Daniel García Helder




Hombres sin porvenir





Los árboles de La Invernada,
que perdieron sus hojas
torcidas por marzo, en abril,
antes que el viento tumbara
las frutas con gusanos,
podridas, y el cereal almacenado
en silos y galpones
fuera destinado a la exportación,
vistos desde la orilla opuesta
por la ventana
mientras me sirvo una taza de té,
se parecen, con sus ramas
en punta, peladas
a los hombres sin porvenir
que miran de otro modo el cielo.



Una bañista





El aire que el Paraná reenvía,
esporádico, bajo la forma
de una ráfaga humectante
al banco de arena, desciende
sobre los cuerpos
expuestos a este sol,  cenital,
doblado por el agua
y los puestos de gaseosas.
Hacia esa bañista,
que reposa sobre un rectángulo
de lona y mira a lo lejos,
en direción a
El Espinillo, no siento atracción
o repulsión; apenas
interrumpida por las piezas
del biquini, la superficie
de su piel cintilla aquí y allá,
difunde, como algo de bronce,
relumbrones que quiebran
la opacidad de la mirada.





Daniel García Helder ( 1961, Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina)
De. "Diario de poesía N° 4, 1987

Imagen: del palenque y para...

Diario de Katherine Mansfield

8 de diciembre. Esta mañana pensé y pensé pero sin mucho provecho. No sé porqué, pero mi inventiva parece casi desertarme cuando deseo bajar a la tierra. Estoy perfectamente allá arriba. Incluso en mi cerebro, en mi cabeza, puedo pensar y realizar y escribir maravillas...maravillas; pero en el momento en que realmente trato de escribirlas, fracaso miserablemente.





Sylvia Plath: vestida para la ceremonia, por Javier Galarza



«especie de milagro andante mi piel
destella como una pantalla de lámpara nazi»

La escena podría comenzar de esta manera: una niñita rubia adoradora del sol, que cree en la existencia de las sirenas, cuidando con ternura a una estrella de mar sin brazos. Pero toda biografía es falsa y parcial puesto que la vida misma tiene una inmensa carga de irrealidad. Vuelven algunas preguntas: ¿Hay olvido posible? ¿Hay perdón? ¿Solo la belleza nos redime del horror?

Sylvia Plath nació en Boston, Massachussets, el 27 de octubre de 1932 bajo el signo de Escorpio, fuerza rectora de Eros y Tanatos (sexualidad y muerte). Dos animales simbolizan el poder dual del poder de este signo: el escorpión (representación del mundo psíquico subterráneo, así como de la capacidad de herir o herirse) y el águila (símbolo místico de la trascendencia al mundo cotidiano: la resurrección). Crece cerca del mar junto a Warren, su hermano menor. Su madre, Aurelia Schober, era de origen austríaco, y su padre, Otto Plath, un entomólogo polaco. En 1940, cuando Sylvia tiene 8 años (edad en la que publica su primer poema en el Boston Sunday Herald, sobre grillos y luciérnagas), su padre muere de embolia pulmonar. Al día siguiente de su fallecimiento, su madre reúne a los dos hijos para darles la noticia.

Alberto Girri

El poema como idea de la poesía






                Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras
                      y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
hasta la emoción adecuada,
                                         está probado,

y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la tendencia madre sea
por dónde va la inspiración
                                  "si en frío o en caliente",
y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las Musas, su rogar que lo asistan,
                                                           y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas
                                        y a Dante, el reclamar
la intervención de los dioses
acaso sin creer en ellos:
                            O buono Apollo, all'ultimo lavoro
fammi del tuo valor...

Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto
                                                  que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural, y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la sola inspiración reconocible.





