30 julio 2011

Hernán Lucas

julio 30, 2011

Onoly Jean-Pierre
se hacía llamar
poniendo el apellido
adelante
Onoly Miguel
Onoly Raquel
no importa
según él, el carro arrastra los caballos.

A Jennifer vio
Onoly
¿y qué vio?
que la pobre firmaba Conoly
y fue suficiente,
ya saben,
la o apellidal fue
el anillo de compromiso.
Con genes de oro soñaba Jean-Pierre.


A qué esta escarola
si una monola
la calma no viene a romper.
¿Monoly? The price! Pierre-Jean sin oler la tragedia
la invita a pasear.
Ono oly monó lolí.

Para ellas, llámense como se llamen
y sean de este planeta o daquel
no hay aire como el suspiro.
— ¿Qué hace esa o en tu dedo? ¿Comprom tal vez?
—Mentir no puedo, compromis es de
— ¿Por quién mancas la voz?
Jennifercono, y fue todo.
Referir queda nos de la  pobre
que hoy regentea el doblón
de diez militares
muy lejos del planeta Pepón.



De “Un tapado arena”, Alción, 2005





Praga estaba regalada en 1994,
Ingrid y Bettina que venían
de Londres la carísima
se daban la gran vida ahí
aunque no dejaba de ser un problema no saber
checo. Ingrid no pudo calmar su antojo de pollo,
por ejemplo, ni aun dibujándoselo a la moza,
ni agitando los codos como alas
delante de sus ojos
azules e ignorantes como zafiros.
Pero una noche disfrutaron por igual
el poder de sus dólares
y  la ignorancia del idioma.
En un restorán decidieron guiarse
sólo por los números:
Betti le señaló al mozo el postre más caro fue
como poner en marcha maquinarias olvidadas:
instrumentos especiales traídos
por hombres repentinamente graves
manteles de otro blanco larguísimos
preparativos que encerraban
la gran promesa del postre, y ahí
Betti empezó a callarse, porque del postre en sí
                                                   no se acordaba.


De “Grieta de oro rápido” (inédito)



Paz da la cabeza al piso
y deja su pie en el zócalo, de la peluquería
rompe la crisma, estrella
el peinado flamante
deja a la gloria zumbando
en el filo de las tijeras.



*


La ruina
de lo que vos creíste
que era tu audacia
no es un lago bajo el sol,
pero un cambio
en el ánimo del cielo
también la irisa.

“En el cráneo una leonera” (inédito)

Hernán Lucas (1974, Buenos Aires, Argentina)

27 julio 2011

Lucas Soares

julio 27, 2011





con la mitad del cuerpo hundido
cruzamos un mar entre bandadas
de tábanos, cada tanto algún barco
nos ignoraba y la cabeza de un perro
nadaba convencida hacia la orilla

apenas dimos con una playa dibujaste
con la punta del pie en la arena
la vuelta recorrida que el agua
borró enseguida



*



recién en el momento del despegue miré
por la ventanilla ovalada
las primeras nubes, la ciudad
como un scalextric

dejaba atrás un lugar
apenas entrevisto

pensé que si el avión
explotara en el aire
moriría al menos con una
frase tuya en la cabeza





Lucas Soares (1974, Buenos Aires, Argentina)

De. "El sueño de ellas", Bajo la luna, 2014
Fuente: www.lucas-soares.com 

Imagen: www.paradisoediciones.com.ar



26 julio 2011

Jorge Aulicino

julio 26, 2011
Árboles





El tallo que detiene el ojo
crece un centímetro por día
en la ansiedad del día.
A un centímetro diario el tallo crecerá
3,65 metros anuales.
Pero el ojo no se engaña:
el árbol joven del jardín
no crecerá hasta esa altura en un año.
Hoy, solamente ahora, crece
un centímetro diario.

