Roberto Appratto





Levemente ondulado




Esos momentos en los cuales no vacilo,
cuando la noche, en pleno descenso,
abre un espacio en el aire
delante de mí. Los sonidos
en presente puro,
disponibles.
Llego y me instalo para pedir un café:
no vacilo. Este es el arte
de mantenerse solo,
como sobre una cuerda en su máximo
estado de tensión. Mientras tanto
miro al vacío y silbo: la melodía, breve,
intempestiva,
proyecta el cuerpo hacia fuera;
el sentimiento canta para mí,
estoy bien. El dominio sobre el lugar
es el dominio sobre el tiempo,
de un modo que el mozo parece comprender
sin esfuerzo. Si un aire de legítima tristeza
corta mi respiración un instante,
no es nada: la presión que la realidad ejerce sobre nosotros
es siempre variable, y es esto
lo que tengo para dar esta noche; ese
es el presente que un segundo café
retiene junto a mí,
más denso y más
iluminado.





Roberto Appratto (1950, Montevideo, República Oriental del Uruguay)

Imagen: ucu.edu.uy

Mario Montalbetti

Objeto y fin del poema






Es de noche y tiene que aterrizar
antes de que se acabe el combustible,
Así terminan todos sus poemas,
tratando de expresar con un lenguaje
público un sentimiento privado.

Su ambición es el lenguaje del piloto
hablándole a los pasajeros
en medio de una situación desesperada:
parte engaño, parte esperanza, parte verdad.

Todos los poemas terminan igual.
Hechos pedazos contra un cerro oscuro
que no estaba en las cartas.

Luego hallan los restos: el fuselaje,
la cola como siempre, intacta,
el olor a cosa quemada consumida por el fuego.

Pero ninguna palabra sobrevive.




Mario Montalbetti (1953, Lima, Perú)

Imagen: buensalvaje.com


Diego Colomba



La ocasión





En la penumbra
azul verdosa
de los eucaliptos
me preguntás
como si fuese
la cosa
más natural
del mundo
si creo
en Dios.

Pero no esperás
que te responda
y tus pies de barro
ahuyentan
las gallinas
que hurgan
la hojarasca
viva
del bosque
se pierden
en el espejo
de agua estanca
que pudre
lentamente
algunos árboles.

Estamos en la zona
de los deseos
cumplidos.

Y no lo sabemos:

ni vos
que acariciás
de espaldas
los racimos
rosados
del pantano

ni yo
que titubeo
descalzo
en la otra
orilla.





Diego Colomba (1972, San Nicolás, Provincia de Buenos Aires. Reside en Rosario, Santa Fe, Argentina)

Fuente: http://www.diegocolomba.com/
Imagen: lacanciondelpais.com.ar

Los poetas y el trabajo: Ezra Pound


La isla en el lago





Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrono de los ladrones,
dadme a su tiempo -os ruego- una pequeña tabaquería
con las cajitas relucientes
                      apiladas con esmero en los estantes
y el cavendish suelto y aromático
                      y el fuerte shag,
y el rubio Virginia
                       en hebras bajo el vidrio reluciente
                       de los mostradores,
y una balanza no muy engrasada,
y las putas que entran a cambiar una o dos palabras al pasar,
a soltar un insulto, y arreglarse un poco el pelo.

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrono de los ladrones,
prestadme una tabaquería
                       o instaladme en cualquier profesión
excepto esta maldita profesión de escritor,
                       en que uno necesita su cerebro todo el tiempo.





Otros poemas de Ezra Pound, aquí
Enlaces: Antología poéticaClásica y moderna: un acercamiento a la poética de Ezra Pound

Imagen: poesiaparalaresistencia.wordpress.com

Fabián Casas




Sin llaves y a oscuras





Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás mío, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.





Otros poemas de Fabián Casas, aquí.

