Salvatore Ritrovato





Sobre una vieja fotografía





¿Quién de vosotros me mira en esta cartolina?
¿Qué murmullo ha desaparecido de la pantalla
muda de esta kodak?
Treinta años y una palabra para tener
aquellas pupilas, filmar el modo
justo que ellas siguieron en una circunstancia
su consentimiento fulminante
el instante de maravilla, no basta.
Iré a vivir un día con vosotros
donde no fluye savia, no rezuma
espíritu de hogar y la piedad se ofusca.
Y todo acabará, en un ostensorio cincelado
esmeradamente o en un cáliz
levantado en el altar; terminaré el vaivén
entre vosotros y yo que me esperáis
allí abajo, en las escaleras, después de una boda.





Salvatore Ritrovato (1967, San Giovanni Rotondo, Italia)
Enlaces:Revista Omnibus

Imagen: Facebook de SR


Su una vecchia fotografia

Chi mi fissa di voi in questa lucida carta?
Che brusio è scomparso dallo schermo
muto di questa kodak?
Trent’anni e una parola per tenere
quelle pupille, filmarne il verso
giusto che esse seguirono in un frangente
il loro consenso fulmineo
l’attimo di meraviglia, non basta.
Verrò ad abitare un giorno con voi
dove non scorre linfa, non trasuda
spirito di focolare e pietà s’appanna.
Pure finirà tutto, in un ostensorio cesellato
accuratamente, o in un calice
sollevato sull’altare; cesserà l’andirivieni
fra me e voi che mi aspettate
laggiù, sulle scale, dopo un matrimonio.


Marcelo Carnero

Fuente: www.123people.es


Una vez tuve una hermana roja.
Una vez bellísima de papel de fuego.
Las almendras de sus ojos eran
desconsoladas frutas para ir.
Frente al espejo, yo peinaba su larga cabellera de murciélago fresco.
Los crespones morados de la seda del vino, no podían otra cosa que alumbrarnos.
Los racimos de plata de los ojos del búho, no podían otra cosa que alumbrarnos.
El miedo no podía.
Cuando se fue,
no te preocupes, dijo,
va a pasar este tiempo y el siguiente.
Una noche, despierto
porque una mano helada te tire de las piernas,
vas a saber mi muerte.
Lo último que hicimos fue no hablar de recuerdos. Tratar de no decir la palabra verano
y dejarnos morar por la tristeza.
Después saber el mundo
y el dolor
como un solo camino para todas las cosas
o la música rota de no poder volver.





// 





Le temo a los ciegos, porque miran las cosas para adentro.
Con una leve magia de los dedos
descubren al instante cómo se llama el mundo.
Una vez
de tanto ver el sol quedamos ciegos 
yo y mi hermana. 
Cada vez que acertábamos el nombre de una cosa
los parpados brillaban como rayos o conejos.
Cómo nos divertimos
escondidos de todo
a plena luz del día.
Duró poco la gracia.
Mi madre nos deshizo la ceguera con una componenda de ajo y huevo.
Extraño esos días, en que los ojos no eran extenuados dadores de belleza
y como en el amor, si no hay forma de dar con la mirada, el mundo es una piedra.
Le temo a los ciegos
porque no pueden saber
que los asusto.
Canto el tiempo de mis aparecidos.
Trepan por los vidrios, caen de los árboles,
son pelusitas,
son panaderos.
Mientras lloramos y nuestras voces se abrazan con el vino,  cantan con nosotros.   
A veces los miramos sin sentido
y la vida es tan triste cuando no sabemos.
Nos quedamos temblando en ese rastro de invierno tras sus pasos.
Y ellos,
pacientes como todo espejo,
se agitan en la sangre de lo que no crece. 
A veces alguien entra a una casa y encuentra uno sentado a la mesa.
Entonces lo lleva hasta la puerta, le besa la frente, le encarga saludos para el viaje y lo sopla
pidiendo tres deseos.
Y ellos, con algún dejo de tristeza,
bajan por el aire de la calle, se pierden para siempre.




//





Canto el tiempo de mis aparecidos.
Trepan por los vidrios, caen de los árboles,
son pelusitas,
son panaderos.
Mientras lloramos y nuestras voces se abrazan con el vino,  cantan con nosotros.   
A veces los miramos sin sentido
y la vida es tan triste cuando no sabemos.
Nos quedamos temblando en ese rastro de invierno tras sus pasos.
Y ellos,
pacientes como todo espejo,
se agitan en la sangre de lo que no crece. 
A veces alguien entra a una casa y encuentra uno sentado a la mesa.
Entonces lo lleva hasta la puerta, le besa la frente, le encarga saludos para el viaje y lo sopla
pidiendo tres deseos.
Y ellos, con algún dejo de tristeza,
bajan por el aire de la calle, se pierden para siempre.


