Hugo Toscadaray

Fuente: www.arecosemanal.com.ar


Ducha cartaginesa


                                                                                                                             a Mora y Valentino Ortiz



Primero lavé mi cuerpo
con el runrún de unos grillos extraviados en la fulgurante noche
Luego lavé mi cuerpo
con el secreto de los árboles
Y lo lavé
con la cadencia de una mañana que creía olvidada

Lavé mi cuerpo
con la audacia de un relámpago atronador
Con un ladrillo lo lavé
Con una canción oxidada
Lavé mi cuerpo con una mujer violeta

Y por mas que lavé y  lavé mi cuerpo
el trompo negro del corazón de mi tristeza
no se ha disipado

él brilla entre las uvas del sol.


De: "Elogios y otras intemperies", 2012




Biografía





Cuando ella lo dejó, primero las lágrimas le arrebataron el horizonte.
Y así nació la ceguera del corazón. 

Más tarde, inconsolable, se mordió las manos hasta sangrarse.
Y así nació el hambre de las noches. 

Luego, escribió frases ilegibles en el barro, que después borró la lluvia.
Y así nació la sed de la memoria.


Más tarde aún, el búfalo de la vigilia le derribó el sueño, repetidamente.
Y así nació la sordera del insomnio.


Al fin, pudo ver en el espejo que un solo día le había costado cien años. 

Así nació la pena.


De: “Un caballo con una oreja azul”, inédito




Los días muertos





Escribo que te amo, mientras bebo el secreto licor del desvarío.

Escribo bajo el peso suspendido de tu ausencia
-escorpión alado y mudo-

Escribo que te amo, en la noche anegada y afirmo:
                   tengo corazón que tiembla y suda,
como un caballo rojo.

¡Oh corazón mío!
¡Caballo palpitante y mojado!
¡Matungo de nubada enrojecida!

Le haré una pampa, con éste, tu silencio,

escribiendo que te amo,
                  inclinado y solo,
                   semejante a un puño hundido, en la noche anegada.





Hugo Toscadaray (1957, Buenos Aires, Argentina)

Ricardo Costa

Fuente: www.poesiaenvertical.blogspot.com
Clima





Nos comportamos según el tiempo.
Ayer, los vientos moderados de superficie
nos mantuvieron alertas respecto a posibles
cambios de temperatura.
Mi vecino cortó leña de más toda la tarde
y yo lamenté estar solo en un momento
como este.
Hoy la situación es la misma y el leñador
ha comprobado que el calor hace humo
todo el trabajo de una tarde.
Pero a él no le importa porque su mujer
ha puesto a secar ropa junto al fuego
y ha freído unos bocaditos de manzana.
La dicha y la soledad se comportan de igual manera:
hay que trabajar duro para que la confianza de uno
se quede ahí y no se apague.
El humo siempre terminará por hacer su trabajo:
doblarse para que el viento tenga un gesto de piedad
para los que estamos solos.
Así la dicha se anuncia según el tiempo.
Escapa por los hogares y vuela en pedazos por el aire
hasta dejar en el ambiente una extraña sensación
de frío y un ligero aroma a frituras


Ricardo Miguel Costa (1958, Buenos Aires, Argentina)
De: http://www.ricardocosta.com.ar/index.html

Giorgio Caproni

Calle Pio Foà, I





La luz cada vez más dura,
más impura. La luz que vacía
y ciega, convertida en locura
y aluminio, acá
donde en el opulento barullo
del mercado, la ciudad
escupe al rostro su Orgullo
y su Desmesura.










Claro


Dónde nos extraviamos...
Nos separamos...

No
es una indicación.

No
es una interrogación.

Una exclamación,
acaso.

(O un desfallecimiento.)

Un viento
quebradizo socava la frente
ya desmontada.
¿Es miedo?

El bosque se ha transformado
en un claro espantoso.









