30 septiembre 2010

El verso libre

septiembre 30, 2010
Y sabemos que ni la música ni la composición visual - ni los contenidos del poema - operan aislados. la poesía también es un arte del espacio. En ella los silencios - representados por el blanco de los
Todos ellos componen lo que el poema viene a decir. Sentido que no se mantiene idéntico a lo largo del tiempo, en la medida que pasa de las palabras del autor a la recepción que hace de ellas el lector y, ya en su dominio, se impregna de los distintos estándares de la época. Por otra parte, la asociación rítmica es señal de continuidad, mientras que la estructura del poema opera en la superficie de la página, poniendo de relieve que
márgenes y los vacíos entre un verso y otro - son tan significativos como las palabras. En otro orden, el verso largo es portador de la promesa de que algo será hallado, mientras que el verso corto cifra sus suerte en el relámpago de su cosecha. La verticalidad de la última poesía de Juan Gelman, con sus versos quebrados, sometidos a torsión, habla a las claras de un temperamento agónico, a diferencia de la anchura de espacioso río de los versos de Ricardo E. Molinari y Juan L. Ortiz, que destacan el carácter celebrante de una poesía que no duda del mundo ni del canto.

Rafael Felipe Oteriño: "Una afinación siempre nueva" en "El verso libre", Ediciones del Dock, 2010

(El resaltado es mío)

27 septiembre 2010

Rogelio Ramos Signes

septiembre 27, 2010

Ramos generales

                          a Maisi Colombo, que entiende estas necesidades



Yo también he soñado con una ferretería en medio del campo.
A lo largo de una ruta donde es verano sólo las víboras se atreven,
he soñado con elementos de labranza,
                     con alambre de púas en rollos homicidas,
                     con bolsas de fertilizantes detrás de la persiana.

En siestas donde el sol decolora las piedras
he imaginado umbríos espacios a resguardo,
mientras alguien pregunta "¿Qué se le ofrece?"
y una mujercita extenuada se esfuerza por no pedir un vaso de agua.

Yo también he fundido mi propio acero
jugando a los naipes hasta el amanecer sobre una cama.
Yo también he dicho "Esto no es vida"
bajo un ventilador que arrojaba aire caliente,
sin saber qué recóndita cosa era la vida.
                        Y he llorado de impotencia.

Yo también hice pactos desfavorables con Dios.
Pensando en esa amplia y fresca ferretería en medio del campo
como un espacio idílico donde el dolor no llega,
hice pactos desfavorables con dios. Y no es capricho.
Es una parcela indefinida del planeta
donde asuetos y feriados nunca obligan a bajar las persianas.
Es una parcela indefinida del agobio
                              haciendo esquina con el sueño del algún antepasado
que nunca conocimos.







Rogelio Ramos Signes (San Juan, Provincia de San Juan, Argentina, 1950. Reside en Tucumán)
De: "La casa de té", Ediciones en Danza, 2009

Imagen: ruedaspretas.blogspot.com

24 septiembre 2010

Liliana Celiz, inéditos

septiembre 24, 2010




como pasto desglosado en las entrañas de otro viaje/ el viraje
hacia el discurso en  tornación del hombre (el hombre pleno en
su declive) la sapiencia/ la marca de su género en la sapiencia
¿él vendrá? una alución a cara en la pregunta: vuelve
(la enésima pregunta por el nombre) tal vez la tarde en plena
enunciación del nombre: vuelve/ plena alusión a la pregunta
en lo mordaz del pasto (como eje)
la sucesión del nombre por el nombre

______________________________________________________________________________


"tan fuerte que los hacía abrirse y cerrarse un poco" como manos
a la altura del abismo y no cantar del canto que él despliega como
voces en sordina (la voz plegada de la voz y en la conciencia
pura de los nombres, la estadía de los nombres como borras del
oráculo inferior en la escala de los tiempos) -no vendrá-/ y apaciguar
su nombre entre escaleras que atribuyen una escena a la escondida/


Liliana Celiz (Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina 1956)
De: "El quiebre allá en el agua" (inédito)