Alberto Girri (1919 / 1991, Buenos Aires, Argentina)
De: "El motivo es el poema", 1976 

Imagen:  http://bibliotecaignoria.blogspot.com/2010/07/alberto-girri-pascal.html

Alicia Genovese



Fragmentos





la belleza es un eslabón
perdido
el mar es ajeno y da vueltas

el llanto puede
componer esa distancia
y tal vez la búsqueda pueda
y tal vez la caída
                          no sé

el mar es también la presencia
de unos brazos que se acercan
para abrazar
               suele ser
el eslabón perdido

pero cómo afirmarlo ahora
que la calma es un pantano
la lógica
una torpe certidumbre
y las palabras
cansan





Parole





lo que no sirve mencionar
                    no se mencione
y tan poco
                    entonces
fuera la noche menos húmeda
si duele el estómago
de decir sí
cuando no
pero no
si conmoviera verse sola
con un lirio
                    para secar
si conmoviera
con visceras del uno o del otro
                    para deglutir
             no diría
y si las tazas se marchitasen
y las mesas se estrujaran
al menos
una ayuda
pero cada cosa
en su sitio





Alicia Genovese (1953, Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires)
De: "El mundo encima", Editorial Rayuela, 1982

Imagen: Facebook de AG

Juan Cameron



Nos habíamos amado tanto





Urdimos el jurel con los dedos junto al Estero de Castro
la Chica ríe y besa a Manuel mientras las gotas
de una lluvia que no existe sino en ese recodo
quiere borrar el fuego

Enfrente no están los palafitos cortados por la dictadura
Apenas un motor que zumba mientras la llama
cruje y el pez se multiplica en la lima de uñas

¿Cruje aún? ¿Sigue el motor camino hacia las islas?
¿Existe Castro sino en nuestra memoria?
Ella también me amó -es cierto- cuando Manuel había huido
así Manuel la amó y levantó los brazos en el orgasmo
y Gonzalo y yo aplaudimos borrachos en el patio

¿La amó Gonzalo? ¿Compartió esos jureles rescatados 
          bajo su piel de agua?
¿Deslizó sus piernas como la marea?
No escucho la respuesta     Quedó allá lejos     en la otra estación
junto a mi copa
Manuel libró de cárcel y atravesó los mares y vive     lo sé
vociferando en su guitarra por Perth o Sidney     no importa
La Chica quedó en su barrio     un pasaje llamado olvido
o encalló en la familia     tal vez haga el amor
con un buen hombre y rían de haber vivido así nosotros tanto

De mí nada pregunten     sería
como ver el color de las aguas en la imagen del fondo
donde un motor jadea y se pierde allá lejos
hacia
          vaya
                    a saber
                              uno
                    donde.






Juan Cameron (1947, Valparaíso, Chile. Reside En Estocolmo, Suecia)
De: Video Clip, Bikupa, Estocolmo, 1989

Imagen: rileditores.cl


Celeste Diéguez

Los fragmentos en cursiva pertenecen al Manifiesto Comunista, texto compuesto por Carlos Marx  y Federico Engels en 1848


un espectro
se cierne sobre europa
contra este
han conjurado en santa jauria todas
las potencias el papa y el zar
los radicales y polizontes

contra este y su oeste han cernido conjurado estos
aquellos
santa jauria despendejada belfast
dentella destellos chapas vacias
pinzas inmobiliarias
todas las potencias
amontonada montonera
bigote falso radio operador
espia.

los horizontes se han redistribuido
los bordes
camarada herr profesor
no es tan facil hoy mensurar
de donde esta viniendo la santa
la jauria
el tropel del oropel
de estancia y papua los radicales
zalema ¿ azar? la ultraderecha
 y la policia federal
de espolon y  boca abierta.



y el espectro de diente
cariacontecido de epilepte baba
de paco engendrado en pestilente prole patria
pus de la poderida infeccionante patria
patre que escalpe escinde descuaja
persigue
en patota nocturna a las zarandeadas esquirlas de su radiante bomba
latino liberal.

todas las potencias mediaticas medeas
todos los tubos fluorestaticos de alta tension tiritantes
babean de esponsores multiplicarios arghhh
empujan sonrientes la ficha del borde
 caemonos arrastrando el integro mantel
desintegrados.

y los medios las vedettes
los conductores la ultraderecha los social democratas
los comerciantes la policia el ejercito
 los represores las modelos los secuestradores
los dueños de casas de fin de semana los veraneantes
los jueces los dueños de casas los intelectuales los colectiveros
 los docentes los cantantes de rock las vecinas los bienpensantes
los politicos los gobernantes
 los periodistas serios
los porteños
los dueños de casa.