Giorgio Caproni: (1912, Livorno / 1990, Roma, Italia)

Imagen: mayora.blogspot.com

Juan Carlos Moisés

Fuente: www.tuertorey.com.ar


Una carta





la carta que está sobre la mesa
fue enviada hace cuatro días desde
Buenos Aires
siempre
pensé en Buenos Aires
de chico soñé con Buenos Aires
todavía pienso y sueño con Buenos Aires

dos mil kilómetros viajó esta carta seductora
para venir a mi encuentro
y transformar a este pequeño pueblo del sur
en un país desconocido





Respuestas





Lejos los perros ladran
sobre el final del invierno
y se contestan
de un extremo a otro
del pueblo dormido
y también hay respuestas calladas
humanas
doloridas
de algunas voces que la noche cierra
como una mano





Juan Carlos Moisés (1954, Sarmiento, Provincia del Chubut, Argentina)
De. "Querido mundo", 1988, Ediciones El Lagrimal Trifurca

Laura García del Castaño


Fuente:boletinliterariobastaya.blogspot.com
Se  habla cada vez con más certezas





Así,
como el color del humo presume la voracidad del
fuego,
o el cauce de un río su arrebato
por cómo naces se adivina el carácter,
por la línea de tu mano los hijos que te esperan,
por la forma de tu cráneo la inteligencia,
por el ancho de tus huesos tu fortaleza,
por tus actos la magnitud de tu entierro
y por tu cadáver
la demora de tu olvido.





La parte más honda 




Olvidar
o dormir
el súbito instante
en cuyo sueño,
se sueña la vida que jamás tendremos.

Aquí arriba
reina la memoria de este día
como un dios
que todo lo ve,
menos a su dios.

Allá abajo
el animal que enterré
se ilumina
tan brillante como un diente de oro.

Lo que escondí en lo más hondo
hoy
abre sus ojos

flota en los mares.




Laura García del Castaño (1979, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina) 
De: “La vida en que sueñas”, Recovecos 2012




Luis Antonio de Villena



Raso en la autopista



L’anima sua bianchissima e leggera
Sergio Corazzini


Brillantes son las avenidas de la noche,
las vacías autopistas que solitario
atraviesas en la cabina de un coche,
como si una soledad acristalada
permitiese la vida de los sueños, de las
niñas que mueren de amor ante los
cines, fuera del mundo, al borde de la noche.
Automóviles solos que en todos los moteles
hablan del saxo azul de los night-clubs,
de un silencio de seda, del fuego que
abrasa las tablas de la ley cuando
el malhechor – raso en la pechera – decide
ahogar su dolor en los cetáceos muertos,
en la pálida estrella que ve brillar
tras el arabesco del balcón en un
motel cualquiera…
Con el alba el claror redibuja un paisaje,
el cascote del día resuena contra el
níquel y hay olor a comienzo de caza
en los bares desiertos, desiertas avenidas…
Las sábanas entonces, al que tarde regresa,
le ofrecen dulzura de hierba cortada,
rocío en las hojas de los tréboles,
trinos de tordos que saludan al alba.
En tanto tú regresas, marchito el clavel
en la tersa solapa, dispuesto al sueño,
al olvido del dolor, al rubio olor del champaña…
Y mientras, las carreteras desenvuelven
las alfombras azules de la madrugada.


De: Sublime Solarium (Editorial Bezoar, Madrid, 1971)




Un arte de vida





Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
tu corbata de tarde, la carta que le escribes
a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
Amar el sol y desear veranos, y el invierno
lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
todo el mundo que cabe en tantas euritmia.
Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
después, un tanto yermas, y esperarás el sueño.
Del día que vendrá no sabes nada. (No consultas
oráculos.) Te quemarán hastíos y emociones,
tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
todo, en el verano, como un aroma intenso.
Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
Y si todo va mal, si al final todo es duro,
como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.




Luis Antonio de Villena (1951, Madrid, España)
De:Hymnica (Ediciones Guadalhorce, Málaga, 1975)



Guillermo Bianchi

Fuente: www.tuertorey.com.ar

El orden de las cosas





los muros los escombros me transmiten recuerdos
obedezco al lenguaje del cristal que trepida
respondo al juramento desleal del relámpago
la simple observación de una canilla
me provoca un intenso sentimiento de ahogo
el fuego vaticina mi futura memoria
los relojes me llevan de modo inevitable
a treparme a la copa de los árboles
para lanzar mi aullido a la intemperie
toda consternación me pertenece
toda felicidad me contradice
el silencio lastima mis oídos
contemplo horrorizado la belleza del día
y persigo a mi sombra para no despistarme
soy el ojo que rige mis bruscas mutaciones
el barco que establece sus propias tempestades
todas las realidades me parecen ficticias
todas las utopías me resultan posibles.