Marcelo Carnero (1978, Buenos Aires, Argentina) 

Zulma Liliana Sosa

Fuente: Facebook (ZLS con Fernández Retamar)



 Cuestión de suelas





si vaticina él / el despojo inminente / y los pasos están
adentro / adentro donde no suenan / si la copa sufre de
vejez prematura / y a la escasa uña / el pie provoca la
visión de la uva /
si en otro sonámbulo rincón de pocos / muchos convocan
la acritud del asilo / no hay tumulto / y cada cual se va
con su desgracia / el celo en el bolsillo /¿el celo erecto
en su derrumbe?/
si la moneda existe y extenuada está la bestia /¿ habrá
olor y víspera ?




II




  
y no habrìa /
sino podrìa /
con la noche / alma /
mi ausencia emana
viendo tu presencia /
subida a la espalda gigante /
de la palabra.
interiores
saliendo seguro /
a esta hora /
y yo tan dèbil /
contrayendo deudas /
para ver màs lejos /
para vos y mi fatiga.

no quiero devolver a nadie /
entraña /
mis muertes inclinadas.

                                                                    A Rodolfo Walsh



Zulma Liliana Sosa (1945 / 2016, Formosa, Provincia de Formosa, Argentina)
De: Escenas de fin de guerra", Ediciones Libros de Alejandría, 1995

Miguel Martínez Naón


Fuente: www.intercuerpos.blogspot.com

Escondidas





Se ocultan
para no ser despedidas del alma.

El barco que las atraviesa se hace polvo.

Se quitan de encima los escombros se sacuden
las enaguas.
Ya pasó lo peor dice una
quitando los diarios que forran los ventanales.

Se propaga la luz.
Expuestas al gentío los ojos como postigos se enlutan.

Dos mujeres en un cuerpo
atravesadas por un barco.

Lo advertí desde la vereda de enfrente
cuando  sus ojos me abandonaron.






Todo
Para G.A con cariño

El rio que yo más quiero,
no se puede detener.
Con el ruido de sus aguas,
no escucha que tengo sed
(Violeta Parra)


Nadie quiere quedar atrapado
como un pez
o llorar.
Hay cielo suficiente
para ver más allá.

Pero mi corazón, recóndita sed,
llora lo hueco y lo desmesurado
en su canasto.

Todo lo que no es río es miedo.
Miedo lo que sobró de la cena,
soldados de cáscara,
claveles a destiempo,
miedo.

Lo que no es alma es carozo,
y al mundo sólo lo conciben los niños.

Lo que no es luz es chatarra,
un rastrojero lanzado al infinito,
óxido en el aire que no da de beber.

Lo que no es inocencia es rencor,
un tango sin autoría,
los alfileres de ginebra,
eso que ya conocemos.

Una sonrisa común,
una sonrisa aquerenciada,
sentí que me pedías
una sonrisa
así
muy de cerca
sentí
que me pedías

y no era
yo
lo suficiente.





Miguel Martínez Naón ( 1976, Buenos Aires, Argentina)
De: "Estación de servicio"

Luciana Mellado

Fuente:www.teladerayon.com



IX





también yo te amaba y masticaba la sombra de tu cuerpo
me acercaba a esa sombra con breve salto
porque también te amaba cuando estabas
y te vaciabas de luz sin preguntar mi nombre
ni por qué te seguía
pero también sabía que aquello era el murmullo
amoroso del que está partiendo
porque te estabas yendo entonces
rodabas
como una máquina infalible que deja en el suelo
unas marquitas como pisadas de perros
diminutos / de loros
como cáscaras de frutas invisibles
que dicen no me olvides
que riega / la niña de la albahaca
y la memoria rodando papelitos en el viento
cuando te ibas por la ruta y te quedabas
pegado a los alambrados / a las matas
no me voy del todo me decías
pero yo veía que la mancha de la luna se achicaba
que la luz era plena en lo oscurito
y me olvidaste nomás entre los ojos
bebiendo la pupila un sueño líquido
de tigre ciego que atrapa el color de la presa
y se le olvida entreabierto el otro ojo
que es árbol del follaje acolchonado
por donde el sol retumba en cada salto
que hacia tu sombra el barranco
me incendiaba.

De: "Aquí no vive nadie", El Suri Porfiado, 2010


Cuerpos de la distancia

I





Las hojas del álamo trinan
como pájaros de piedra
en la costa del río.

El mejor pirata es un ahogado
o un niño desnudo
cubierto de musgos.

¿Besaste a un pirata?

Cuando bajé a la espesura
parecía la muerte
esa quietud
pero era un sueño nomás,
el de la siesta y el calor
que me aplastaba.

El aire es agua que respira
cuando el viento silba
en las cicatrices
de los árboles.

No pienso palabras en la altura
pero un pirata tiene
un nombre bello.