(Fragmento de La Capital, libro en preparación por Editorial Vox)



Viajes III


El motel
bosteza su aburrimiento fuera de temporada
Reposeras junto a una piscina
ya cubierta de algas y hojas
El viento empuja papeles y nylon hacia los rincones de la galería
-Hay habitaciones-dice un llavero de madera terciada
Abrimos
La ultima luz de la tarde
chorrea las persianas.
Envueltos en la vieja colcha
Comemos emparedados de salami.
Un lavabo herido musicaliza el fin.
Cansados de pelear, nos dormimos.
El, antes que yo.


De: poetasalvolante.blogspot.com






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Celeste Diéguez (1979, Chascomús, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Reside en la ciudad de Buenos Aires)


Carlos Pardo




Antropología



Cambian los mitos pero ésta
sigue siendo la tierra
donde florece el limonero,
a pesar de que nadie lo encuentre significativo
porque también florece el cardo
sin vigilancia
excepto del pincel que lo reduce a un plano.
Pero ésta es aún
la morada del mito.
O cielo abierto tóxico
y no morada.
Una orilla del mundo conocido
donde florecen indiferenciados
el cardo, el limonero.


Carlos Pardo (1975, Madrid, España)
De: Festival de poesía de Rosario 


Imagen: elcultural.es

Gerardo Deniz




Mariposas





Y en los vasos empañados un gusto distante como en frío 
    crisol del alba. Qué afán incurable de hojas secas en las 
    luces, ahí arriba, 
de antifaces marcados con polen y ceniza 
de otra lumbre. Del susurro a las pausas, toda la noche 
un quehacer inacabable —jirones cobrizos, zozobra rumbo a 
    las grandes lluvias 
siempre posibles.
                          Dijera el día 
en qué cortezas o sinsabores,
en qué ciudades hindúes devoradas hace siglos por la selva 
son a las alas oscuras clemencia los derroches del sol
    egoísta, y al rumor
medida cierta este lance de espadas que empieza.





Gerardo Deniz, seudónimo de Juan Almela Castell (1934 / 2014, Madrid, España / Ciudad de México, México)
De. Material de Lectura UNAM
Imagen: www.epdlp.com

José María Pallaoro

Cortejos





En mi despedida
no hay llanto
La liberación se mide
en las derrotas
El ojo policial
está por todos lados
El cortejo
se disuelve
en grupos pequeños
para que no se lleven
los cajones de madera
La ciudad calla
y respira
el humo de las ruinas





Carne podrida





Mirada miope
de lo que aún
no pasó
Nada de ganancias
compartidas
Y los trabajadores
que se pudran
al costado de las autopistas
que conducen
a los campos de sol





José María Pallaoro (1959, La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
De: Setenta y cuatro, El suri porfiado, 2011