Imagen: foto Colman

22 septiembre 2010

Revista Cero N° 5-6 / Que no quería nadie abrazarme, sino mi piel

septiembre 22, 2010
De junio de 1966. Dirección: Vicente Zito Lema. Entre los responsables figuran Jorge Carnevale y Nicolás Casullo. Número dedicado a Leopoldo Marechal, poeta. Ungaretti por Héctor Miguel Angeli. Saint - John Perse por René Menard en una versión de Raúl Gustavo Aguirre. (SJ Perse, una de mis primeras lecturas poéticas. No encuentro el libro en mi estante: se perdió en su propia exhuberancia). Poemas de Ho Chi Minh, versión de Juan L. Ortiz. De la nota "Dos  poetas ecuatorianos", de Daniel Barros., Euler Granda y Jorge Enrique Adoum, copio un poema de este último



Red                                                                                               





No hay de qué, Nocturna,
te agradezco.
         Van pasando
las sombras y sus hijas menores,
aves a quienes dió un puntapié la brisa.
El soñoliento párpado del alba
espiando los encajes de la ola.
Y yo, por qué he bajado,
si no es el día, aún tu falda.


Me ha desollado el páramo tan todo
con su silbo de solo, que no quería
nadie abrazarme, sino mi piel.
Algo es algo, ¿no te parece?
así fuera la mía, gris.

Yo te quisiera diaria, te quisiera costumbre,
amanecer sobre tus peces aunque me huyen
a cumplir su asamblea, entre tus algas
dulces ferruginosas, y todo tu perfume
abierto.

 
           No hay de qué. Pero regreso
a mi niebla puntiaguda, a mi trabajo.
A la arena pídele mi primer paso, resúmenes
de lo que no sabes, como a un cartero. Me
           conoce
por el pobre caer y el levantarme tanto.





Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1926 / Quito, 2009, Ecuador)

Imagen: gualaquiza.net



Guillaume Apollinaire

septiembre 22, 2010
El puente Mirabeau



Bajo el puente Mirabeau corre el Sena
                 y nuestro amor
               ¿Es necesario que lo recuerde?
La alegría viene siempre tras la pena

               Llega la noche suena la hora
               Los días se van yo me quedo

Con las manos unidas estamos cara a cara
              mientras bajo el puente
              de nuestros brazos pasa
La ola tan cansada de las eternas miradas

              Llega la noche suena la hora
              Los días se van yo me quedo

El amor se aleja como esta agua que huye
             El amor se aleja
             lento como la vida
y violento como la esperanza

            Llega la noche suena la hora
            Los días se van yo me quedo

Pasan los día y pasan las semanas
           Ni el tiempo que se fue
           Ni los amores vuelven
Y bajo el puente Mirabeau corre el Sena

           Llega la noche suena la hora
           Los días se van yo me quedo





Guillaume Apollinaire (Seudónimo de Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky , 1880, Roma, Italia / 1918, Paris, Francia)
De. "Alcoholes", 1913

Imagen: acantilado.es
Enlace:  El Mundo

19 septiembre 2010

Como una figurita de Giacometti

septiembre 19, 2010

Otro de Alejandro Pidello: http://elpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Alejandro%20Pidello



Lublin



el tren de la coleta que guió los malos pensamientos
el vuelo de Coli cayendo en la boca del mar
la pampa de las Colibias donde bailastes vestida de cocinera
cuatro planos que siguieron la orden del cintrel
y endemoniaron un arco, que yo me encargué de poner sobre el cubo aproximado de La Defense
Era el momento y la hora en que el sol
dora
o adora
más que la tarde
tus trapitos despojados
tu mirada – regard – mirada de francesa endemoniada rumbo a Lublin.
(2005)

En: Semana de las letras y la lectura

Alberto Giacometti, escultor (Borgonovo, 1904 / Coira, 1966, Suiza)

Las famosas figuras de Giacometti me impresionan porque están desprovistas de todo lo que las puede hacer humanas: ausencia de carne, rigidez extrema, falta de movimiento o impostura del mismo, expresiones borradas, es decir, un fantasma del cuerpo, una huella débil del hombre, espíritus o almas apenas recubiertos con una película de bronce o de barro. Y, sin embargo, se sabe, se siente que son figuras humanas (recuerdan demasiado quizá a los modelos de fotografías de las hambrunas, ya sean del primer mundo, ya sean del tercero): puede que sean nada, pero son, existen.
Raúl Quirós en Yo iba para algo en la vida