Mar adentro





el mar toda una vida a la intemperie
toda una vida el corazón cerrado
al no ser mar qué breve la mención de tu nombre
yo que nunca lloré bajo una nube
ni recorrí las costas del espanto
te hago cárcel de mí labio a mi copa
en un mundo que goza desenterrando espadas
rodeándome de perros la memoria
el mar respira en vos y es como un rezo
como una crisis que jamás descansa
y no te haré saber qué interminable
qué árido terreno transita el que no duerme
el que profana tumbas buscando su cadáver
el que flota en las aguas del dolor y la culpa
yo soy un rumbo aparte
el mar me condiciona a tu paisaje
y la noche me busca vivo o muerto.


Guillermo Bianchi (1970, Buenos Aires, Argentina)
De: "La luz de los vencidos", Enigma Editores, 2012

Catalina Boccardo, del libro inédito "Bailar"


Fuente: www.unadepoetas.blogspot.com
Los bailarines

                                                       “Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver las cosas  de arriba".                                                       
                                                                                     Alegoría de la Caverna. Platón

                                                       “en aquellas épocas sólo había luz de las antorchas, una luz irregular y  temblorosa...la película intenta mostrar que sí, que las cosas
 se mueven realmente…”                                   
                                                                                W. Herzog sobre La Cueva de los Sueños Olvidados


su amnesia de cuerpo

( la antorcha flamea el inframundo

salen de cavernas
estirándose
hacia la perfección)

el pájaro verdadero sobre el escenario

                    vuela
                            a la medida de las cosas






La aprendiz*





una niña apenas
hace mimo y sigue al maestro
la mirada bailarina
los brazos cisnes

se arrodilla

busca olvidar el cuello

sideral y pequeña
precisa y enorme

paradojas a la que la someten

cierre de capullos
sonrisa extemporánea

la hija invisible copia


*Cynthia, mimo y bailarina, realizó sus ejercicios con una sensibilidad especial que aún recuerdo.


Maya Plisetskaya *





tan trémula maya
irás con la muerte
ensimismada
cortarás los brazos de luz del teatro

nada
la noche no es nada más un momento
escapan cisnes como bailarinas
fuertes y tensas
y arrullan lagrimales de polvo

pero no
no es verdad
nada escapa a este lago de artificio

nos sumergimos
más reales que la propia muerte


*Maya Mijáilovna Plisétskaya, de nacionalidad rusa-española, nacida en 1925, maravillosa bailarina de la que se dice ha realizado una de las mejores interpretaciones en “El lago de los Cisnes” así como de la “Muerte del cisne”, entre tantas otras obras.





Cisne sobre la herida


“D’un pas à ne se mal guider que derrière l’absence, elle est venue, cygne sur la blessure, par cette ligne blanche.”
“Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la herida, vino por esta línea blanca.”
René Char


Cisne




la madre gustaba

punta de pie
enaguas

“si hubiera podido…”
 y dejaba ir
sobrevolar

no sé por dónde ese nureyev*
esa plisétskaya*
encontraba cisnes

y el agua ahora
absorbe mis piernas
me aletea
                      una remota cavidad de plumas



*Rudolf Jamétovich Nuréyev, nacido en la Unión Soviética (1938-1993), talentoso bailarín y coreógrafo de excepcional perfección sobre el escenario, quien realizó nuevas adaptaciones en el rol masculino de la danza clásica, en las que además profundiza aspectos psicológicos de los personajes.
*Ya citada en un poema anterior.





Otro cisne





expuesta al pequeño afecto
del omóplato
su abrazo
la fractura

en ondas expansivas
sin ninguna membrana
salvo ese otro
su millar de millares
tan azaroso
cisne
                         se quiebra






Catalina Boccardo (1961, Buenos Aires, Argentina)
De: "Bailar" (inédito)

Diane Wakoski

Fuente: www.voca.arizona.edu

El mecánico





La mayoría de los hombres usan
los ojos
como metrónomo
para marcar el compás
del caminar de una mujer
cómo sus caderas se ciñen
contra la tela, igual que los higos
en el árbol
justo antes de reventar
sus moradas pieles,
para medir qué tanto
de su andar emplea en la cama
de noche,
la jarra del cielo
llenándose de vía láctea
centellea cada vez
que ella mueve los labios.

pero, claro,
los secretos
no son los golpes obvios
en la canción
que cualquier baterista puede dar

oyendo la velocidad del motor
—hecho también de golpes—
tan rápidos,
sutiles, supongo,
que llegan como un sonido continuo
o el corazón que, por supuesto,
golpea sin ventilador
que lo mantenga
fresco;
es una prueba,
un ritmo,
que no podrían ver
aquellos ojos medidores
aunque tal vez haya algunos
con dedos y oídos
tan cerca de los motores
con aceite limpio circulando por los oídos
que depure la sesera,
quizás algunos...

puedan decir
en qué consiste
el secreto sangrar de una mujer

Como mujer
con estrellas untuosas
en todos los puntos
de mi piel
nunca podría
fiarme de un hombre
que no fuera mecánico;
un hombre que usa sus
ojos,
sus manos,
escucha
al
corazón.