Imagen: facebook. JM Pallaoro (derecha) con Carlos J.Aldazábal

Cuestionario

En el cuestionario Schmidt contesto a la pregunta "Qué objetos te acompañaron toda tu vida". Entre otras cosas mencionadas agregué:."... la dedicatoria de Marcelo Cohen en su primer libro". La autocensura matizada de baja dosis de egocentrismo o el convencimiento de la nula relevancia que significará para los demás un hecho privado me impiden  transcribir la dedicatoria. Igual que un mapa de un tesoro, las pistas se interrumpen y el paradero final se resguarda, el tiempo que sea posible, en mi cabeza. El mensaje en la primera página del libro se refiere a un puente elemental de palabras. No pienso en  un puente descomunal, un gigantesco tejido de tirantes de acero y toneladas de cemento de columnas plantadas en el lecho de un ancho río. Es un puente, el que construyo para alcanzar la palabra a quien está en la otra orilla, de ligaduras naturales con un destino agregado:la poesía, que a partir de cierto punto, transfigura mi identidad. Indiana Jones trastabillando, aferrándose a lianas entrelazadas, oscilando de un lado a otro en el abismo. Abajo, los rápidos de un río. Y el final que se demora, la orilla opuesta. Escribir un poema parece esto: la aventura de un explorador que huye.

Rogelio Ramos Signes


Paredes de la prisión




En las oscuras márgenes de esta estrofa o de otras
descansa el universo.
Yo (nieto de inmigrantes)
tiendo las camas,
perfumo los ambientes,
busco en vano quien despierte tanto sueño,
pero nada es campana
en este cuarto empapelado de imprudencias.
Tiritando de envidia
desmadejo conceptos que a todos pertenecen
y es muy burdo mi plagio
entre ancianos dementes que suplican ver un nuevo día.
En las escalinatas travertinas que conducen Allá Afuera
agoniza la lluvia.
Yo (pequeño comerciante)
levanto cielos imaginarios
en honor a imaginarios temporales,
pero es poca pantorrilla
esta columna que sostiene los Tinglados.
Presintiendo truculencias,
monto guardia con armas antiquísimas
que habrán de llevarme a la derrota,
mientras alguien suspira en la borrasca
y yo me entrego.
Agrietando las paredes de la prisión donde sucumbo
sólo viene a consolarme
                                        prepotente
el eterno rock & roll de los que siempre esperan.


(Del libro “Soledad del mono en compañía”)




Cuando aúlla el viento zonda




Recostada a oscuras sobre la cama de siempre
      sin blusa
      sin revólver
      sin proyecto
teme que el techo se derrumbe en su ombligo
y la tía dormida se largue a los gritos.

Contra las paredes calientes que miran al campo
      y a la altura donde los murciélagos
      prueban la eficacia de sus radares
imagina en detalle la taza de café
derramándose sobre el libro de Pavese.
“Viento maldito” dice entre dientes.
“Viento de fuego”
pero ni siquiera intenta cerrar las ventanas.

Fingiendo no saber que ya es la medianoche
      hora en que la soledad se define por sí misma
descubre que no tiene los dedos suficientes
como para una contabilidad exacta
de sus arrepentimientos.
“Mamá, mamá
      -susurra mirando el techo donde crujen las vigas-
aquel muchacho no era lo que parecía.
El amor toma formas caprichosas
cuando el calor es tanto”
pero tampoco le alcanzan los dedos
para contar los años que su madre
ya no está en este mundo.

Recostada a oscuras sobre la cama de siempre
      sin blusa
      sin revólver
      sin proyecto
(si se quiere, a resguardo de una ciudad mortecina
sitiada de crímenes)
mide en kilómetros
la distancia que la separa del cajón de los remedios
      simple cajón desbordado de trágicas propuestas
junto a la puerta donde sólo llama
el viento zonda que aúlla enardecido.


(Del libro “Soledad del mono en compañía”)