18 septiembre 2010

Alejandro Pidello

septiembre 18, 2010



Heurística de aquellas jóvenes mujeres sobre las voces sombrías



Ja, muerte,
dónde está el aire aspirado de los placodermos,
en el medio de sus emociones rudimentarias,
tanto como el vello de tu piel enrojecida,
o el aire en la gloria de las palabras habladas
en las tantas camas de las turbulencias
bajo las sábanas relatadas de Lublin o de Vercelli,
o el aire de los acentos checos
y los vientos rusos
cuando tu infinito se arqueaba
y las aguas más importantes eran líquidos en los cuerpos
anotados en calendarios sin marcas y en hojas agotadoras de trenes
bajo el fuego anodino de las ciudades.
Dónde están las bajadas de Saint-Charles cuando me esperabas
como una figurita de Giacometti
en el encuentro final de Marseille – mercredi soir
amour –
o las ostras de los diálogos en el Aber-Wrac´h
sobre los sonidos minerales de miles de moluscos que acababan de morir.
Dónde guarda, la puta muerte, tanto.





Alejandro Pidello (Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, 1947)
De: Festival  Internacional de Poesía en Rosario

Imagen: www.fipr.com.ar

16 septiembre 2010

Mahmud Darwish

septiembre 16, 2010
2. Asiento en un tren





Pañuelos que no son para nosotros. Amantes del último minuto. Luces de la estación. Rosas que pierden un corazón en busca de un abrigo para la ternura. Lágrimas que traicionan a las aceras. Mitos que no son para nosotros. Desde aquí, ellos han partido. ¿Tenemos a alguien allí para que se alegre a la llegada? Lirios que no son para nosotros porque besaríamos los raíles. Viajamos en busca del vacío pero no nos gustan los trenes cuando sus estaciones son nuevos exilios. Lámparas que no son para nosotros porque veríamos a nuestro amor de pie, esperando el humo. Tren rápido que corta los lagos. Y en cada bolsillo, las llaves de una casa y la foto de una familia. Los pasajeros del tren regresan con su gente, pero nosotros no regresamos a ninguna casa. Nosotros viajamos en busca del vacío para encontrar la rectitud de las mariposas. Ventanas que no son para nosotros y saludos en todas las lenguas. ¿La tierra era más clara cuando cabalgábamos en los caballos antiguos? ¿Dónde están los caballos, las vírgenes de los cantos y los himnos de la naturaleza que estaban en nosotros? Yo estoy lejos de mi lejanía. ¡Qué lejano está el amor! Las chicas nos capturan, rápidas como ladrones de mercancías. Olvidamos las direcciones en las ventanillas de los trenes. Nosotros, que amamos diez minutos, no podemos regresar a ninguna casa familiar, no podemos atravesar el eco dos veces.





Mahmud Darwish (Al Birwa, Palestina, 1941 / Houston, EUA, 2008)
De: "Es una canción", 1986

Imagen: carlinronquillo

13 septiembre 2010

Diego Roel

septiembre 13, 2010



Alguien borró las huellas,
ocultó las letras y los signos.




Ciudad irreal




Ahora veo un círculo dentro de otro círculo
y avanzo sin mirar atrás.

El viento arrastra las últimas imágenes,
las infinitas variaciones del mundo.

Me quedo quieto y espero.


Antes del día
alcanzamos ese lugar imposible.

Ese lugar,
corazón del agua o de la luz.

Entretanto
los límites se desplazan,
los contornos se diluyen.

Nada es real




En este último giro
me quedo quieto y observo
la lenta caída de las cosas.

No puedo hablar.



Por eso
apenas muevo una mano,
un pie.

No tengo de dónde asirme.


Qué nos retiene aún aquí


El poema se hace y deshace.

No tiene centro, no tiene rostro ni sonido.

Crece y palpita,
se apaga y se duerme en las cenizas.

Ata y desata.




Ciudad irreal




Escribo como quien salta o muerde o tiembla.

Hablo de lo que fluye, de lo que muta y sangra,
del permanente nacimiento de las cosas.

Camino a ciegas.