Diane Wakoski (1937, Witthier, California, Estados Unidos de Norteamérica)
De: www.materialdelectura.unam.mx

Silvio Mattoni



Fuente:www.jaibabibliopiratas.blogspot.com


Un conocido mentiroso griego
dijo que el heroísmo nunca era
críar, aseados, a los niños. Pero
teníamos poco más de veinte y Francisca,
un mes, nos observaba. La pusimos
en una bañera de plástico azul
donde su cuerpo movedizo se asombraba
por el líquido tibio. Vos le sostenías
la cabecita rapada, yo pasaba el jabón
casi sin espuma deslizándolo sobre
su ombligo nuevo. Tu alegría surgió
inevitable, te reías, y a todos
les contagiabas valor, como una imagen
pequeña de dioses más inteligentes
que los míos. Dijiste: “Agarrala bien,
así le lavo los pies.” Y quién querría
afrontar la vejez, la declinación
de los sentidos si no tuviera que mirar
cómo crece una heroína junto a otra,
cómo prueban sus armas, sus retóricas,
porque con ellas repetirán el sí
dado al mundo, esa pulcra devoción
que se ejecuta con necesaria crueldad
a veces. Es fácil responder por qué
alguien ama a una mujer más 
que a las mujeres, atraído por el perfume
de lo que hace crecer, mosca estival
como la esperanza de grabar en bronce
versos libres. Con un rodete, ropa suelta
y brazos desnudos, acariciabas a tu hija
y me enseñabas la casa del afecto,
animándome a ser lo que creí
que no podría. Te sigo a todas partes
y mientras tenga fuerzas defenderé tus signos
pensando que nuestros cuerpos, su alegría, 
todavía tienen tiempo y no se rinden.


Silvio Mattoni (1969, Córdoba, Provincia de Córdoba, Argentina)

D.H. Lawrence




Piano





Suavemente, al atardecer, una mujer me canta; 
llevándome a la perspectiva de los años, hasta ver
a un niño sentado bajo un piano, estremeciéndose en la resonancia 
de las cuerdas
y presionando el pequeño y sereno pie de una madre que sonríe mientras 
canta.

A pesar mío, la insidiosa maestría de la canción
me traiciona y lleva hacia atrás, hasta que el corazón mío llora por pertenecer
a las viejas tardes de domingo en casa, el invierno afuera
con himnos en la sala confortable, la resonancia del piano nuestra guía.

Entonces, ahora es en vano que el cantante rompa en clamor
con el appassionato del gran piano negro. El encanto
de los días de la infancia me rodea, mi adultez está anclada
en la marea del recuerdo, lloro por el pasado como un niño.


David Herbert Lawrence (1885, Eastwood, Inglaterra / 1930, Vence, Francia)
Versión: Marina Kohon



Piano


Softly, in the dusk, a woman is singing to me; 
Taking me back down the vista of years, till I see 
A child sitting under the piano, in the boom of the tingling strings 
And pressing the small, poised feet of a mother who smiles as she sings. 

In spite of myself, the insidious mastery of song
Betrays me back, till the heart of me weeps to belong 
To the old Sunday evenings at home, with winter outside 
And hymns in the cosy parlour, the tinkling piano our guide. 

So now it is vain for the singer to burst into clamour 
With the great black piano appassionato. The glamour 
Of childish days is upon me, my manhood is cast 
Down in the flood of remembrance, I weep like a child for the past. 

Raúl Gustavo Aguirre

Fuente: www.clarin.com

El resplandor de los amigos





La carne asada entre las piedras
bajo los alelíes de los cielos
Oh, no hace mucho que somos hombres.

Pero este vino ya tan diferente de la sangre
y este pan compartido
son necesarios al corazón.

Y estar aquí
fuera del miedo y las tinieblas
hermanos
en la noche que une
lo más hermoso con lo más callado.


Enlaces: Raúl Gustavo Aguirre
De: "Antología", Monte Avila Editores, 1978