No durmió bien el observador.
El jardín, en una barrio
que hace cien años fue rico,
tiene plantas frondosas, oscuras, frescas.
El árbol joven, ensimismado entre ellas,
insolente y frágil,
no promete una copa frondosa
ni pájaros ni el suavísimo sonido a sedas
de las hojas de los otros árboles
pero crece, hoy, 3,65 metros anuales.

El momento es absoluto
para los árboles mayores,
lentos o eternos
con velocidad de acuario,
y para el tallo nuevo,
ágil y voraz.
Tallo  que no entiende, como los árboles mayores,
que su objeto es limitar el infinito,
no conquistarlo;
este tallo joven quisiera, en su velocidad,
abarcar con su copa, ramificada millones de veces,
el espacio completo
hasta anular todo dibujo del espacio
entre sus futuras ramas y sus futuras hojas.
Lo comprende bien el hombre que no durmió esta noche.
Su espíritu es
los árboles:
los viejos
y el nuevo.





Jorge Aulicino
De. "Almas en movimiento", Libros de Tierra Firme, 1995

Enlace: El poeta ocasional
Imagen: festivaldepoesiaderosarioenfotos.blogspot.com



25 julio 2011

Osvaldo Picardo

julio 25, 2011

Realidad del viento



No es el silbo del bichofeo, tampoco
la bolsa que revolotea en el callejón.


Sin respuestas ni explicaciones, viene
vestido del olor del puerto
y de toda la alergia de los tilos. Viene...


Y chifla por los rincones y sobrevuela
con una cumbia de polvo sobre la mesa.
Toda tu agenda ha desparramado,
da vueltas las hojas como si algo leyera.


Las sílabas descompone en largas lluvias.
Habla. Pero su idioma no es el nuestro,
ni sus silencios... Has creído siempre
que al ser invisible era menos real
que el árbol donde embolsa gatos
o que las persianas en que teclea
su música mala...


Esta mañana, por el contrario,
lo real se ha volado junto con los techos
y sólo el viento existe y truena.




De: "Pasiones de la línea", Ediciones en Danza, 2008




No sabés qué hay al otro lado del horizonte,
donde éste termina con el día. No es una barca
que por cierto flota petrificada entre las nubes.


Ni más allá de la escollera
con el Cristo de brazos abiertos. No, no son cosas.
Esta vez, no son cosas.


En todo lo que se configura bajo el atardecer,
en los lobos marinos de Fioravanti,
en la Rambla y la pareja que se retrata,


una sola realidad existe en verdad:
un chico, al fondo, en la orilla
con un puñado de arena entre las manos.


¿Qué historia repite? ¿La misma y la nuestra?
¿Cómo se repite lo que no vuelve?
Él juega y ríe antes de que caiga la noche.


Ahí se escribe cuanto has deseado ser
y una deuda infinita
que se ha vuelto tu mirada.

De: "Mar del Plata", Ed. Martin, 2005) en semanadelasletrasylalectura.blogspot.com 

Enlaces: Osvaldo Picardo
Imagen: lacapital.com.ar

24 julio 2011

Rodolfo Edwards

julio 24, 2011

el pasaje Obelisco




en el pasaje Obelisco
solía tomar cervezas
con mis futuros enemigos

en el pasaje Obelisco
mientras me lustraban las botas
con un lápiz de oro trazaba
una larga línea
entre absurdas combinaciones de subtes
que me llevaban a ninguna parte
se hundía en la noche
mi alma
como un fantasma visible
que no pudo eludir
el peso de la materia
esperaba súbitos acontecimientos
un relumbrón
una luz cegadora
o sea:
un golpe de la suerte

en el pasaje Obelisco
una vez compré
un teléfono blanco
un Gráfico
con Bochini en la tapa
y un reloj de juguete
que marca siempre
la hora más querida


Rodolfo Edwards (1962, Buenos Aires, Argentina)
De. "Diario de poesía N° 82, Junio a Diciembre 2011


Imagen: alcoyanaalcoyana.blogspot.com

23 julio 2011

Juan Luis Hernández Milián

julio 23, 2011



De sobremesa



Mira al arroz
cómo quiere otra vez ser en la espiga,
al ave pasmada por la muerte en vuelo;
mira cómo
el último estertor de la lechuga
cuaja en el rocío,
la hermosura del pez pidiendo salvación…


Ten misericordia de ellos.