Imagen: clarin.com

Nilton Santiago



Las cenizas de Ulises





Ahora lo sabemos, tu país era la sonrisa de Ulises,
la frontera más allá de la frontera,
donde las vacas y los cangrejos escapan de algún Chagall
y donde los autobuses, como hospicios para dramaturgos,
son misteriosos escarabajos atrapados en las autovías.
Sí, nuestro país es una nena de veintipocos que aún piensa que los chicos
creen en el matrimonio,
en esa luz que se parece demasiado al sexo de los ángeles.
Deberíamos dejar de hablar de nosotros,
del New York Times envolviendo los anónimos recuerdos de los campos de guerra,
como si fuesen pescado fresco,
allí donde los cascos azules caen como moscas
(total, por la cuenta que les trae a los banqueros y a los gorriones)
Por esos lares, los honorarios de las estrellas
son los mismos que el de los pájaros que brotaban de tu sonrisa

Leopoldo María Panero


Canción para una discoteca





No tenemos fe
al otro lado de esta vida
sólo espera el rock and roll
lo dice la calavera que hay entre mis manos
baila, baila el rock and roll
para el rock el tiempo y la vida son una miseria
el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida
sexo, drogas y rock and roll
el sol no brilla por el hombre,
lo mismo que el sexo y las drogas;
la muerte es la cuna del rock and roll.
Baila hasta que la muerte te llame
y diga suavemente entra
entra en el reino del rock and roll.






Leopoldo María Panero (1948, Madrid / 2014, Las Palmas, Gran Canaria)
Fuente: http://antologia-de-poesia.blogspot.com.ar/2013/12/leopoldo-maria-panero.html

Imagen: www.editorialhijosdemuleyrubio.com


Elena Medel


Aquello en lo que te fijas cuando salimos por las noches





Mi madre me enseñó que la mejor forma de pasar por la
  vida era renunciando a la propiedad particular.
Ella me convenció de que podría transformar los balbuceos
          en música de cámara, con mis zapatos.
Tus zapatos son mágicos, me dijo. Pierde uno y ganarás un marido.
          Vende dos y ante ti se revolverán las semillas de tu reino.
Y yo susurraba: mi reino eterno. Junto a él.
Decidí que los compraría de colores para camuflar mi identidad,
          sobrios si aspiro a desvelar mis secretos.
No tacones ni zapatos planos ni aerodinamismo; le quiero
          suciamente. He descubierto que pasos-pequeños
conducen a una-mujer-seria-con-dos-rayas-absortas. 

Descalza, de puntillas, vuelvo a tener diez años y a morirme
          por dentro de tanta soledad.





Elena Medel (1985, Còrdoba, España)

Imagen: Foto de Daniel Mordzinski.








Mauro Lo Coco



el ruido de la heladera, ese verano





se paraba todas las noches a las tres
y a las tres y diez empezaba de nuevo
nos tenía a todos tarados, Alberto
decía que Roxana se levantaba dormida y la apagaba
y cuando volvía a la cama se despertaba de verdad
y volvía a la cocina y la prendía de nuevo; 

a mí nunca me pareció lo mismo
estaba seguro que era parte de algún mecanismo
interno que descansaba para funcionar
diez minutos por ahí, algo así
que necesitaba girar y cuando llegaba a la pata
que faltaba
giraba en falso, o más lento, no sé 

yo nunca entendí de máquinas 

y te digo que así estuvimos varios días los cuatro
que al desayuno otra cosa no comentábamos
y siempre todos menos Roxana
la habíamos oído sonar y dejar de sonar
hasta que vino ese muchacho
un pibe joven que era amigo del novio de María
la amiga de Roxana, Rodrigo
creo que se llamaba
o Ramiro 

Ramiro;
venían los tres de la playa a tomar mate
era técnico de algo no sé, compac disc, dvd
y nos dice que es normal
que todas las heladeras lo hacen
el ruido a la noche y parar,
y que tal vez sea la costumbre de dormir o de oír
y que también se paran de día pero
que uno no está ahí para escuchar 

se entiende
si te lo explica alguien que sabe




Mauro Lo Coco (1973, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://circulodepoesia.com/2011/08/poesia-argentina-actual-no-5-mauro-lo-coco/
Imagen: www.laprimerapiedra.com.ar

Angel Faretta: Tapados, raros, fallidos y olvidados


“Tapado” es un término turfístico porteño referido a un caballo ignoto que da lo que se llama un “batacazo”, porque nadie, o muy pocos avisados, apostaban nada por el mismo y termina siendo un ganador. En slang suele decirse “sleeper”.
 “Raro” es todavía lo más preferible en nuestro idioma, al “bizzarro” italiano, vuelto luego “bizarre” francés. Puesto que “bizarro” en castellano es lo opuesto a sus significados anteriores. Parte de la caída babélica de la lengua común.

Juan Carlos Galeano

Todo el mundo necesita una caja






Una caja vestida con su corbatín llega a un pueblo a decir: Todas las cosas del mundo necesitan una caja.