Ojos claros




Buscando el fresco en las partes más umbrías del viejo edificio
(como a una cápsula de vida en medio del infierno de la siesta)
la carnosa novicia se masturba por segunda vez en el día.
Lo ha conversado con Dios, y al parecer le ha dicho que bueno,
por lo que ya no es un secreto.
“Los hombres son bestias que suceden en el mundo”
se dice mientras trabajan sus dedos laboriosos
“energúmenos que se ufanan hasta de su ignorancia,
seres horizontales que se cotizan por centímetros,
¡Escoria y carne!” grita, y cuando grita “¡Carne!”
sus nalgas tiemblan sobre la fría textura de las mayólicas.
Es un poema que ella improvisa para ayudarse:
sin poema no habría orgasmo y sin orgasmo no habría ella,
así de simple.
Frente al espejo donde sus superioras ya ni se miran
la carnosa novicia ensaya gestos que pertenecen al mundo,
minuciosa exploración de sus senos
(este ganglio, aquel poro dilatado),
axilas depiladas hasta el límite
en que el terciopelo se transforma en seda.
En lo lento de sus parpadeos, en cada beso suyo sobre su propio brazo
los hombres de la tierra (esas bestias carnívoras que viven en los sueños)
inclinan sus cabezas, uno a uno, frente a la misma guillotina,
frente al mismo almanaque de Los Alpes nevados
donde ella seca su transpiración mientras resuella.

Ya se sabe que las mujeres de ojos claros también se quedan solas.


Reescritura del poema perdido “Reflejos de una monja orinando en un balde”
(Del libro “La casa de té”)




La mirada cómplice




Párate frente al espejo
sin miedo, sin ropa, sin complejos.
Acomoda el orden vanidoso de tu pelo
con algún ademán copiado de tu padre.
Como si fueses tu hermano,
ensaya un gesto de vigor.
Aspira profundo. Mira de soslayo.
Perfúmate las axilas y no sufras.
Es tu madre quien te mira desde el espejo.
Todo está en orden.


(Del libro “El décimo verso”)




Pin up siglo XXI



Le pregunté qué vamos a hacer esta noche. Ella dijo: “Cahuenga
Langa-Langa-Shoe Box Sopa”. Pienso que será mejor seguir intentando
hasta que lo hagamos bien. Tala mala Sheela Jaipur dhoop.”
(Traveling Wilburys, en “Margarita”)




Ella era una de esas chicas que tararean canciones
mientras uno les habla, que a veces mastican chicles
o escriben mensajitos en el teléfono móvil
o escuchan música en el MP3 mientras uno les habla.
Ella era una de esas chicas que tienen 40 pares de zapatos
en una caja bajo la biblioteca,
que se acuestan con un hipopótamo de peluche
cuando hay tormenta eléctrica y llueve a lo pavote,
que todavía están comiendo su tarta de verduras
cuando los mozos del bar ya han comenzado a apilar las sillas
y bostezan con el repasador colgado en el hombro.
Ella era una de esas chicas que reproducen diálogos
de vaya uno a saber quién demonios
le dije y me dijo y me dijo y le dije
hasta que cualquier balcón te viene bien para saltar al vacío.
Ella era una de esas chicas que necesitan hablarlo todo
casi 90.000 palabras del diccionario
para hablarlo todo, mientras tropiezan, caen,
compran terrenos al decir de las viejas
en cualquier camino que se les ponga por delante.
Ella pensaba en la muerte pero hablaba de la vida,
para disimular.
Ella era una de esas chicas que suelen cambiarle el compás al corazón
y sueñan con un estetoscopio.
Ella, exactamente ella, era una de esas chicas.


(Inédito)




Gente que va por lana




Pido por tus mayores lo que nunca pedí por los míos
y el desierto se vuelve más desierto en la mesa familiar de los domingos.

Desciendo a la tumba de quienes nunca resucitan
sólo para ver qué pueden necesitar para un nuevo evangelio
y las damas del templo levantan un iglú alrededor de mi equipaje.

Expulsado del pueblo, revendo estampitas en las afueras;
esas que dicen “Escóndeme bajo la sombra de tus alas”.

Pasadas las fiestas, cuando el viento de la ciudad se transforme
en un fantasma sin resuello corriendo por las azoteas,
volveré a ocupar la tierra abandonada por simple cobardía,
volveré a orinar el territorio donde pastaban los corderos,
regresaré a la fuente de la perdición, donde se laven los platos
de cualquier cena de trece comensales que no intente ser la última.

Todo será desolación en las vidrieras que reflejan el parque
cuando el sol decolore los carteles que anuncian la cerveza de moda.