No siempre el amor
entra, precisamente hoy, por la cocina.



Noche blanca




Cuando
parpadea la luz
y noviembre
teje entre nosotros
otra noche,
como si fuera una de las noches
al San Petersburgo del siglo diecinueve,
me embarga
el mismo sobrecogimiento
de cuando vi aquellos funerales
a las puertas de una iglesia
cercana a la casa de Tolstói.

Por la nitidez de ese recuerdo
no pasa,
como por ti,
el tiempo.



Juan Luis Hernández (1938, La Matanza, Cuba)
De: www.postaldecuba.com


Imagen: Postal de Cuba

W.H. Auden

julio 23, 2011


El ciudadano desconocido






El Departamento de Estadística descubrió que era
alguien contra quien no había queja oficial,
y todos los informes sobre su conducta coinciden
en que, en el sentido moderno de una palabra anticuada, era un santo,
pues en todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad.
Salvo por la guerra hasta el día de su jubilación
trabajó en una fábrica y nunca fue despedido,
sino que satisfizo a sus patronos, Motores Fudge S.A.
Y sin embargo no era un esquirol ni tenía opiniones extrañas,
pues su Sindicato informa que cumplió con su deber
(nuestro informe sobre su Sindicato indica que era de fiar)
y nuestros trabajadores de Psicología Social descubrieron
que era estimado entres sus compañeros y le gustaba ir de copas.
La prensa está convencida de que compraba el periódico todos los días
y sus reacciones a la publicidad eran normales en todos los sentidos.
Las pólizas hechas a su nombre demuestran que estaba asegurado 

                     a todo riesgo,
y su cartilla de Atención Sanitaria indica que ingresó una vez 
                    en el hospital pero salió curado.
Tanto Sondeo de Producción como Alto Nivel de Vida declaran
que tenía actitud sensata entre las ventajas del Pago a Plazos
y poseía todo lo que necesita el Hombre Moderno,
fonógrafo, radio, coche y frigorífico.
Nuestros investigadores de Opinión Pública están convencidos
de que tenía las opiniones adecuadas según la época del año;
cuando había paz, estaba a favor de la paz, cuando hubo guerra, acudió.
Se casó y aportó a la población cinco hijos,
lo que era el número adecuado para un progenitor de su generación 

                    según nuestro Eugenista,

y nuestros maestros atestiguan que nunca se entrometió en su educación.
¿Era libre? ¿Fue feliz? La pregunta es absurda:
si algo hubiera ido mal, con toda seguridad nos hubiéramos enterado.






Wystan Hugh Auden (1907 / 1973, Londres, Inglaterra / Viena, Austria) Nacionalizado estadounidense en 1946


Imagen: W.H Auden por Cecil Beaton en National Portrait Gallery

21 julio 2011

Luis Eduardo Alonso

julio 21, 2011


el muelle animal cansado
ocultas tu pie en la agua seguro de ser más bello
y me deshonras
Entonces qué hierros alzas desesperadamente doblados
Qué sueñas con ese amanecer que te ilumina
La mar no te vence y la derrotas
y entonces también yo
puedo soñar




pero el viejo pescador conserva del tiempo un vaivén de reloj
él orina tristemente en la proa
se abandona sobre el océano
ay sus pensamientos
sólo estuvieron en la mente de los esclavos y los genios
No hay pecado
y arroja la red





no hay nadie en la bahía y en la noche las olas llaman y llaman
nadie responde
Qué triste
tu vida estará siempre atardeciendo en aquella costa sola

a veces en las playas serenas descubro que todo está concluido
y sólo esta luna me defiende





Luis E. Alonso (1951 / 2002, Buenos Aires, Argentina)
De: "La mar", Ediciones La lámpara errante de poesía, 1982

Imagen: "Paseo a orillas del mar", de Sorolla en valle-fernandez.blogspot.com

18 julio 2011

Poetas chinos / pero la blanca luna me ilumina

julio 18, 2011

Li Po




El santuario de la cumbre




La cumbre, el monasterio.
Ya es noche. Alzo la mano
y toco a las estrellas.
Hablo en voz baja: temo
que se despierte el cielo.