Cecilio, Lauro, Julien.

Un pirata vive extraviado
 hasta que descubre
el milagro de los peces.

¿Viste un pirata de cerca?

¿Sus ojos?

Grandes y oceánicos,
a veces pastosos
por las algas.

¿Y los barcos?

Parecen las alas
de un animal líquido
que se incendia
en el viento.

Tiemblan los verdes
en el aire.




II





Los piratas son niños
que huyen de las sombras
cuando el silencio seca
los resguardos
del agua.

A veces los espanta
un pájaro pequeño,
el aire que le aúlla
a ciertas superficies.

La marea en sus ojos
no se repite nunca
aunque insista en lo oscuro
el humo de la noche.

Brotan de la memoria
del naufragio
como la hierba débil 
que crece
en los incendios.

De: "El agua que tiembla",. Ediciones Del Dock, 2012


Luciana Mellado (1975, Buenos Aires. Reside en Comodoro Rivadavia, Provincia de Chubut, Argentina) 

Escribir de corrido

La ánfora azul-violeta sobre la mesa y a contraluz no me dice nada. Nada me dicen los contornos tangibles de la minúscula galaxia de objetos familiares. Espero ansioso y casi desesperado en el vacio de la noche, algún mensaje. Claudia Masin no recepciona el dictado del mundo: ella transmite los mensajes con las pausas lógicas de la gramática y el continuum deslumbrante de la lengua. La subordinación del discurso indisoluble al pálpito de la emoción. ¡Quién pudiera...! En ocasiones ocupo mi tiempo en operaciones mixtas: enlazar un hilo de frases que finalmente simulen un poema.

Claudia Masin

Fuente: www.eldesaguaderorevista.blogspot.com


El regreso





¿Qué trae el padre de su largo recorrido por los campos
amplios y planos como pasillos de hospitales donde él,
médico viejo y cansado, pasea su mirada pacífica, experta,
sobre todas las cosas del mundo como si fueran suyas,
las hubiera tenido en la mano tanto tiempo
que conociera sus exactas concavidades y accidentes?
No hay nada nuevo para él, ¿pero y nosotros?
¿Preguntándonos el cómo y el porqué, desasidos como estrellas
/ fugaces
de la generosa custodia del cielo, nosotros cómo hacemos
para mirar las cosas sin angustia, sin que nos sobre o nos falte
siempre algo: una medida quizás, cuya ausencia hace imposible
caminar sin tropezarse a cada paso? ¿Qué amor
hizo descender sobre él para después dejarlo ir,
pájaro rapaz que de un momento a otro se volvió compasivo
y desechó los restos que le ofrecían, con la magnanimidad
de quien ya fue llenado, está completo? ¿Pero y nosotros,
a quienes esos restos cubrirían los huesos? No podemos pedir,
ya se ha perdido lo que quedaba, lo que había de más.
Si no hay nada que él traiga en los brazos, ¿por qué
no ir yo misma a buscar, si ese regalo que él esconde
cuidadosamente bajo la cama es una caja vacía?
¿Qué va a ser de nosotros ahora,
si es y siempre fue mentira que de los baúles sacaba
objetos maravillosos, que podía enseñarte a pescar peces
de aletas brillantes como una moneda al sol?
¿Si también es mentira que con sólo
raspar un carboncito contra su pecho creaba el fuego
que iluminaba la superficie curva de la tierra,
la geometría perfecta de la casa,
o que a nuestros cuerpos pequeños, con sólo mirarlos,
los volvía exuberantes como si fueran plantas parásitas colmadas
por la savia de otra planta? Dame la libertad, entonces
para soltarme de esta atadura que no ata a nada,
que yo de todos modos ya lo sé: hay un cielo
como hay una tierra, hay un desorden que, extrañamente,
/ nos cuida,
hay quien desata la peste y a veces hay cura, hay mañanas
donde vamos a ser niños una vez, una vez sola,
para poder ir tomados de la mano de él,
de él que es esa tela secándose al sol los días de buen clima,
ropa dejada por un muerto, no me mientas,
no hubo padre ni habrá.
                                        
(Poema incorporado a la reedición corregida y aumentada de “La vista”, Hilos 2012, libro publicado originalmente por Visor en 2002)




La helada        





Quien fue dañado lleva consigo ese daño,
como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar
sobre aquel que se acerque demasiado. Somos
inocentes ante esto, como es inocente una helada
cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,
su necesidad de caer, había esperado
-formándose lentamente en el cielo,
en el centro de un silencio que no podemos concebir-
su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías
vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,
aunque en ese rapto destroces la tierra,
las casas, las vidas que se sostienen, apacibles,
en el trabajo de mantener el mundo a salvo,
durante largas estaciones en las que el tiempo se divide
entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza
que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces
que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,
porque lo que nos damos los unos a los otros,
aún el terror o la tristeza,
viene del mismo deseo: curar y ser curados.

