30 de abril de 2011

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Alfabeto de influencias de un poeta (Letra E)




E. de endings, finales, el final de los poemas, las últimas
 palabras concebidas para liberamos de regreso a
nuestro mundo con la ilusión momentánea de que 
nadie salío lastimado. Los finales son variados, y se inscriben
 en las fantasmales postrimerìas de toda obra de
arte. Buena parte de lo que amamos en los poemas, sin
considerar su tema, es que nos dejan con una sensación
de novedad, de vida agregada. La vida, por otro lado,
nos prepara para nada y nos deja sin dónde ir. Sólo se
detiene.




Mark Strand




Mark Strand (1934, Prince Edward Island, Canadá)
De "Letras libres", Alfabeto de influencias de un poeta. Traducción: Guillermo Sheridan

Imagen: lasalle.edu

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Gonzalo Millán

La gran emigración





En las fotografías de antaño
figuraban aún aves en vuelo,
arboledas, animales salvajes
y domésticos en nuestros brazos.

Hoy hasta las ratas se van
y nos estamos quedando solos,
los únicos sobrevivientes
al borde de mares estériles,
bajo un cielo luminoso y vacío,
lonvegos, grises, demasiados.





El testigo





Apuntando al sol
que lentamente
se sumerge
ante unas playas
y costaneras vacías,
un palo de escoba
en una balaustrada
que salpica el mar.





Paso por la arena




 
Antes que llegue el rumor de la marea
y el blanco hervor de huevo de la espuma,
me oigo en el eco de un caracol vacío
como el callado hueco de aire oscuro
que hay en toda huella de pisada.





Gonzalo Millán (1947 / 2006, Santiago de Chile, Chile)
De: "Vida", 1984 y artepoetica.com (Paso por la arena)
Enlaces. Memoria chilena

Imagen: albumnocturno.blogspot.com



29 de abril de 2011

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Ana Russo



de lágrimas y fuegos


“ya no lloraba pero sus ojos
 nunca más volverían a estar secos,
 que ese es el llanto que no tiene remedio, 
aquel fuego continuo que quema las lágrimas 
 antes de que ellas puedan brotar 
y rodar por las mejillas”
Saramago “El  evangelio según Jesucristo”


de  continuo
la mujer aprende a manejar los fuegos
el arte  es el centro
todo centro es  combustible
pero ella ha manipulado sus fuegos
sin quemarse
ardió y partió el aire con su goce
hizo  lumbres de  horas y  rebrotes
pudo hervirse en sus lágrimas
y luego
aplicar fuegos azules indoloros
sobre el resto de la confianza/
coció, recoció,  atizó, todo lo pudo
no hubo mezcla que no sellase en llamarada/
tuvo miedos vencidos y beligerancias cuerpo a cuerpo
y siempre fue arte/
pero hay fuegos continuos en la hoguera
del párpado inferior
ése que acuoso ya no  pierde su agua
porque hay llamas en los ojos
que cierran la salida
que no permiten  la extinción
del daño.


Ana  M. Russo (Rosario, Provincia de Santa Fe)


28 de abril de 2011

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Antonella Anedda



Espera a que baje la temida noche, que se esfume
la luz del crepúsculo, y la tierra
gire sobre su eje.
Esta es la verdad de esta noche incierta
en las matas de acacias y en las casas
es ésta su medida: un acre de desierto.

Soporta tus pensamientos en penumbra
avanzando como punzadas de la memoria.
Puedes alinearlos hasta el abismo del miedo
mirarlos vacilar cuando el llano se oscurece
esperar su regreso ahora que el perro calla
y la mente se va apagando
por un segundo forma sin mal
alma del geranio
tendido en la baranda.





Antonella Anedda (1955, Roma, Italia)
De. "Un'altra voce", Marcos y Marcos 2008
Traducción de Juan Carlos Reche


Imagen: hercircleezine.com



23 de abril de 2011

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Luis Chaves


















33 r.p.m.







La empleada lleva el pelo atado
hasta el final de su espalda,
se acerca a la mesa
envuelta en aroma a Vitamaíz.
Cuando se va, 
la trenza marca rítmicamente sus pasos
igual que un metrónomo invertido.


En el tornamesa que desechó mi padre,
todas las tardes escucha
un elepé rayado de Memo Neira
y los ojos se le cargan
de algo que nunca me quiere explicar.


Tengo nueve años y cada domingo
invado el cuarto par oler su ropa usada,
hasta que desde el espejo
la postal de San Cristóbal
-a mitad del río y con un niño a cuestas-
me obliga a interrumpir mi misión.