Despedida en una taberna de Jinling




Las flores de los sauces
se mecen con la brisa
e inundan la taberna de fragancia.
Mis jóvenes amigos de Jinling
vienen a despedirme.
Una hermosa doncella nos escancia el licor.
Entre "adiós" y " adiós",
apuramos una copa tras otra.
Preguntad. ¡ oh amigos ! al gran río que corre hacia el este:
¿qué acabará primero, su curso o mi añoranza?








Suan Tsong






Se tallan en madera
los rostros viejos de la marionetas.
Se manejan con hilos.
Con su arrugada piel y sus cabellos
blancos,
asemejan a verdaderos ancianos.
Mas, acabada la comedia,
se derrumban inmóviles
Igual que las marionetas, los humanos
pasan, como en un sueño, por la vida.








Wang Wei






Sentado solo, entre los bambués,
toco el laúd, y silbo, silbo, silbo.
Nadie me oye en el inmenso bosque,
pero la blanca luna me ilumina.






Tu Fu




Ya tres noches seguidas he soñado contigo.
Estabas a mi puerta,
pasándote la mano por el blanco cabello,
como si una gran pena te acibarase el alma...
Al cabo de diez mil, cien mil otoños,
no tendrás otro premio que el inútil
de la inmortalidad.




Textos seleccionados del blog Las voces del silencio, www.http://elizabeth-lasvocesdelsilencio.blogspot.com
Enlaces: Poesía china


Imagen: casaasia.es

13 julio 2011

Osvaldo Picardo

julio 13, 2011

Las ciudades son absurdas





hasta que alcanzan
la playa del hábito y del amor.
Imponen un tiempo
y una mirada
que no eran tuyas.
He leído que algo parecido
sucede con unos peces
de las profundidades:
Se hunden en la noche del agua
sintiendo la cercanía
de la hembra desconocida.
Y bajo sixtinas de coral
encuentran y descubren
el corazón del instinto.
Basta eso para aplastarse
contra la piel de una vecina
y así, desaparecer día tras día,
hasta que, en la unidad deforme,
pierden los propios ojos
y hasta el primitivo cerebro.
El amor que miente su razón
con tanta entrega, nos abandona
a una práctica insípida:
saludarnos diariamente,
hablar de las mismas cosas
y aplastarnos …



Osvaldo Picardo (1955, Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: plaquette "Mar del Plata", 2005


Imagen: silvialousteau.blogspot

Wallace Stevens

julio 13, 2011

Desilusión a las diez





Las casas están frecuentadas
por blancas camisas de dormir.
Ninguna de ellas es verde,
o púrpura con anillos verdes,
o verde con anillos amarillos,
o amarilla con anillos azules.
Ninguna de ellas es singular,
con escarpines de lazo
y cinto de abolorios.
La gente no irá a soñar
con mandriles y caracolas.
Sólo, aquí y allá, un viejo marinero
borracho y dormido con sus botas,
caza tigres 
en rojo clima.





Wallace Stevens (1879 / 1955, Pennsylvania, Connecticut, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "Los grandes poetas", Centro Editor de America Latina, 1988

Imagen: wikipedia.org

12 julio 2011

Raúl Abeillé

julio 12, 2011



Las otras miradas




A veces
cuando apago la luz
siento que hay ojos
que me miran.

Otras veces
también siento que hay ojos
que me miran
me miran
y debajo de esos ojos
adivino bocas que murmuran.
Me miran
me miran
siento el silencio
de agujas afiladas.

Apago la luz
y ojos
pares de ojos
ávidos
curiosos
deseando conocer
lo que pienso en la oscuridad.