De: "La plenitud", Hilos, 2010




La lluvia





¿Viste cómo llueve? Llovió así toda la noche
y a cada cierto tiempo yo te hablaba, estuvieras donde estuvieras,
aunque fuera en el extremo más inalcanzable
de la tierra. Cuando llueve así, toda la noche, te decía
pareciera que el mundo fuera a desprenderse de su eje,
pero la sorpresa más inmensa es que el vendaval termina
y todo permanece como estaba, apenas un poco de desorden
que lentamente se transforma en armonía.
Desde niños, vivimos sobreviviendo a catástrofes como ésa,
a los efectos de lo que tendría que haber pasado y no pasó:
que la casa se inunde y nuestras cosas se pierdan
arrastradas por la marea sucia, entre piedras y palos
y restos de animales, un desperdicio más lo que hasta entonces
ha sido nuestra historia, los objetos
que confirman que somos seres físicos y no un soplo
filtrándose desde afuera de esa vida brutal de la materia
que no se detiene jamás para incluirnos. ¿Soñaste alguna vez,
cuando llega la violencia del aguacero,
con que el río se salga de su cauce para siempre y nos empuje,
soñaste con la noche en que el rayo finalmente nos alcance,
descalzos bajo la luz, como esperando saber algo
que sólo el impacto de una fuerza sobre el cuerpo
podría revelarnos? Pero el rayo no cae, no cayó
y al día siguiente todo sigue a salvo en el mismo lugar.
Ese es el mayor desastre que conozco: haber estado al borde,
una noche, de que nos fuera concedida una verdad
extraordinaria, y al amanecer darnos cuenta
de que somos los mismos y no sabemos nada
que no supiéramos ya.




De: "La plenitud", Hilos, 2010

Claudia Masin (1972, Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina)
Enlaces: 1 Poeta 10 preguntas

María del Carmen Kril

Fuente: Facebook
Ciertos anuncios





No me dejés mirando la tarde
como una escena de televisión
donde los anuncios me condenan
y no convencen,
su calidad de imágenes superpuestas
son como las capas de ozono
que vos me dilatás
para que crea
que ese recuadro triste
y tu ofrenda desinteresada
no tienen cuotas ni final feliz,

pero yo pienso
que si en la tarde te acurrucaras
como el caracol enigmático
en las pantallas frías
no sabrías volver a desenredarte,

la vorágine
la frivolidad publicitarían
tu caparazón, tu frágil contenido.


María del Carmen Kril (1952, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Liliana Díaz Mindurry





Un mundo de cristales de hielo masticados con furia entre sorbos de whisky,
un cigarrillo y un narcótico,
mientras el rectángulo de la pared se traga las últimas estrellas, y las últimas bestias corren entre luces encendidas,
mientras hay olor a despedida, a cocheras con automóviles dormidos y sin dueño,
olor a ciempiés rubio, a soledad de una pastilla,
para suprimir el universo.

Mientras lo que tiene que pasar, pasa, en el claro del pueblo, en el claro de la ciudad, en el claro del mundo,
mientras el mundo se separa del ojo.

Mientras el pensamiento es un orden que jamás ocurre.
y las playas ladran cada noche,
apenas.

Mientras en los zaguanes los insectos corren veloces debajo de puertas y ventanas.

Mientras alguien pregunta la hora como si fuera posible saber algo.

Mentira.
no es un mundo.

Y aunque parezca suceder
nada sucede.

Las tijeras se comen cada lugar secreto,
cada nombre.





Noche sin nada




  
Nada para esta noche, dije,
En esta irrealidad.
Nada para esta noche,
el silencio será poblado por abismos que empezarán a resplandecer,
 alguno tendrá el universo herido en su costado, un gato sin forma cruzará una terraza fantasma,
habrá olor a plantas mojadas, desaparecerá el dolor como titular de un diario,
Nada para esta noche: se abrirán las puertas de cada ojo y ya no habrá la carcajada breve y seca del poder.

Nada para esta noche:
la caricia no será forma de la impiedad,
cerrarán las puertas de la iglesia y los curas irán a dormir sobre las ramas de los árboles.

Nada para esta noche
el cuarto
vacío.

Mientras todo se vuelve
inexistente.





Liliana Díaz Mindurry (1953, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Entrevista

Imagen: actaliteraria

Catalina Boccardo






no volveré a verlas
han envejecido y han muerto

mi madre decidió descolgar sus rostros
guardar las argollas 

busco los extremos de la vida
ángulos lejanos del cajón

algo les sucede a las mujeres grandes
me digo
pierden la memoria

mi corazón en compás de espera

pero soy la extraviada





De: "laguna naineck" (inédito)

Imagen: www.buhardilleros.blogspot.com