Y me pregunto
cómo traducir la interminable sucesión.
Cómo decir que punza y retrocede,
eso que brilla y canta.

Cómo decirlo.


Porque no hay continuidad:
se fugaron los nombres, se desplegaron las sombras del lenguaje.

Ya nada conjuga con nada.



La Voces me dijeron:

El vacío es destrucción y belleza.
La belleza es silencio.
El silencio no tiene imagen ni memoria.

El vacío es apertura y promesa.



Me paro aquí,
donde descansa el ala de la noche.

Y observo la inevitable mutación,
aquello que golpea, que respira y late.

Afuera es igual que adentro.



Sí, todo nace y muere.

No hay nada que quitar, nada que añadir.






Diego Roel (Temperley, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 1980)
De: "Las variaciones del mundo", Ediciones El Mono armado, 2010)

Imagen: eldesaguaderorevista.blogspot.com

10 septiembre 2010

Billy Collins

septiembre 10, 2010


El cordón





El otro día mientras me dedicaba a rebotar lentamente
por las paredes azules de esta habitación,
yendo de la máquina de escribir al piano,
de la estantería a un sobre que estaba en el suelo,
di a parar en la sección C del diccionario
donde mis ojos fueron a caer en la palabra cordón.

Ninguna galleta mordisqueada por un novelista francés
podría retrotraerte al pasado tan de repente-
un pasado donde me sentaba en un banco de trabajo en un campamento
junto al profundo lago Adirondack
aprendiendo a trenzar tiras finas de plástico
para hacer un cordón, un regalo para mi madre.

Nunca había visto a nadie usar un cordón
o llevar uno puesto, si eso es lo que se hacía con ellos,
pero eso no evitó que yo entrecruzara
hebra sobre hebra una y otra vez
hasta que hice un compacto
cordón rojo y blanco para mi madre.

Ella me dio la vida y leche de sus pechos,
y yo la regalé un cordón.
Ella me dio el pecho en más de una sala de espera,
me dio cucharadas de medicina,
colocó paños fríos en mi frente,
y luego me mostró el camino hacia la luz etérea

y me enseñó a caminar y nadar,
y yo, a cambio, la obsequié con un cordón.
Aquí tienes miles de comidas, dijo,
y aquí tienes ropa y una buena formación.
Y aquí tienes tu cordón, contesté,
que hice con un poco de ayuda del monitor.

Aquí tienes un cuerpo que respira y un corazón que late,
fuertes piernas, huesos y dientes,
y dos ojos limpios para leer el mundo, susurró ella,
y aquí, dije yo, está el cordón que hice en el campamento.
Y aquí, deseo decirle ahora
tienes un regalo más pequeño-no la ancestral verdad
de que nunca puedes corresponderle a tu madre,
sino el compungido reconocimiento de que cuando cogió
de mis manos el cordón a dos colores,
estaba tan seguro como pueda estarlo un chaval
de que esta cosa sin valor e inservible que trencé
de puro aburrimiento sería suficiente para quedar en paz con ella.





Billy Collins (1941, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De:  "Lo malo de la poesía". Baterbly Editores. Traducción y prólogo de Juan José Lamagro Iglesias.

Enlaces: Entrevista a Billy Collins en Terra Incognita
Imagen: prairiehome.org

08 septiembre 2010

Noé Jitrik

septiembre 08, 2010



Dichterliebes





Una vez, tuve una actriz entre mis brazos;
aleteba como un gorrión o se arqueba como una gata,
al conmoverse engendraba oleada de encanto
mientras con su cuerpo hacía preguntas
que me parecieron inteligentes
o por lo menos, oportunamente ubicadas.
El verano estaba adelantado y los bares ardían,
presumo que eso fue lo que nos empujó a las calles;
nos arrastrábamos por la noche
y mucha cerveza corrió por nuestros labios,
tanta como el río de amor que nació en mí.
Supongo que mentía por razones profesionales
o tal vez por alguna otra cosa que no entiendo;
el hecho es que pienso todavía en esas certidumbres
y en nuestra sombras fanáticas por ellas,
y las noches, buenas amigas,
me devuelven la escalinata de amor que descendí.
Es cierto que hubo el deleite que llaman físico
aunque simplemente sea por el descubrimiento;
naves desarboladas que a los tumbos
aprisionan los continentes, negros, blanquecinos o pardos
según  corresponda al momento y al lugar.
Pero hubo más,
hubo tortura mutua, un insospechable sadismo
que redujo a cero el ámbito heroico y la conquista:
también temblábamos, pero ahora de maldad,
desechábamos el verano, huíamos pertinaces de la noche,
los nervios nos brillaban como estrellas.
En realidad, estallábamos al modo de las bombas
y nos alteramos: no era cuestión de derechos,
ninguna dignidad estaba herida,
por eso pudimos suponer que era ficción,
que el arte nos sedujo y nos rodeó,
pudimos entender que una cosa es la cerveza y otra el amor,
pudimos entenderlo por razones claras,
por melancólicas razones.





