Claudio Rojo Cesca, poemas inéditos


El zumbido de la mujer mosquito





Vuela en dirección al rostro
y pica el párpado cerrado,

zumba, mientras chupa,
el gel blanco que escurre
desde el fondo. 

La mujer mosquito sobrevuela 
mi pecho
burlándose de la ciencia 
de la espiral y su brasa,

eso que sirve para embrutecer 
y alejar
a hordas de picadores
se vuelve inútil en ella
mientras se recrea
en el humo venenoso
como una atleta.

Intuyo, como cada noche, que estaremos 
juntos hasta que aparezca el sol
y fulmine su encatamiento 
de sorber a oscuras
la viscosa memoria de los ojos. 

Me vuelve a zumbar, gigante y perfecta,
en su disfraz humano.
Ningún mosquito imita mejor
un par de piernas de mujer,
los pechos ínfimos y blancos
que se deslizan hacia la mordida,

el murmullo empalagoso
en la hora veloz del sudario.

Sólamente la delatan
unas alas de celofán alambrado
y la sangre reseca alrededor
de los labios.

Mujer mosquito
zumba y duerme y agosta
su cuerpo amedrentado
por el rayo de sol. 
Me vacía y se quema
y nada conserva en su retorno
a la forma original.
Nada mío,
nada de ella,
nada en mis cuencas abiertas
donde reverbera
el dolor del último beso.  


(inédito)


Elegante flameo de banderas blancas





Mi palabra contra
la tuya.
Leche contra leche, dada en el beso,
en el celaje que precede
al refusilo nocturno. 
Cama: la fiesta de los rivales.
Por este reposo de nubes, un cansancio
de la existencia de mi nombre
y todo lo que mi nombre lleva 
con él. No te conozco 
tanto, pero te combato,
pérfido enemigo, y lo haré
hasta que por fin te conquiste
con mi amor de pieles suaves, 
de apretarme con vos en la silla 
y despertar a los vecinos.
Mi palabra candombe en tu baile
de caretas, rival abierto y desnudo
con el pecho donado al forraje 
de la luna. 
Habitante fugaz, mate en mano, bombilla
entre labiecitos rojos, mordidos,
puestos a secar
luego de desabrigarlos para 
la nieve. 
Todo se volverá humo, adversario bello, incluso
la tormenta de tu orgasmo.
Y no habrá recuerdo de la tregua
excepto, quizás, en la memoria
de mis cortinas. 


(inédito)


Suficiente hidrógeno para matar una ciudad





Creo que he sido bueno todos los días
excepto los martes.

Los martes me gana
la sensación de venir de otro nido. 

Una nube con forma de pájaro 
me caza de las muñecas
y me alza por el aire
más allá del espanto 
de volverme líquido.

Recuerdo, mientras vuelo,
haber tenido huesos,
y haber sufrido
ataques de pánico cuando veía pasar a esa piba
por la peatonal Tucumán, 
con una mochila cargada de libros. 
Y entonces, convertido en piedra sudorosa,
me reía del amor que la piba tiene por los animales.
Un amor inútil, incapaz
de rozarse con lo humano. 


Yo deseaba, en esos momentos, 
que fuera martes
para soltarme de la nube
y caer
al ruido
y al asfalto
como una bomba 
de hidrógeno. 


(de la plaqueta de poesía: “Fotos de mi chonga desnuda dentro de una nave espacial”, Editorial Larvas Marcianas, 2015)



Claudio Rojo Cesca (1984, Ciudad de Santiago de Estero, Provincia de Santiago del Estero, Argentina.) Es psicoanalista y escritor. Publicó la plaqueta de poesía, Fotos de mi chonga desnuda dentro de una nave espacial (Larvas Marcianas, 2015). Su libro de cuentos, Viñetas del insomnio no resuelto (Ministerio de Cultura de la Nación, 2015), fue editado para la colección Leer es Futuro. Además, escribió artículos para Nuevo Diario y La Gaceta (Tucumán). Sus cuentos y poemas fueron publicados en las revistas literarias Los Inquilinos, Maten al Mensajero y Tardes Amarillas;  en los fanzines Larvas Marcianas, El Megáfono y Quince minutos con vos (Almadegoma Ediciones)  y en el blog Toukouman Literatura. Dos de sus cuentos integran el Picados-Antología Lata Peinada (Editorial Bellas Alas, 2015). Actualmente forma parte del espacio Editorial Larvas Marcianas.


0 comentarios

Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.