura.
Los ojos despiertos me confrontaron sin asombro. Era
una mirada rendida y clara,
afectada de una franqueza inhabitual.
Un brazo hermoso y fresco manoteó rápidamente un toallón
y los pechos temblaron en su firmeza,
El agua chorreaba entre ellos.

José Saramago (1922/2010)


Qué es eso, que parece que la tierra está gritando, y él respondió, Es mi mujer, que está dando a luz en aquella cueva, y ellos dijeron, No eres de por aquí, no te conocemos, Hemos venido de Nazaret de Galilea, a censarnos, en el momento de llegar le aumentaron los dolores y ahora está naciendo. El crepúsculo apenas dejaba ver los rostros de los cuatro hombres, en poco tiempo todos los rasgos se apagarían, pero proseguián las voces. Tienes comida, preguntó uno de los pastores, Poca, respondió José, y la misma voz, Cuando esté todo acabado, ven a avisarme y te llevaré leche de mis ovejas, y luego la segunda voz se oyó, Y yo queso te daré. Hubo un largo y no explicado silencio antes de que el tercer pastor hablase. Al fin, con una voz que parecía, también ella, venir debajo de la tierra, dijo, Y yo pan he de llevarte.

De: "El evangelio según Jesucristo"


En Francia, en los tiempos de la monarquía, cuando el rey moría, aparecía siempre un cierto dignatario que anunciaba y al mismo tiempo proclamaba "Le roi est mort! Vive le roi!". Creo que no van a faltar razones para que empecemos a pensar en decir "¡El comunismo ha muerto! ¡Viva el comunismo!"

De "Cuadernos de Lanzarote" (1993-1995)

Juan L. Ortiz (Juanele)



Alma, inclínate...





Alma, inclínate
sobre los cariños idos...

Sí, ya sé:
la esperanza en el aire, pero no la veo sonreir, perdón,
con los hálitos queridos...

La tierra, ahora, la tierra, con los llamados hundidos...

Me prestaréis, oh cabellos al viento, vuestras sedas,
para asir piadosamente a los llamados?

Siento que allá en el hondo, perdón, perdón de nuevo,
una soledad ciega alza raíces hacia ti, alma,
en busca, alma, de qué flores separadas?

Oh, los hilos que se adivinan
y que sangran, cortados, en la sombra...
Me prestaréis, oh cabellos al viento, vustro viento,
para ir hacia abajo de la noche por los hilos desunidos?

Alma, inclínate
sobre los cariños idos...
mientras los cabellos al viento, alma,
os dan la ráfaga del descenso...

Pero vendrán, alma, los cabellos al viento,
cuando la esperanza en el aire está seca de almas,
y la tierra toda es de almas solas,
ay, solas,
muriéndose de nuevo por los perfumes perdidos?

Vendrán, vendrán
las dulces llamas del viento a las dulces fes del viento
desde su vuelo de divisas
hacia el gran sueño sin muerte...?

vendrán,
antes de que la sed,
la sed, la sed profunda que va más allá de la ceniza,
de cuenta también
de las heridas mismas de la ausencia,
todavía llorando, sin ojos, bajo nuestros silencios y las hierbas?

Mas no, alma, de pie,
delicadamente de pie en la línea de los grillos,
abierta como un oído imposible de esas azucenas de la sombra
-dulces sobrevivientes de la luna-
a las agonías que no pueden bajar, aún,
pero que ahogan el rocío...

Una es la noche, alma, desgarrada...
Una la del aire ilimitado y la de los tejidos profundos...
Y uno es el olvido de la muerte o el olvido de la vida...
Mas que sabes tú de la memoria que te excede
en el héroe desconocido que ama desde siempre
y que amará siempre perdiéndose
con la fe de la semilla, en el paisaje sin fin,
para las respuestas sucesivas a todas las ramas del horror,
aún a aquellas de tu sangre
que tú crees tendidas, alma, desde el nunca del mar...?

La gran piedad, alma, es la del héroe,
pues que ella toca toda, toda, la cadena del tiempo...
Y esos cabellos al viento, con la edad del porvenir,
son, a pesar de su alegría, sí,
los del héroe visible...





