Eamon Grennan



Visión en la cocina




Aquí en la cocina
donde preparamos el desayuno
hallo que mi propia visión de las cosas
sale finalmente a luz: Vislumbro, enormes
manos pecosas, en la panza
de la pava de aluminio. Ahí dentro


la heladera verde-lima, la formación militar
de los tarros de especias y la ventana transfigurada
donde el sol irrumpe flagrante,
todos deben retroceder, retirarse y añadir
el pequeño rostro doliente
de la Venus de Botticelli
colgado encima de una puerta liliputiense. Allí dentro

todos nuestros utensilios de cocina
se achican rigurosamente, se reducen
a brillantes miniaturas
de sí mismos – el diario
e ineluctable desorden de nuestras vidas
está contenido, clarificado, fijado en su lugar
y luminoso bajo una luz normal
como si visto de una vez para siempre
por Jan Steen o Vermeer. Y fuera de allí

en la distancia gris la bebita
me mira fijo desde su silla alta
durante un minuto de silencio
y tú – a una milla
revolviendo los huevos – te das vuelta
para verme
contemplando mi propia
persona deformada
en la pava
que está justo empezando a cantar,
su respiración caliente echando humo.




Otros poemas de Eamon Grennan, aquí
Traducción: Adam Gai







Kitchen Visión


Here in the kitchen
where we´re making breakfast
I find my own view of things
come to light at last: I loom, huge
freckled hands, in the electric kettle´s
aluminium belly. In there
the lime-green fridge, military files
of spice jars, and that transfigured window
where the sun breaks flagrant in,
must all recede, draw off, and join
the tiny mourning face
of Botticelli´s Venus
hung above a Liliputian door. In there
all our household effects
are strictly diminished, pared down
to brilliant miniatures
of themselves – the daily
ineluctable clutter of our lives
contained, clarified, fixed in place
and luminous in ordinary light
as if seen once and for all
by Jan Steen or Vermeer. And off
In the silver distance the baby
stares me from her high chair
of a minute ´s silence,
and you – a mile way at the stove
turning the eggs – turn round
to see me
gazing at my own
sharply seen misshapen self
in the kettle
that´s just starting to sing,
its hot breath steaming.




Imagen: Hammer Museum

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Notas

//Un poco de narrativa a los poemas. Nilton Santiago me desintoxica.

//Los hijos de Bob Dylan, de Gordon McNeer, Valparaíso Ediciones
EASY RIDER

(fragmento)
Nadie sabe quién te hizo la foto
en la Paynes Prairie aquel día.
Podría haber sido Janabanana, Susan o Ron.
Desde este recóndito lugar pareces seguro,
como si tuvieras el control, y algo nostálgico.

La película salió en el 69, junto con todo lo demás.
Por aquel entonces, todos los políticos habían muerto.
JFK, Bobby y Martin ya no estaban,
víctimas los tres de un pistolero solitario.
La ofensiva del Tet seguía con nosotros,
como un mal viaje de ácido.
Nuestro gobierno asesinaba a sus niños: sé el primero
del barrio en tener a tu hijo de vuelta a casa en una caja.

Jime, Janice y Jimi aún estaban vivos.
A John le quedaban once años de vida.
Las palabras de Dylan, ¿qué se siente, ahhh,
qué se siente al estar solo,
sin camino a casa alguno, como un total desconocido,
como una bala perdida?,
prendían nuestros corazones. Estábamos listos
para cualquier cosa, excepto
para lo que nos esperaba.




ALICIA SILVA REY/ Una presentación solemne: Estábamos, unos 6 años atrás, en la Biblioteca Nacional de Argentina, un poeta notable, un sociólogo refinado y yo, presentando un libro de poemas de grande y querida poeta argentina. Comienza a leer su ponencia el poeta y mi celular, en el silencio de la sala, suena. El poeta hace gesto de repugnancia ante la interrupción inconcebible. Me río, pido "disculpas, disculpas" en tanto manoteo el celular en mi cartera y logro apagarlo. El poeta de marras recomienza su extraordinariamente bien modulada lectura. Yo no advertí la repudiable magnitud de lo "hecho" por mí en el marco de tal presentación. La distracción es mi casa y ahí soy y supervivo. Luego, notabilísimo narrador presente entre el público dictaminó que fue una presentación "solemne". Entonces me lo creí. Hoy, cuando la poeta amiga me llama para decirme que acaba de reencontrar mi lectura de ese libro y que le gusta más que entonces porque "está tan bien escrita", comprendo que la inteligencia sumada a la gracia sí pueden resultar divertidas. Y la distracción, bueno, es la sal de la vida.