Creo que veranear en la cornisa ya no tendrá encanto para mí.


(Inédito)






Rogelio Ramos Signes (1950, San Juan, Provincia de San Juan, Argentina. Reside en Tucumán)
Enlaces: El poeta ocasional

Imagen: Facebook de RRS

Revista Mascaró N° 6

Septiembre de 1986. Dirigida por Ricardo Mariño. Contiene parte de un ensayo de Alberto Mediza sobre metodología de la creación. Taller al que concurrí con Irene Frydenberg después de la disolución del Taller Mario Jorge De Lellis. Mediza instrumentó métodos novedosos y muy estimuladores de la creación soslayando las formalidades de los géneros.













Alberto Mediza, (1942 / 1978) Maestro de sueños, Director de la palabra exaltada

Imagen: http://www.bibliotecateatral.org.ar/img/Mediza_1973.jpg

En el N° 6 de Mascaró publiqué el siguiente texto:


Fin del episodio


el ring del teléfono alborota los objetos levemente perfilados de una pieza    
                                                            de hotel.
Nadie contesta a la única llamada que recorre la ciudad.
La lluvia, la mansedumbre, el
                     detective recostado y  tan semejante
aun disimulando mi costilla hundida.
Y sobre el fondo negro,
la mano de una mujer desnuda se desploma del hombro
como un cuerpo que explica por sí mismo
                        el movimiento perpetuo.

Pedro Donangelo

Paulina Ailín Aliaga, inéditos


La aventura de la (in) mortalidad



Presencié una reventa clandestina de motivaciones injustificables, humanas y humanas.

Se revendía:

Excuso naderías, pero impulsadas por la búsqueda de la síntesis universal y colosal y salir del día para traspasar la eternidad.

Se revendía:

En fondo de caramelo, hecho por manos inmutables, un rebosante ímpetu hacia la cumbre, recargada de masa dulzona, densa y apremiante como la voz que llama a revolcarse y desencajarse en jardines.

Se revendía:

El fin. La clara presencia de un angustioso  rejunte de manitas desecadas a pajosas relamidas del sol cansino del mediodía. ¡el medio olor angustiante! Mediodía te podés ir o te pondré un bello filtro de esponja.

Y también aquí nada, pues nada pasará. Y todo pasará. Puentes de la melancolía para prologar la miseria de siempre.

Alguien escribirá una concisa reseña de lo que ya habrá de ser deliciosa bollería institucional.




Pinturas del vacío



Odio platicar con preñadas
gorduras
del vacío
y soplar para que desaparezcan.
La pintura traiciona
cuando avanza y abandona
y nada luce como debiera.
Regla primera
nacer errantes
decididos
a perder la sangre
en fábulas imposibles de reproducir
en viejos   glóbulos   ocres

posándose en la desnudez

calcinada a segundos

de la última tentación.

  

  
Seductores de salón. Rateros.



Cuánto tránsito gozando
                  la costumbre.

Rateros de bestiales escenarios
asolando las esquinas
azotándose en la oscuridad secreta
dejando adivinar el sabor
de sus humores
                             el color
de sus espaldas deliciosas.

Magos de la cuaresma
se aparecen y deslizan patrañas bendecidas
                                                                                   disparan
gracias al desierto

y aciertan.


Paulina Aliaga (1985, Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, Argentina. Reside en Buenos Aires)


Imagen: facebook

Jesús Rubio



El color negado (I)



Ahora todo late más despacio
mira en su interior
desea nombrar
pero no encuentra las palabras

se ha perdido…
el mundo, proceso en infinito,
mueve su asombro

escribe, desenreda la soledad,
tira del hilo de la lengua materna
cifra el vacío de vuelta al origen

explora sin territorio
acota el texto
rotura el edén

define lo visible y lo invisible
guarda para sí lo visto y oído...



Jesús Rubio (1966, Montánchez, Cáceres, España)


Imagen: artimañas.blogspot.com