Y uno sabe lo que hay en una caja, les dice la caja a los hombres, mujeres y niños parados a campo abierto, junto a unas cajas que sonríen.

El universo es una caja con rincones que brillan por aquí y por allá, dice la caja sacando unos pollitos, unos cortauñas y otras sorpresas.

El universo es una caja, la tierra es una caja. Razones suficientes para que las gentes quieran viajar por el universo. Motivos para buscar en las profundidades de la tierra.

Las partidas de bautismo, títulos de propiedad y las cartas más preciadas de la gente necesitan vivir en una caja. Muchos secretos de las parejas se guardan en una caja.

El cuerpo es una caja preciosa. Cuando el alma se aleja, sus secretos permanecen en la carne, depositados cuidadosamente en una caja. Solo la caja sabe lo que hay adentro.

“Incluso los árboles, el río y las nubes necesitan de la caja transparente del aire” ¿no se dan cuenta ustedes? les grita la caja.






Juan Carlos Galeano (1958, Caquetá, Colombia)

Imagen: www.jornaldepoesia.jor.br

Hernán Lavín Cerda



Sobre una cama ortopédica





Algunos dicen que Nonata Pedroso nació en Pernambuco, 
y ella jura que tuvo relaciones
con el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo
sobre el abismo de luz de una cama ortopédica.

-Eres la puritana mística- me dijo Él
con una voz tan suave 
como el roce de las alas de un colibrí
por encima de mi pecho tan joven y lleno de leche.
Eres la puritana más láctea de todo el Universo, 
me dijo después de sonreír como una criatura de luz,
aquella criatura de mirada perdida
a la que acaban de rozar, más allá del crepúsculo,
con alas de colibrí que tiemblan como la cama ortopédica.

-¿Yo la puritana mística?- dijo Nonata entre sollozos.
¿Yo la ortopedia del puritanismo, la puritana más láctea?
Aunque ustedes no lo crean, juro que tuve relaciones 
con el espíritu de Nuestro Señor Jesucristo
sobre el bramadero de luz de una cama ortopédica.

Él me decía no puedo más, éste es el fin.
Yo le dije no te arrepientas, casi todo perdura.
Él me decía no puedes más, ¿por qué te has vuelto heroica?
Yo le dije lo que tú digas, pero no te arrepientas.

Él me besó tres veces, dijo no te apresures, éste es el fin.
Yo le mordí sus labios, tres veces, toda la luz del mundo 
en la trinidad de sus labios, pero no tuve el valor 
para decirle tu boca es mía, sólo mía.





El fantasma





Cuando murió Marcello Mastroianni, mi mujer se puso a llorar con un entusiasmo envidiable, como si nuestra galaxia, que nunca ha sido nuestra, se hubiese desprendido apocalípticamente de sí misma, evaporándose entre las nebulosas de otra galaxia.
–No te preocupes –le dije con una sonrisa de monje medieval–. Aquí estoy yo, no sufras tanto, no me atormentes y ya no llores así, a lo bestia. Ven y abrázame, amor mío, micifuz, Muñeca de los Espíritus, fucsia mía, ragazza, Minina del Perpetuo Socorro. Ven semidesnuda y tócame una vez más: recuerda que aún soy tu fantasma de carne y hueso. ¿Por qué no me abrazas y me besas con absoluta devoción, como en la primera noche del primer día? Tratándose de fantasmas, todos somos iguales. ¿Qué virtudes tiene aquel Mastroianni que no tenga yo?




Hernán Lavín Cerda (1939, Santiago de Chile, Chile)

Imagen: www.humbral.blogspot.com

Yusef Komunyakaa



Nunca sabemos





Se tambaleó por un momento
entre la hierba alta, como si estuviese bailando
con una mujer. Nuestros cañones
se pusieron al rojo vivo.
Cuando me acerqué, 
un halo azul de moscas volaba sobre él. 
Cogí de sus dedos
la foto deteriorada.
No hay otra manera 
de decirlo: Me enamoré. 
La mañana empezaba a clarear,
menos para un mortero lejano
y para algunos helicópteros que despegaban
                    en alguna parte.
Le metí la cartera en el bolsillo
y le di la vuelta para que no siguiera 
besando el suelo.






Otros poemas de Yusef Komunyakaa, aquí
De: "Dien Cai Dau", Valparaíso Ediciones

Imagen: thedocumentarygroup.com