Tantas personas que entran y salen
de nuestra cabeza,
tantas que solamente se asoman a nosotros
como quien husmea frente a la vitrina.


Ya no recuerdo bien cuando se fue de casa,
sé que era de noche
y que guardo esta última imagen:
los caños desbordados
inundando las calles,
ella con el agua hasta los tobillos,
su valija a cuestas.







Video de alquiler







La película terminó mal.
En el cuarto a oscuras,
hasta los créditos
irradian un sentimiento
de equivocación.


No es fácil
reunir a cuatro extraños
y, en pocos días,
hacerlos actuar
como una familia.


Nosotros, en el intento,
llevamos toda la vida.






Luis Chaves (1969, San José de Costa Rica, Costa Rica)
De: "Historias Polaroid", Ediciones Perro Azul, 2000)


Imagen: poetasigloveintiuno.blogspot.com



20 de abril de 2011

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Laura Wittner, un poema inédito
























La fiesta





Levantaron la compuerta del baúl
y salimos arando hacia el fondo del cielo.
Carreras, equilibrios y verticales-puente
en ámbitos que se levantaban y caían
a nuestro paso, según nuestra voluntad:
galerías con arcos y columnas,
infinitos gimnasios con pisos de madera,
tinglados ásperos con reverberaciones,
y así...

Figuras finas y flexibles, fuimos, en esa tela inmensa
donde el mayor esfuerzo del pintor había estado en la luz:
llegar al tipo exacto de luz con el óleo
y de paso atrapar la blandura del aire;
el punto exacto, en óleo, de esa consistencia.

A los grandes los volvimos a ver
dos o tres veces a lo largo del día.
Por el momento no eran más que una idea
o varios pares de sombras demarcantes:
esto es centro, esto es suburbio y lo del medio es no-terreno,
sin saber que tragábamos aire casi ilegalmente
de y en cada una de esas franjas
siempre a punto de pasar a ser otros.

Todo cambió cuando corrieron el toldo con la noche.

Sin la velocidad de los espacios abiertos
nos subsumimos en zonas apretadas,
pozos a compartir con las luciérnagas.

Tanta luciérnaga en los ojos,
tanta humedad y reflejos estelares–
como el confeti o el rocío de sal,
o ese humo abrillantado de las grandes explosiones– 
funden los cinco sentidos en un sexto.
Pispeamos desde ahí a nuestros padres en sombras:
y resultó que se habían puesto a administrar
una fluida intimidad en la que cada recoveco
servía de altarcito para un símbolo.

Tierna es la noche, parece, nos dijimos.
O qué nos podemos haber dicho.

Salvo que sí, hay una subcorriente
nocturna, como en cualquier día de playa
bajo la sólida costa, por las venas iodadas
transcurre lo decapitado en general.





Enlace: http://elpoetaocasional.blogspot.com/search/label/Laura%20Wittner
De: "Balbuceos en una misma dirección", inédito

Imagen: Facebook



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Charles Bukowski


Sé amable






siempre nos piden
que entendamos
el punto de vista de los demás
no importa cuán
ignorante
estúpido o
aburrido
sea


te piden que veas
su fatal error
sus vidas malgastadas
con amabilidad,
especialmente si son
viejos


pero la vejez es el total
de nuestros actos
ellos envejecieron mal
porque vivieron
mal,
rehusaron ver


¿no es su responsabilidad?


¿de quién es?
¿mía?


me piden que no les diga
lo que pienso
por miedo de su 
miedo


la vejez no es un crimen


pero la vergüenza
de una vida
deliberadamente
malgastada


entre tantas
vidas
deliberadamente 
malgastadas


sí es.







Atrapado







no desvistas mi amor
podrías encontrar un maniquí
no desvistas el maniquí
podrías encontrar
mi amor


hace mucho que ella
me olvidó


ahora se está probando un
sombrero nuevo
y luce más coqueta
que nunca


ella es una
niña
y un maniquí

la muerte


no puedo odiarla por éso


no hizo nada
inusual


sólo que yo la quería







Charles Bukowski (1920 / 1994, Andemach, Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "100 poemas", Emptybeercan Ediciones
Traducción:: Federico Ludueña


Imagen: avclub.com
Enlace: El poeta ocasionalLa página de Charles Bukowski

18 de abril de 2011

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De la poesía como síntoma y el lugar vacante de Dios, por Javier Galarza