Juan L. Ortiz (Puerto Ruiz, 1896 / Paraná, 1978, Entre Ríos, Argentina)
De: "juanele, poemas", Carlos Pérez Editor, 1969

Imagen:www.letropolis.com.ar

Enlaces 

Imagen: lamemoriayelsol.wordpress.com



Karina Macció (inéditos)

Sueño 4





La mesa de los poetas. Van pasando al micrófono. Es el lugar de la escucha. Se aplaude. Se escucha. Pasamos nosotras. Como yo desgajada. Me siento y no hay silencio. Intervalo. Espero y como si envejeciera. Nada pasa, nadie ve ni escucha. No quiero ni puedo gritar, me duele la boca, del estomágo sale un crujido, negro y fuego. Giran las cabezas como figuritas redondas de carbón, miles, que ríen y arden, ardidas, entrenós. El signo de interrogación sobre mi cabeza presiona, la presiona y la aplasta a una de ellas, quiere que desaparezca, aturdir con una voz chiquita y ascendente, una preguntita malvada y obvia, removedora.
Sin mis acompañantes, quedo. Vacíada me siento a mirar.





Vigilia 1




Ahora no puedo dormir porque sueño. Voy al baño y me mato. Detrás de la cortina, en la bañera, en la ventana, puede haber algo, detrás de la puerta, al girar, cuando empiezo, puede haber algo
menos en mi cama, en mi almohada: es mi cabeza ahí tirada, la reconozco de atrás por los pelos, o es alguien con peluca que me imita o es alguien desprendido de mí o nacido pero de igual tamaño, con la cabeza tan desarrollada, es alguien que no me mira pero qué pasa si lo hace, no quiero ver más porque si gira yo caigo, si gira soy robada de este momento y puede que nunca más tenga ojos y todo sea oscuro y palabras deformes
si hago sonar los elásticos que me aprietan quizás desaparezca y el cuerpo vuelva a mí cabeza abandonada, pero cómo hacerlos sonar si el pijama está allá, tendido en la silla, fosforeciendo, fantasma, acostado, tranquilo, al acecho para escapar





Karina Macció (Buenos Aires, Argentina, 1974)
De: "Diario de la Transformación" (inédito)

Imagen: www.poetassigloveintiuno.blogspot.com

Ch Baudelaire / G Ungaretti

                                
                 










Una carroña


Recuerda aquel objeto que vimos, alma mía,
un día estival y soleado:
al borde de un camino, una carroña infame
en un lecho de piedras sembrado.

Con las piernas al aire, como una mujer lúbrica,
quemante y sudando veneno,
abría de manera abandonada y cínica
su vientre de emanaciones lleno.

El sol resplandecía sobre esa podredumbre
como para cocerla a punto,
y devolver al céntuplo a la naturaleza
cuanto ella había puesto junto.

Y el cielo contemplaba la osamenta magnífica
expandirse como una flor.
Creíste desmayada caer sobre la hierba,
tan fuerte era el hedor.

Las moscas bordoneaban sobre aquel vientre pútrido,
del que salían batallones
de larvas negras, que corrían como líquido espeso
por esos vivientes jirones.

Todo aquello bajaba, subía cual las olas,
o desprendíase crujiendo;
dijérase que el cuerpo, lleno de un soplo vago,
multiplicábase viviendo.

Y todo eso sonaba con una extraña música;
de agua o de viento era el rumor,
o de grano que con rítmico movimiento,
agita y vuelve el aechador.

Las formas se borraban, no eran ya más que un sueño,
un esbozo confuso y lerdo
en la tela olvidado, al que el artista acaba
solamente por el recuerdo.

Y detrás de las rocas, una perra intranquila
nos miraba con ojo airado,
acechando el momento de recobrar en la osamenta
el apetecido bocado.

-Y sin embargo, igual serás a esta basura,
a toda esa horrible infección,
estrella de mis ojos, sol de mi vida entera,
¡tú, mi ángel y mi pasión!

Sí, tal habrás de ser, oh reina de las gracias,
después de los últimos rezos,
cuando bajo la hierba florida y lujuriante
te enmohezcas entre los huesos.

¡Entonces, oh mi bella, díles a los gusanos
que te devorarán a besos,
que yo guardé la forma y la esencia divina
de mis amores descompuestos!