Noé Jitrik (Rivera, Provincia de Buenos Aires, 1928, Argentina)
De:"Veinte años de poesía argentina 1940-1960", Paco Urondo, Editorial Galerna, 1968

Enlaces: Entrevista a Noé Jitrik en Núcleo Juan C Onetti

Imagen: Fuente: losandes.com.ar



05 septiembre 2010

Vladimir Maiacovski

septiembre 05, 2010
Comúnmente es así





El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre le corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.
Sólo el idiota,
se pone los puños,
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.
La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.





Vladimir Maiacovski (Baghdati, Georgia, 1893 / Moscú, 1930, Rusia)
De: "Antología poética", Editorial Losada, 1970. Traducción: Lila Guerrero

Imagen: cinesovietico.com

Francisco de Quevedo

septiembre 05, 2010

A Lísida, pidiéndole unas flores que tenía en la mano y persuadiéndola imite a una fuente





   Ya que huyes de mí, Lísida hermosa,
imita las costumbres desta fuente,
que huye de la orilla eternamente,
y siempre la fecunda generosa.

   Huye de mí cortés, y desdeñosa
sígate de mis ojos la corriente:
y aunque de paso, tanto fuego ardiente
merézcate una yerba y una rosa.

  Pues mi pena ocasionas, pues te ríes
del congojoso llanto que derramo
en sacrificio al claustro de rubiés,

perdona lo que soy por lo que amo;
y cuando desdeñosa te desvíes,
llévate allá la voz con que te llamo.





Francisco de Quevedo (Madrid, 1580 / Ciudad Real, 1645, España)
De: "Quevedo erótico, contestario y humorísitco", Ediciones Corregidor, 1973

Enlaces: Fundación Francisco de Quevedo, Spanisharts
Imagen: bibliele.com

03 septiembre 2010

Elena Anníbali

septiembre 03, 2010



el paseo





madre me llevaba de la mano
por el terraplén oscuro

decía:
esa es la bomba de agua
el perro amarillo, ése, no lobo,
ahí las parvas
más allá el pajonal de las cluecas
decía:
nunca, a tu edad,
vi estas cosas

llegábamos hasta la capilla de los garzón
a ver
los altos vitrales del cristo
de la buena muerte
el áspero cuero de las iguanas
la ruta, siempre lejos

a la vuelta me daba
el pan de la tarde, cantando
los salmos preferidos
y una tristeza hermosa me cerraba la garganta
o quizá el polvo del camino
o dios, que entonces era
un potro negro
que despertaba el miedo





De: "Tabaco mariposa", Editorial Caballo negro, 2009





050510





muchas veces fuimos pobres
no había dinero para ropa o música, pero
el taladro magnífico de dios
caía contra la mañana

las palomas se desbandaban
como si vieran
la comadreja o el halcón

un pedazo de mí entraba en la amargura
como en el pozo del molino
donde la serpiente infectaba
el agua de beber

yo tenía pocos años y ya era
rigurosamente anciana

sabía que el altísimo podía aplastarme la cabeza
enfermar nuestras ovejas
quitarnos el verano, la poca dicha

pero igual miraba siempre para arriba
y bajito decía
que sí, señor, venga a mí la destrucción
lo que deba venir
soy tu surco, señor,
soy tu surco

(inédito)




Elena Anníbali (Oncativo, Provincia de Córdoba, Argentina, 1978)

Imagen: las afinidades electivas