Un acertado pensamiento de Deleuze interroga: ¿por qué sólo escritores como SADE y MASOCH (como nombres propios) han dado origen «psi» al nombre de una serie de patologías, síntomas o perversiones (SADismo — MASOquismo); cuando también otros tantos escritores como KAFKA (autores que, según Deleuze, escriben desde el fantasma) podrían dar lugar a toda una gama de clasificaciones de síntomas o neurosis psicoliterarias (y con nombre propio)?. Si de adjetivar se trata, hemos atravesado un siglo kafkiano y borgeano. ¿Podríamos entonces hablar también de una neurosis proustiana o una perversión lautreamonteana?
Preguntamos entonces: ¿la poesía es un síntoma?
Lo es en cuanto a emergente. Un trabajo de construcción libre e inasible como un sueño, con altas dosis de ambigüedad y emoción y cierto sentido que permanece velado a la lógica. En el decir de Paul Valery «esa vacilación prolongada entre el sonido y el sentido«. Muchos de los mejores poemas son revelaciones inquietantes que nos han dejado algunos artistas antes de colapsar, de despeñarse definitivamente fuera de toda órbita, inscribiendo un real como la sexualidad o la muerte donde cuerpo y lenguaje han sido puestos en juego. Esa sentencia de Baudelaire «sé siempre poeta, aún en prosa” explicita que el discurso lineal adolece de una manifiesta incapacidad de decir.
Y precisamente el decir de la poesía intenta develar lo que el lenguaje cotidiano vela. La atomización y olvido del lenguaje de los dioses. Ese plus de la palabra o el verbo que la charlatanería cotidiana suele degradar.
¿Será eso la poesía? ¿La pura posibilidad de lo no decible? ¿Intentos contra lo innombrable? ¿El momento de terror e incertidumbre donde el NO AUTOR debe dejarse caer a ese lugar del vacío que el poema le ha asignado, una tierra lejana e incierta desde donde el poema cuestiona en su base misma, interpelando tanto al creador como al lector allí donde el sentido se retira, colapsa, no está y, a la vez, es creado a cada momento desde esa misma ausencia?
El poema como un síntoma vivido a través del cuerpo y desde el cuerpo y más allá aún, produciendo ese lugar inasible y desesperante del propio cuerpo poético (y su gramática), y la gramática implícita en todo cuerpo. Inscribiendo de este modo una resignificación que trasciende la trama simbólica, dando a luz un nuevo sentido que se vela y alumbra a cada momento.
«Habitar poéticamente» el silencio de la casa del ser, abriendo claros y grietas, inscribiendo otras dimensiones en el don del lenguaje, despertando zonas dormidas del pensar, creando nuevas moradas en la casa del verbo.
¿Qué nos decía Nietzsche en Zaratustra con su afirmación «el hombre es un puente»?. Probablemente que sólo somos tránsito, devenir, instancia a ser superada; salto sin red hacia el superhombre o hacia el abismo mismo, lo inexorable, la verdad, la locura, la incertidumbre propia de toda existencia jugada en un definitivo acto de afirmación de la vida, vivir en este momento TODOS LOS MOMENTOS. Todos los saltos sin red que nos propone la vida, en una afirmación de la nada que no deja de ser celebración, fiesta dionisíaca, embriaguez...
«El desierto avanza» avisó el mismo Nietzsche, anunciando una catástrofe de proporciones nunca vistas. ¿Intuiría que su mente partiría hacia otras latitudes cuando escribió: «y si algún día la prudencia me abandona, que mi espíritu vuele libre junto a mi locura»? La poesía y sus profecías autocumplidas. Como Sylvia Plath que en sus últimos días escribe «una vez que uno ha visto a dios ¿que remedio hay?». Lautreamont axioma «la poesía debe ser hecha por todos». Rimbaud se llama al silencio y las aventuras salvajes de un exilio que duraría toda la vida. Unas cuantas pastillas apuradas por Pizarnik en una noche dura o el despeñamiento de Alfonsina en su propio mito de regreso a la sustancia amniótica de ese mar que fuera su origen. Borges y su validación de unas pocas metáforas certeras y afortunadas (el río como el tiempo, etc.). Lewis Carrol internándose en los espejos y en los juegos de palabras para prolongar su sueño de una niña inasible. Rilke en su melancolía sin retorno, intuyendo que sólo podrá lograr verdad en el ser a través de su poesía, esa forma de la sublimación que le permite hablar con los ángeles en su teoría de lo abierto, para hacer soportable una tristeza que lo desgarraba y lo interrogaba infinitamente. Emily Dickinson y la ceremonia de una cotidianidad y su voto de silencio y su blanca elección y la reducción de sus espacios físicos y su ritual agorafóbico de flores disecadas junto a sus poemas. Cesar Vallejo preanunciando su muerte en París un día de lluvia. Paul Celan demostrando que la poesía no sólo es posible después de Auschwitz, sino también imprescindible.
A la sombra del hoy cayendo sobre nosotros se entiende aún más aquella afirmación proto lacaniana de Rimbaud que dice «yo es otro», esa necesaria extranjería que el poeta convoca para desconocerse por siempre en su tarea de «fijar vértigos», su convocatoria a la otredad como vivencia, credo y mística.
Holderlin despeñándose, anunciando (antes de su encierro en la torre) la noche del mundo ante la huida de los dioses. Allí donde los poetas llevarían la antorcha «como los sagrados sacerdotes del dios del vino, que de tierra en tierra peregrinaban en la noche sagrada siguiendo el rastro de los dioses huidos.»
Es hora de pensar que la muerte de dios tiene como consecuencia el largo duelo de dios. Y habitar el vacío sin sustituciones puede permitir nuevas formas de adjetivar el abismo, moviéndose sin muletas en la experiencia límite de la nada. La noche ha caído porque la muerte de dios implica también un duelo tan largo como primal.
Siguiendo a Holderlin «el hombre es un mendigo cuando piensa y un dios cuando sueña». Podemos deducir que, si la razón actúa a manera de cárcel, en el gran averno de lo inconsciente (donde yace la memoria de la especie) somos ilimitados. Pero somos ilimitados en la memoria de una especie que a su vez ha perdido la memoria. Y ahora que cae la noche, es tan hermoso saber que lo hemos perdido todo. Que no hay certezas que nos cubran ni ideas que guarezcan ni ficciones que cobijen ni tesoros en la tierra. Que detrás de las apariencias no hay nada. Saber que estamos perdidos. Definitivamente perdidos. Intuyendo que quizás, tan sólo quizás, el dios atomizado tras su muerte reviva parcialmente en escritos apurados en servilletas de papel.
Ese extraño artista llamado John Cage comprendió claramente que la música es la arquitectura del silencio y dijo alguna vez: «no bien comprendemos que lo hemos perdido todo, comienza la poesía». Es hora de celebrar. Lo hemos perdido todo. Estamos perdidos. Definitivamente perdidos. Brindemos por eso.
También.