Charles Baudelaire (Paris, Francia, 1821 / 1867)
De: "Las flores del mal", Editorial Losada, 1997

Imagen: logasto.wordpress


Vela


Toda una noche
echado junto
a un compañero
masacrado
con su boca
rechinante
vuelta al plenilunio
con la congestión
de sus manos
penetrada
en mi silencio
he escrito
cartas llenas de amor

No he estado
nunca
tan unido a la vida


Giusseppe Ungaretti (Alejandría, Egipto, 1888 / Milán, Italia, 1970)
De: Antología, Cia.General Fabril Editora, 1971

Imagen: biblioteignoria

Luis Benítez


Garbo´s building

Suo cimitero da questa parte hanno
con Epicuro tutt´i suoi seguaci,
che l´anima col corpo morta fanno.


Yacen aquí los que creyeron cierto,
con Epicuro y todos sus secuaces,
que el alma muere con el cuerpo muerto.
Dante Alighieri




Tal vez en el Upper West Side
y no lejos del río de la mente
está una puerta; en el invierno
Con su pala el viejo aleja la nieve
Y en el verano con lo mismo a los rudos demonios.

Como todos los sirvientes se parecen al amo,
El viejo como el frente fue importado de Italia
Y debajo de su camisa de lana
-En invierno y en verano-
Está hecho de hileras de sólido ladrillo.

El es de Mantua –dice- y el inglés barullero
Se le cae como una piel ya estrecha
Cuando blasfema en dialecto
“Esta caldera inservible”
O “la policía otra vez ha entrado por la drogas de ése”.

Fiel portero de antaño,
De los que sólo servían para guardar condenados.

El viejo ha predicho –hace ya treinta años-
Que un día nacerá un niño maravilloso
En el maltrecho edificio.
Hay quien lo sigue esperando.
El viejo me ha dicho:

“Amigo, para ustedes los hispanos
No hay ningún piso especial en esta rota pocilga”
Y lo seguí mansamente a través de los montones de basura
Que nadie ha barrido nunca.
“Esto es inamovible”, dijo saltando
Ágilmente sobre una pila de huesos.
Debí rodearla, avergonzado.
“Y también esto”: un tipo agonizaba
En un camastro, a la entrada.
Ni la futura viuda ni los confusos adolescentes me miraron.
“Tampoco yo tengo remedio” dijo y llamó el ascensor,
Rascándose la caspa.

“Los conozco a todos y de todo
Tengo la llave. Créame: no sirve
Para nada. Además, ni nos ven.
Olvide sus cuidados. Estos no van a desterrarlo.
Ni usted ni yo les importamos un cuerno.”

En la luna rajada del ascensor que bajaba
Había pocas cosas: unas palabras de Husserl
Y una tarde dibujada.
Nosotros ya no estábamos.
Creo también que alguien silbaba:

“Viven aquí los que creyeron cierto,
Con Benny Goodman y todos sus muchachos,
Que un alma nace cuando nace un cuerpo.”
No voy a acompañarlo, Siddharta:
Yo nunca hago las cosas dos veces de la misma forma.

Pero no tema a nadie: como usted, así son de efímeros,
Como usted, así son de estúpidos. Como usted son crueles.

No vayas a ensuciarte los pantalones, mi buen Arjuna.
El noveno piso es el pent house y allí vive el peor de todos.
Ten fe en lo único que posiblemente todavía sea cierto:
“Como usted, son efímeros;
Como usted, son estúpidos. Como usted son crueles.”

“Hulla-ba-loo, hull-ba-loo,
lullaby, lullaby,
Osiris y Adonis y el otro niño
Juntan por las escaleras
Pedacitos de muerto”,
Se fue cantando por los corredores de una nube de polvo,
El gran sombrero erecto y el reloj en la mano.
Por qué no me prestaste entonces tu intrepidez, Alicia,
Cuando necesitaba tanto tu manita pecosa
En la Casa Negra, en la Casa Oscura,
Donde bombea noche y día la Tiniebla.

“Simplemente
Porque todos ustedes
Desde las vidas de papel
Nos parecen idiotas.”





Luis Benítez (Buenos Aires, Argentina, 1956)
De: Revista internacional de poesía/Poesía de Rosario N° 17

Enlaces: Revista Almiar;El Hablador N° 12
Imagen: www.alpialdelapalabra.blogspot.com

Tocado, hundido, dos

La Tumba del Perro de la Casa



Entonces deja por un rato las huellas en la puerta delantera
donde yo acostumbraba a rasparla para salir o entrar,
y tú abrías pronto; deja en el suelo de la cocina
las marcas de mi bebedero.

La tumba del perro de la casa, de Robinson Jeffers en El mundo incompleto