Diablos

necesitar luces
para estar solo




El perro



Mi perro bosteza.
Bosteza feliz.
Pasa el tiempo
igual bosteza.
No lo mide
no le importa
su tiempo es corto
sus minutos largos.

Las cosas transcurren
el abre la boca distendido
se relame
y bosteza.
Miro la hora
siempre se me hace tarde.



Raúl A. Abeillé (Santa Fe, Provincia de Santa Fe. Reside en Rafaela)

Imagen: Roy Lichenstein

10 julio 2011

Andi Nachon

julio 10, 2011

Hospital de ojos



–Santa Lucía, déjanos ver.– Aquí donde esperamos todos
mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más
de cincuenta números antes, aquí, Santa
permítenos en la espera –a mí, a los otros– cierta dignidad en bordes
poco limpios inhóspitos
rincones éstos de la pública
salud y heridas

por trabajos varios, soldadoras o astilla
que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí
ver claro cómo
esto alcanzaría para todos. A la espera con números
imposibles del cien al dos
diez cuánto
habrá más que esperar para ver? Alcanza con  el verde

pleno de febrero y alcanza para más
éste estar acá. Guardia
médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo
sangrante del hombre viejo. Son de fajina
sus pantalones y uniforme, aquí
donde también él
tendrá sus sueños cuando espera y vos
al lado le tendés otro pañuelo. –¿Es rojo

esto que veo? ¿Tiene el dolor
algún color?– “Santa Lucía, que estás aquí
hecha por nosotros –para nos– los que en fila
esperamos qué salvación: déjanos ver un probable
tiempo para todos
donde también este penar
tenga su sitio sin apostar al empuje
del otro para hacer lugar.” Y hay algo

definitivo de barco hundido aunque alcance
el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro
ser nosotros y así
la luz completa de febrero
no se opaque ni se sostenga más
esa regla del pobre
para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

cuando no estamos ahí
donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya
justificar. Lavandina más espadol, el alfajor que la nena
come inquieta en un rincón. Ciento
sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros
de la impaciencia al fastidio porque nada
logra a veces ligar en dolor, ni siquiera
cierta redención. –Pero estalla afuera esta mañana
única de febrero, cualquier posible
caminata al sol, el mismo aquí, en esa
clínica privada siempre aséptica y no
la salud no se paga
no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.– Santa
Lucía Santa, recuérdanos que nosotros
y los otros igual moriremos. Y alcanza
con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía
ser suficiente aunque la madre
da un bofetón a la nena, en esta calma chicha
tan parecida a sala previa
del huracán que borre toda

espera pero no. Vos
aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena
sino que a ver

vinimos aquí lucía: solamente a vernos, los unos
en los otros ya que éste
espacio alcanzaría para todos
cuando casi esa mano
del hombre herido sobre el hombro
blando de su chica alcanza
también estas entrañas, Lucía aquí
vos despierta con nosotros.





Andi Nachon (1970, Buenos Aires, Argentina)
De: "Plaza Real", 2004, Ediciones La Bohemia

Imagen: sigamosenamoradas.blogspot.com



06 julio 2011

Laura Yasan

julio 06, 2011



¿y para qué?





el llama-ángeles de mi vecino
hace un sonido de corolas de níquel
un fino repicar sobre cristal de copas biseladas
treinta y dos veces por minuto
-treinta y cinco si hay viento-
constante sostenido
todo el maldito día y la maldita noche
se estrellan ángeles contra el techo
su exquisito plumaje se desgarra
en el vidrio dentado de la medianera
muchos se electrocutan en los cables de luz
pierden el brillo de los dientes


él sigue acumulando nicotina
en una camiseta sucia
frente al canal de los deportes






Laura Yasan (1960, Buenos Aires, Argentina)
De:  Revista Ñ, edición del 08/05/2010

Imagen: festivaldepoesiaderosario

*LLama-ángeles: esfera de plata que emite un sonido armonioso al agitarse. Según la tradición protege a quien la posee