P.D.
1.El arte permite recuperar el salvajismo del acto de ver, como la poesía el hábito extraviado, extraño, de decir, nombrar, nominar. Entonces esa extrañeza del decir alumbra un nuevo significado que al no ser absoluto abre diferentes posibilidades para el antitotalitarismo donde la subjetividad puede manifestarse como un dibujo o una proyección.
2.Nominar. El verbo. La posibilidad de nombrar. Un decir que dé cuerpo. La violencia del verbo redentor, la palabra que crea profanando un lugar con la paradoja de lo divino.
3. Hay un mito fundante en cada poeta, su nominación, sus palabras fundamentales, su inauguración, su bautismo en la palabra, la consagración de sus metáforas - allí en su correspondencia- (alfonsina y el mar, lorca y la luna, pizarnik y las lilas) su recibimiento - aprendimiento y apropiación del don del lenguaje, su inserción libre con variada exactitud en el registro simbólico, la cadencia de su plegaria e imprecaciones, su hölderliana conversación con dioses y humanos, su principio en el verbo y su final.


© JAVIER GALARZA
En http://javiergalarzants.blogspot.com/


12 de abril de 2011

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Philip Larkin



Un sordo corazón: Philip Larkin





Si la poesía fuera un estado de ánimo, en el caso de Philip Larkin (1922-1985) correspondería al de la pena, por momentos amarga, por momentos irónica, fundamentalmente lúcida, no obstante estos atributos sus escritos destilan una inusitada  belleza. La suya es una poesía de contenidos, una poética de las situaciones cotidianas, de la contradicciones de la vida, de la decepciones de la edad y las ilusiones perdidas, de una fría y poco esperanzada observación del mundo. Larkin tomó siempre partido por una poesía que que tomara las expresiones del habla común de la gente, no es casualidad además que sus poemas refieran a la condición material de la existencia.   

11 de abril de 2011

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Valeria Tentoni, un poema inédito



Diosmío





o veo al pájaro incandescente cruzar
el álgebra, lo veo ir
como una flecha luminosa cruzando el número,
yo veo al pájaro, levitando, entre los rieles del número
el pájaro que es una cifra entre toda la nada,
el pájaro que gorjea y se parece un poco a la piedad.
Yo veo al pájaro y su constelación de sombras
ir y venir entre los tendales, ir y venir, meciéndose
al aire yerto de la mañana dejándose cruzar por el pájaro
al aire que es también un hijo pequeño y distante.
Yo veo al pájaro, diosmío, también lo veo
y nadie duerme al cuento ni a la noche cuando debería
y menos todavía el pájaro que cruza y se trenza en el cableado y después
sale revoloteando como un monstruo marino
entre la miel blanca del cielo y las nubes como mantas de lana
rosada
mantas de lana en las que se acuna el hijo
entre las que el hijo mama,
y el pájaro cruza los ojos del hijo que piensa en los ojos del pájaro
que de diminutos y fusilados resplandecen
como borlas de piedra amarilla
y lo ciegan hasta que
la sombra y la noche y el sueño
son una sola aureola seca.




Valeria Tentoni (1985, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires)
De: "Ajuar" (inédito)

Imagen: facebook (Foto de Leticia Aiello)



7 de abril de 2011

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Revista Último Reino, Louis Aragon: 'como un diálogo de espejos abandonados'

Nro. 5 de la Revista de Poesía "Último reino", editada en Buenos Aires dirigida por Gustavo Margulies y Víctor Redondo. Abril / Junio 1981




Poema para gritar entre las ruinas





Escupamos los dos escupamos
Sobre lo que hemos amado
Sobre lo que hemos amado juntos
Si tú quieres pues esto es bien un aire de vals y yo imagino
Lo que pasa entre nosotros de sombrío e inigualable
Como un diálogo de espejos abandonados
Con la consigna en alguna parte Foligno quizás
O la Auvernia o la Bourboule
Algunos nombres están cargados de un trueno lejano
Quieres escupamos los dos sobre esos países inmensos
Donde se pasean pequeños automóviles de alquiler
Quieres pues es necesario que algo aún
Que algo
Nos reúna quieres escupamos
Los dos es un vals
Una especie de llanto cómodo
Escupamos escupamos pequeños automóviles
Escupamos es la consigna

5 de abril de 2011

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Constantino Mpolás Andreadis












Poemas en crudo
35



el poema es aparte
no sólo es una parte de cada cosa
sino que es todas las cosas y cada una
si el poema es lo que parte de sí mismo
lo que se aleja
lo inalcanzable
es porque el poema no sale
nunca de sí
y es así como no saliendo que el poema sale
parte
sale
para entrar en sí mismo y en cada cosa
para entrar y salir de cada cosa
al salir de sí mismo
al entrar o salir
y ese entrar o salir
ese entrar y salir
que por él son en él la misma cosa
es el poema saliendo de sí mismo
y entrando en él
como si así saliera
de cada una y de todas las cosas
de las que es parte
porque es aparte
porque sólo el poema
es aparte
aunque no como espejo
ya no como espejo
sino como cielo
como mar
como tierra o silencio
como sólo palabra
si palabra no escrita o nunca dicha
sí palabra leída o escuchada
no sólo en ella
sino sólo en otras
y si en todas las otras en cualquiera
cualquier palabra
todas las palabras
son la palabra exacta
la que el poema no busca pero espera





Constantino Mpolás Andreadis (Buenos Aires, Argentina)

Otros poemas de Constantino M. Andreadis, aquí
Imagen: "La inspiración del poeta", de Nicolás Poussin

3 de abril de 2011

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Alan Dugan


Sobre la plomería después de un ataque aéreo





Las casas dejan caer los ladrillos
tras la nube de polvo del bombardeo,
que se transforman en escombros rojizos, ágiles,
mientras los árboles de las cañerías
se levantan más de cuatro pisos encima del aire
cargado de frutos de porcelana:
lavamanos, bañeras, tazones de inodoro.

Oh que nuestra cultura hidráulica se levante
de la pila de basura de tubos de plomo, renovada
y surja como un géiser
cuando pase la tormenta de fuego,
que regrese a las alcantarillas,
así todos los amantes subterráneos
podrán juntar sus aguas con las aguas de la vida
y la desnuda de la bañera del cuarto piso,
aunque muerta deseable; los cueros al aire,
se convierta en la deidad de los manantiales urbanos.





Alan Dugan (1923 / 2003, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Poems Seven". New and Complete Poetry. Seven Stories Press, Nueva York, 2002
Traducción: Armando Ibarra Racines en Clave Revista de poesía y cultura.


2 de abril de 2011

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Vicente Muleiro
















La matadora





Cuando se apareció la matadora
armada de disturbio hasta los ojos
sentí
        que estaba hecha para intimidarme
puesto que
                    a prima facie
                                           y a lo lejos nomás
me perturbaba.

Yo tenía que parar de vez en cuando
charlar con alguien, preguntar por el mundo.





Vicente Muleiro (1951, Buenos Aires, Argentina)
De: "Para alguien en el mundo estamos lejos", GBA Impresiones, 1978

Imagen: diariodigitalglobal.com.ar